20 de septiembre de 2006

El tentáculo difícil del deseo

Sonnet CXXXVI

I
F
thy soul check thee that I come so near,
Swear to thy blind soul that I was thy ‘Will’,
And will, thy soul knows, is admitted there;
Thus far for love, my love-suit, sweet, fulfil.
‘Will’, will fulfil the treasure of thy love,
Ay, fill it full with wills, and my will one.
In things of great receipt with ease we prove
Among a number one is reckon’d none:
Then in the number let me pass untold,
Though in thy store’s account I one must be;
For nothing hold me, so it please thee hold
That nothing me, a something sweet to thee:
Make but my name thy love, and love that still,
And then thou lov’st me for my name is ‘Will.’

William Shakespeare






Soneto CXXXVI

Si tu alma te reprocha, este continuo asedio;
jura a tu ciega alma, que yo soy tu «deseo»
que el deseo, tu alma, sabe que allí se admite,
y al llegar a este punto, atiende mi requiebro.

«Deseo» saciará tu tesoro de amor.
¡Cólmalo de deseos y entre ellos el mío!
Dudo que a más espacio hay mejor movimiento,
entre los muchos números, uno, apenas es nada.

Deja pues que entre sumas, yo, desapercibido,
sea entre todos, uno, en tu suma de méritos.
Considérame nada, siempre que consideres,
que esa nada que soy es dulce para ti.

Haz tu amor, de mi nombre y ámalo para siempre,
y así, tú me amarás, que «deseo» es mi nombre.

19 de septiembre de 2006

Italian way of Jazz

Tras el regreso de Mart-ini a estos lugares, quería hacer un pequeño homenaje a toda esa estética del gran aperitivo italiano, icono indiscutible de elegancia y glamour, de lujo y sofisticación, de sensualidad estética. Esos anuncios están grabados en la mente de muchos, y representan una Italia un poco difícil de encontrar hoy en día. Así que cerremos los ojos, y sumerjámonos en la Itlalia de los años 50. Una Italia que comienza a dejar atrás la guerra, y que gracias a las inversiones americanas (el famoso Plan Marshall que aquí no llegó) comienza a vivir en el desahogo económico. Una Italia que redescubre sus genes especialmente dotados para el “dolce farniente” y que comienza a vivir en la vida cómoda, esa que bien relata Fellini en su “dolce vita”. Una Italia mítica pues, previa al desarrollo atropellado posterior, donde aún brillaban muchas cosas con exclusividad, donde parecía que casi todo era posible.
Si nos acercamos hasta la costa Ligur, podemos imaginar un Portofino rutilante donde recrear ese glamour de ricos, nuevos ricos, gente guapa y muchos americanos que acuden a la llamada del Italian fashionable way of life. Un alter ego de la vecina Côte d’Azur, que bien recreaba Hitchcok en su también glamourosa “to catch a thieve”.

Tras este recorrido un poco cinematográfico, y quedándonos en Portofino, la película a la que quería llegar es la más modesta “The talented Mr Ripley”, remake de la francesa “Plein Soleil”, en las que se recrea esa época que comentaba al inicio: mucho dinero americano, y mucho italiano deseando seducir y ganar...
La adaptación de la tremenda novela de Patricia Highsmith no llega a redondearse en ninguna de las dos versiones, si bien la francesa nos transmite con mayor acierto ese inquietante lado oscuro de Ripley, esa perversidad malsana disfrazada de fascinación que domina la historia entre sombras y deseos. La moderna americana, sin embargo, y supongo que debido a la época en la que fue realizada, se permitió hablar con más claridad de esa ambigüedad sexual del protagonista, aunque para mi gusto quedaba más intensa en su deliciosa no definición del original escrito, que tantos momentos de lectura ansiosa e imaginación tórrida me hicieron padecer el verano de mi adolescencia en el que lo leí.
La seducción italiana por lo americano, aún presente hoy en día en muchas cosas, se dejaba sentir entonces de manera poderosa en aspectos como la música. El Jazz invadía el gusto musical de salas nocturnas y estaciones de radio. Con esa inspiración, el gran Adriano Celentano hizo esta irónica canción que en la moderna versión del talento de Mr Ripley es reinterpretada en una memorable escena llena de "follia americana" y glamour.

Con un vaso de martini en la mano, y por supuesto, dedicado a él.

Disfruten, de la delicia del ritmo, de dejarse llevar por el Jazz, del placer de la seducción, y de ese beso de Jude Law, que más de uno y de una desearía recibir...


18 de septiembre de 2006

Esa otra realidad...

Invitada: Gioconda Belli


"Siento que me voy alejando, que voy saliéndome poco a poco de esta realidad de las mañanas y las tardes y voy entrando a un mundo que estoy construyéndome con mis deseos y mis ansiedades y todas las cosas reprimidas que empiezan a querer salírseme y que me empujan, casi sin darme cuenta, en la incertidumbre, allí donde deberé quedarme sola, donde me da miedo ir porque sé que tendré que asumir toda la responsabilidad del haberme dado cuenta, del saber que no todo es aire y agua y pan y leche y que hay algo mas que nos rodea, que esta en la atmósfera, que nos persigue y espera para envolvernos en esa belleza dolorosa que quisiéramos compartir y acercarla a los demás pero, al contrario, nos aleja, nos hace sentirnos irreales, diferentes, como que acabáramos de nacer a un mundo que no conocimos hasta entonces o como que hubiésemos llegado de la estrella más cercana o de la más lejana y estamos abiertos totalmente a las hojas, al ruido, sintiendo derramarse la vida, sintiendo que nos acercamos a esa, la verdadera realidad, aunque todos crean lo contrario y nosotros no podamos explicárselo."

De: Sobre la grama.

15 de septiembre de 2006

Turismo de Barrio



Hace unos meses que mi prima me señaló esta curiosa tienda, cerca de casa, mientras paseábamos... El título lo dice todo. Sin embargo, yo me pregunto: ¿qué es un artesano del metacrilato? En fin, no he hecho fotos del escaparate por pudor, pero les comento que podrían confirmar las peores sospechas acerca del asunto. Sí, amigos, al lado de mi casa vive el Lladró del futuro: el del metacrilato. A veces uno descubre que donde no había imaginado, existe todo un universo que ya alguien se ha encargado de explorar. A saber si este hombre cruzará algún día la frontera entre artesano y astista, por otra parte cada vez más y más confusa. Pero bueno, también eran considerados artesanos en el Renacimiento los escultores que hacían estatuas (por ejemplo todas esas que maravillosamente pueblan Italia), como nos recordaba inquilino recientemente en uno de sus interesantes posts . Y sinceramente ¿quién sería hoy en día capaz de denominarlos así?
Supongo que si este hombre se dedica a ello es porque hay un mercado más o menos potencial que atender. De todas formas, debo confesarles que a mi prima y a mí lo primero que nos vino a la mente al ver el rótulo de la tienda, fue aquella onírica escena de la película "Desmontando a Harry" en la que Woody Allen, en un paseo por el infierno contemplando los tipos que por allí deambulaban, a cada cual con más aspecto de pecador, se encontraba con uno bastante corriente al que varios demonios llevaban a una (supongo) caldera... A la pregunta "y usted, ¿por qué está aquí?" la respuesta era "yo inventé el metacrilato", frase que (reconozcámoslo) es de lo más caustico. Pero es que esta película está plagada de frases para la posteridad, y no podemos dejar de lado perlas como "Las palabras más hermosas de nuestro idioma no son "te quiero"; son "es benigno" o "¿Qué tiene de malo la ciencia? Si me dan a elegir entre el aire acondicionado y el Papa, me quedo con el aire acondicionado". Y es que debo reconocer que para mí, éste es uno de los guiones más brillantes que ha gestado Allen en los últimos años.
Nada, nada, disfruten del metacrilato y, si quieren, dejen sus experiencias como comentario. Buen fin de semana.

14 de septiembre de 2006

INFINITO PARTiCULAR

Marisa Monte


Ya nos lo advertía ella al inicio, en un insólito despertar de concierto a luces apagadas completamente en escenario y platea... "Só não se perca ao entrar, no meu infinito particular" (sólo no te pierdas al entrar, en mi infinito particular). Ciertamente infinito fue el mundo que nos atisbó anoche, intensamente personal, provocadoramente bello, conscientemente delicado.
Desde que la conozco, hace unos años ya, he visto cómo su música se estilizaba, se hacía cada vez más y más envolvente, pero sin duda no a través de hacerse más compleja, sino a través de llegar a la raíz misma del acto musical como esencia de vida (ya sea pop que samba, bossa nova que balada). Esencias de melodías y esencias de ritmo desveladas con gravedad e ingravidez. Desde un inicio quizá un poco frío, desde su elevada silla, la música comienza a sonar, un poco envuelta en perfecta imitación de la factura de sus dos recientes discos. Luego, vamos asistiendo al desplegarse de la música, que esos maravillosos y absolutamente talentosos músicos que lleva con ella modulan en contínuas recreaciones que sorprenden por su inspiración y calidad. Ella también se despliega, se levanta, baja a la parte más cercana al público del escenario y baila, se mueve, se entrega con esa sensualidad que la caracteríza, en una puesta en escena cuidada a la perfección, envuelta en un aparato escénico minimalista y poético que más parece creado por la mano de un escenógrafo teatral que por uno de conciertos de pop como en el fondo lo es éste. Elementos sencillos y llenos de poesía y simbolismo (sublime esa luna) que, sin asfixiar, se combinaban con iluminaciones insólitas y escenarios que transformaban atmósferas y espacios de manera bellísima.
Siempre pensé que lo que más caracterizaba la voz de esta brasileira, como digo, es su profunda sensualidad, sus modulaciones carnosas que, sin embargo, se mueven en un elegante registro agudo que ella eleva hasta la poesía. Nunca la había visto en directo, y no sé por qué imaginé que su directo sería más tendente al apasionamiento y el exceso de un Carlinhos Brown del que es estrecha amiga y que ha compuesto muchas de sus músicas... Pero no. Ella se mueve en un universo elegante y siempre contenido. Sin estridencias ni excesos, entregandonos el relevo de su visión de la música como "celebración de la vida" (sic). Ni siquiera en un final lleno de ritmo y melodías más conocidas por los que menos sabían de ella se excedió. Nos hizo cantar con elegancia y bailar con sensualidad y, en un gesto de generosidad, incluso nos invitó a continuar la fiesta con ellos en su hotel. Espíritu brasileiro entregado, que ella ha tocado de su elegancia y de su belleza para crear todo un "universo ao seu redor". Universo del que, al salir de la sala, aún flotan esas frases en su hermoso portugués, entre melodías que se adhieren a la volutad. Palabras que se mezclan entre ellas, y en un sencillo acto de placer, te acompañan horas, incluso días...

pra ser sincero, meu remédio é te amar, te amar

o tempo vai passar e tudo vai entrar no jeito certo de nós dois

não pense, por favor, que não sei dizer que é amor tudo o que eu sinto longe de você

só porque disse que não me quer não quer dizer que não vá querer, pois tudo o que se sabe do amor é que ele gosta muito de mudar, e pode aparecer onde ninguém ousaria supor.

quando un descaminho acha o seu desvio tudo se alivia

Deixa o amanhã dizer
Apesar de tudo existe uma fonte de água pura, quem beber daquela água não terá mais amargura...

Para que compartan la magia de anoche, un pequeño instante de un reciente concierto de ella (sí, fue algo así)

12 de septiembre de 2006

Bálsamos.

Sonatas para violín de Mozart
Daniel Baremboim, piano
Itzhak Perman, violín.


Todo en esta vida es cíclico. Al menos, demasiadas cosas sí lo son. No me cuesta dejar de escuchar ciertas músicas de manera radical, porque sé que un día, de repente, vuelven a aparecer con fuerza y con necesidad en mi vida. Así sucede con la música de cámara de Mozart, a la que no retornaba con esta sed desde que hace justo un año me sumergiese voluntariamente en su balsámico influjo. Porque no es de otra manera que soy capaz de describir su efecto sobre mí. Bálsamo para la melancolía, para diluir el lado dramático de la vida, para borrar las sombras, para sobrevolar los precipicios.
En aquella ocasión escogí las sonatas para piano, que siempre para mí han sido esa suave anestesia contra el dolor. Porque en su gozo para la vida, en su incisiva melancolía, en su perfecto orden, en su desmedida humanidad, en su lírica hondura, me hacen despegar del dolor, y de la tierra herida. Y así, suspendido en esa aérea permanencia de las notas, la sangre vuelve a correr con sosiego, con firme aliento. Recuerdo tardes enteras con la mente en blanco, escuchando una y otra vez aquellas sonatas, como encerrado en una perfección que no quería que terminase jamás. Porque con ellas, Mozart me daba la vida, la pasión, el gozo de la existencia, pero desde una barrera suspendida en el cielo, enfundada en un aire protector que me permitía sentir sin dolor. Y así pasaban tardes y tardes, hasta que un día, sin saber por qué, las sonatas volvieron a su caja para no salir más que ocasionalmente.
Hoy me ha llamado esa salvaje necesidad de sacar otro de mis cofres favoritos de Mozart, el de las sonatas para violín. Mi necesidad es diferente a la de hace un año, quizá no tan radicalmente imperiosa, quizá más caprichosa y leve. Por eso han sido las (más ligeras) sonatas para violín que se han quedado pegadas a los dedos. Inevitablemente, mis manos han elegido el segundo de los compactos, y lo han accionado para que suene la deliciosa sonata K304 en mi menor. Una hermana menor, en tamaño, intenciones e importancia. Pero que sigue contando con mi irresistible debilidad para escucharla sobre todas las demás... Porque he soñado demasiado con ella, porque es en tonalidad menor y siempre me pareció que en las tonalidades menores era donde el genio Salzburgués ahondaba más en la irracionalidad de la existencia, en las sombras de la vida, pero sobre todo en él mismo y en sus inseguridades y fantasmas. Por ello no abusó demasiado de ellas, aprovechando también que la moda no las beneficiaba mucho. La versión de Itzhak Perlman y Daniel Baremboim para la Deutsche Grammophone es simplemente perfecta. Ligera y sutil, sin amaneramientos innecesarios ni efectismos inútiles. Los tempi son con justicia los más acertados que he escuchado en ninguna versión. El binomio Perlman/Baremboim ha hecho escuela en el terreno de la sonata para violín, y sus versiones, absolutamente todas, son de referencia, ya sea en el repertorio clásico o romántico. Es una pena que no se hayan vuelto a prodigar juntos en los últimos años (por no decir lustros). Escoger la forma en la que interpretar a Mozart es algo sumamente difícil, si lo que se pretende es transmitir la grandeza y la profundidad de sus edificios musicales, por eso el resultado de estas grabaciones es aún más valioso. La genialidad de Mozart necesita genialidad en los intérpretes para no perder su perfección. Estos dos grandes intérpretes, además de una técnica asombrosa, están dotados de un conocimiento y una inspiración fuera de lo común. Sus versiones se alejan de las (más al uso) “historicistas” de tiempos recientes. Pero en mi opinión, Mozart, como visionario que fue, no escribió para su época, y ello se refleja también en el aspecto técnico. Así, sus obras requerían particularidades en los instrumentos que no habían aún sido inventadas. De hecho, los músicos de la época tuvieron dificultades con algunas de sus obras. Así que me río yo a veces de algunas versiones historicistas que se defienden por ahí. Baremboim y Perlman llevan estas partituras a su límite, y llenan de arrebato contenido estas obras, incluso mi querida minúscula sonata K304, dejándolas siempre en el límite del precipicio de la desmesura, con elegancia y pasión, con intensa perfección...
(Chapeau!!)
Que suene, que suene, que suene...

11 de septiembre de 2006

Aristas.


A veces, para vivir, debemos doblegarnos a la realidad. Otras, nos mentimos con esas mentiras que pasan a ser verdad.
A veces, la vida parece que no existe, que se esfuma con sorna entre los dedos. Otras, la piel se funde con la realidad y por las venas corre la sangre turbulenta.
A veces los mares bañan el deseo bajo la arena y los bosques funden en sombras las raíces de la felicidad. Otras, el deseo se despliega con audacia, con descaro, con la lengua húmeda y la felicidad, blanca y ocre, sobre la piel.
A veces son necesarios los secretos, y la vida corre más limpia entre sus dedos. Otras, la higiénica transparencia nos impone su dulce dictadura.
A veces nos sometemos a una existencia subterránea. Otras, vivimos en un constante miedo a la oscuridad.
A veces, para vivir, tenemos que enterrar la piel estremecida. Otras, vivimos sólo porque nos estremecemos.
A veces, una sola vida es demasiado poco.
Otras... también.

7 de septiembre de 2006

Fragmentando el Fracaso.



Buscando un documento visual que ilustrara un acercamiento a una de mis actrices fetiche, he dado por casualidad con el trailer de una de sus películas más interesantes, que cuenta además con el acompañamiento sonoro de una de mis canciones favoritas de ese gran creador que es Paolo Conte.
Ella, es Valeria Bruni-Tedeschi y la película, la penúltima hasta la fecha del polifacético realizador francés François Ozon: 5x2 (cinco veces dos).
Cada incursión de Ozon en el cine me deja la sensación de que tener que revisar la idea de él que el filme anterior me había dejado. Admito que no siempre me convence, pero no puedo negar que nunca salgo del cine indiferente cuando veo algo suyo. A veces, como sucedió con su increíble "le temps qui reste", es absoluta conmoción lo que llega a provocarme. Pero aquí hablamos de otra cosa.
Cinco veces dos es una película sencilla, sin muchas pretensiones, que intenta dibujarnos a pinceladas, tan sólo aparentemente gruesas, un retrato fragmentario de una relación de pareja que podría encajar perfectamente en el patrón de muchas parejas de treintañeros de la actualidad, durante los 5 años de su existencia. Los fragmentos, en este caso, son escenas escogidas de 5 momentos de la relación (primer encuentro, boda, nacimiento del hijo, debate sobre la fidelidad y divorcio ). Ozon, en su intento de evitar interpretaciones evidentes por parte del espectador, nos muestra las escenas en sentido temporal inverso. No es un recurso nuevo, pero evita caer en el lado más cegador de la identificación, lo cual nos dificultaría rastrear entre las pistas y las sombras con las que siembra la película. Además, de esta forma, se asegura un final lleno de luz (el momento de la seducción y de la identificación amorosa) en una película que en realidad nos habla de la degradación de las relaciones personales construidas sobre la fragilidad.
En mi opinión, el acierto de la película está en la capacidad de Ozon para no mostrarlo todo, para plagar la película de dudas y de preguntas que nos acechan a cada minuto en el discurrir de los acontecimientos, que nos van dibujando los personajes y sus motivaciones. Cómo el desencuentro va ocupando el espacio entre los anhelos y las fragilidades de los protagonistas. La aparente fortaleza de ella, su falta apetito sexual o sus escarceos con la infidelidad, las debilidades de él y su poca implicación en la relación, se nos van mostrando a retazos, con contundencia en el principio (final) de la película (relación) y desdibujándose a medida que nos sumergimos en el inicio de la historia y va ganando fuerza la necesidad sentimental y el magnetismo del comienzo. Marion y Gilles, los protagonistas, estupendamente interpretados por Valeria Bruni y Stéphane Freiss, van dejando entrever muchas de sus dudas e inseguridades, a medida que van moviéndose en un terreno que se va alimentando de desencuentros sutiles. La distancia entre ambos va ganando lugar, y va instalándose poco a poco la sombra de sus inseguridades, desembocando en el irremediable fracaso. El retrato resulta amargo, porque se roza la felicidad, pero como tantas veces en la vida, algo no cristaliza y el castillo se va desmoronando. La historia no se dispersa mucho en situaciones ni personajes secundarios (aunque los esboce con gran maestría), lo cual, unido a la soberbia capacidad para la elipsis del director, nos llevan a centrar inevitablemente al espectador en las causas de esta desintegración de la que no podemos bien entender bien las razones ni nos orígenes (sorprendente la escena del baile con el hermano gay de Gilles y su novio adolescente, y las dudas que posteriormente deja en el espectador acerca de sus continuas inseguridades) pero que nos llega, y nos sacude, en ese intenso mareo de lo inexplicable de la existencia, de sus encuentros y de sus desencuentros.
Me quedo con esa última escena, brillante, del "coup d'amour" en esa maravillosa playa de Cerdeña... El amor mueve y también deshace, pero sobre todo nos enseña y nos hace mejores. Ese final para mí, representa esas cuantas historias fracasadas que todos hemos tenido, pero de las que no nos arrepentiremos jamás.
Dejo aquí el trailer... ni que decir tiene que adoro a Valeria Bruni!

6 de septiembre de 2006

Regalos

Hoy quiero que se pare el tiempo, que se deshagan los automóviles, las onzas de chocolate incluso. Los árboles, el mar... Hoy no necesito nada más que él. Porque es su día, y lo que le hace más feliz es tenerme a mí al lado y saborearnos los dos. La necesidad y la entrega tienen sus encuentros y sus desencuentros. Pero hoy, sólo cabe el encuentro. Con piel, con aliento, con inequívoca existencia que, por momentos, olvida la sinrazón y nos hace soñar en esas playas del cielo, en la mirada que se toca y en la boca que se hace casa de verano y de sueños.
Para él, hoy, ésta, que es una de sus canciones...

Letra y música: Adriana Calcanhoto

Después de tenerte
Para qué querer saber... qué hora es?
Si es de noche o hace calor... si estamos en verano
Si el sol va a volver o no
O para qué sirve una canción, como esta?
Después de tenerte, poetas para qué?
Los dioses, las dudas
Para qué almendros por las calles?
Para qué sirven las calles... después de tenerte?


Depois de ter você,
Pra que querer saber... que horas são?
Se é noite ou faz calor... se estamos no verão...
Se o sol virá ou não...
Ou pra que é que serve uma canção, como essa?
Depois de ter você, poetas para quê?
Os deuses, as dúvidas...
Pra que amendoeiras pelas ruas?
Para que servem as ruas... depois de ter você?


(no doy con ningún vídeo en youtube... y aún no sé poner canciones por aquí... a ver si alguien me enseña)

4 de septiembre de 2006

Madrid-Kansas-Helsinki Connection.


Las conexiones que a veces la vida nos brinda son insospechadas. Y más si hacemos de exploradores de posibilidades, de secretos topos de arena azul. Después de despedir el viernes a EFESOR en su partida a Finlandia, y de que me encargue que le documente en algunas cuestiones de música clásica para su largo, lo primero que se me vino a la cabeza fue Jean Sibelius, el más grande músico Finlandés. Uno de los compositores más interesantes del movimiento romántico nacionalista, autor de obras que forman parte de la discografía básica de cualquier melómano . Su sinfonía número 2, o su concierto para violín, deberían estar en toda discoteca, por básica que sea. Pero quizá sus obras más populares son sus poemas sinfónicos, como Finlandia, compuesta en época de la dominación rusa y para algunos verdadera melodía nacional, o el Cisne de Tuonela, una de las obras más profundamente líricas de todo el romanticismo sinfónico.
En mi casa, de pequeño, tenía un disco que solía poner mucho, con obras de Grieg y de Sibelius. De este último se incluía Finlandia, el Cisne de Tuonela y el Vals Triste, una de sus obras más tradicionales desde el punto de vista musical, pero de innegable inspiración melódica. Me gustaba ponerla una y otra vez, y me parecía que viajaba con la mirada, con el pensamiento, a esa Finlandia blanca, helada, llena de bosques de árboles infinitamente verticales, de lagos negros, de miradas azules... Era uno de mis ejercicios de fantasía más estimulantes, vivido desde mi Andalucía siempre cálida, entre africana y mediterránea... Y es que de niño siempre me gustó soñar con lo nórdico, con el silencio de la nieve, con el hielo tras los cristales... Y para mí todo aquello era Sibelius, y su Vals Triste, su cisne de Tuonela.
Hoy, mientras intentaba buscar algo de él para dedicárselo a Efesor, me he encontrado con este pequeño corto de un tal Bruce Conner, que no sé quién es, pero que funde estas imágenes antiguas de Kansas (ciertamente cautivadoras) en blanco y negro, con la música del Vals Triste de Sibelius. De repente, esa afilada aguja que guía el hilo del destino ha cruzado por un instante la tierra, y, desde algún origen incierto, nos une: nieve y desierto, azul y verde, muerte y deseo, danza triste. La mirada es la misma... cautivadora. La música, lenta e ingrávida, nos envuelve en las búsquedas. Allí o aquí, nada sabemos, esperamos todo. Comenzamos, continuamos, abandonamos, sentimos, nos acercamos, evitamos, miramos, sonreímos, tocamos, respiramos, nos cruzamos... Y el hilo sigue dando vueltas, rompiendo el aire con su risa. La vida nos envuelve con su lengua y nos traga con la paciencia de la serpiente. Los pasos suenan despacio, como arrastrándose por el suelo en un vals circular...


Dedicado a Efesor, claro...