9 de agosto de 2006

Mozart está triste.


Hemos superado muchos obstáculos. Desde la primera vez que nos vimos, ¿recuerdas? Sí, fue en casa, y venías a ayudar a mi hermano con un trabajo de Biología, tema en el que eras más experta que él. Te parecí distante y algo arrogante. Después supiste que fue sólo esa estúpida timidez que me atrapa ante la gente que me interesa, y que me paraliza y me hace huir la mirada. Mi pánico feroz ante la atracción. Después seguiste viniendo, como amiga de él, y se os veía con química. A veces me unía a la conversación, pero nunca llegaba ni a sentarme en la silla, dando a entender que yo, en vuestra amistad, estaba de paso, y no quería inmiscuirme.
Después llegó aquél día (que más que obstáculo fue una victoria), volviendo de aquel paseo. Recuerdo haber pensado en ti mientras bajaba por la calle Gerona, delante de aquella sala en la que solía ensayar la Orquesta Sinfónica. A los pocos minutos tuve el arranque de, al pasar por tu casa, llamar a la puerta y preguntar por ti... Fue la primera de muchas y muy largas tardes juntos. Hablando sin parar, siempre apasionándonos por todo lo que nos gustaba. Lo primero que me descubriste fue tu amor por Mozart. Casi lo único que tenías de música clásica, pero que adorabas. He llegado a amarlo (tanto) gracias a ti.
Crecimos juntos en nuestra melomanía. Te transmití ese amor por la música clásica que ahora es en ti muchísimo más intenso que en mí. Aún recuerdo aquella tarde, recién llegado de Inglaterra yo, con mis discos, recién descubiertos, de Jacqueline Du Pré, tomando café en mi casa... Nuestras miradas siempre lo han dicho todo entre nosotros. Y esos instantes de Jacquie compartidos contigo están entre los más especiales que he tenido nunca. Después te compraste el violonchelo... yo sabía que era por ella. Y también, un poquito por mí. Me dejaste tocarlo aquella tarde de invierno, en una de mis paradas en Sevilla. Yo arañaba las cuerdas con una torpeza que a ti no te importaba, porque sabías que me sentía feliz haciéndolo, sintiendo esa vibración grave e inexplicable de la caja por todo mi cuerpo. Al final lo dejaste. Sí, lo tuyo fue siempre el canto. Incluso antes de que te aficionaras a la ópera. Me has hecho con tu voz el regalo más hermoso que nadie me ha hecho. Sí, ya sabes, aquella canción que me dedicaste, en secreto, en aquel recital, que nadie más que tú y yo supimos que era para mí.
Hemos hablado de la vida y de la muerte. Me has hablado con pasión de tu familia paterna, haciéndome quererlos aún sin conocerlos. De tu pasión por tu padre al que tan poco pudiste conocer, de tu tía, que se nos fue, con esa poesía que aún me marca tanto la ruta de mi manera de sentir cuando la recuerdo. Han sido tardes interminables escuchando ópera, o tomando café con tu madre para provocar esas risas con las que tanto hemos disfrutado. Noches de verano en el Torreón, viendo la lluvia de estrellas de San Lorenzo mientras sonaba Strauss, entre confidencias y helados de chocolate. O con el cosí fan tutte sonando mientras nadábamos en la piscina. Han sido momentos de mucha belleza compartida.
Hemos sido y somos muy diferentes. Opuestos en tantas cosas. Política, religión, forma de vivir, actitud ante la vida... Pero llevamos años y años por encima de eso. Superando esas batallas que la vida nos había preparado para no conseguir lo que es inevitable: que no podemos dejar de querernos. Y las razones sólo las sabemos tú y yo. Porque nuestra historia es inexplicable, pero nos da igual que lo sea. He tenido que renunciar a integrarte en mi vida, a compartirte en grupo, a verte más de lo que te veo. Pero siempre serás mi debilidad, Y yo la tuya. Y esas miradas nuestras son y serán un territorio exclusivo, impenetrable, que sólo nosotros entendemos.
Has estado muy malita... He pensado mucho en ti en Italia, sabiéndote en el hospital por algo tan grave. Y ayer, al teléfono, te sentí abatida. La recuperación no va bien y no es broma. Te noto menos sonriente, menos animada, negativa en tus comentarios sobre todo. No puedes engañarme, sé que algo no va bien. Me gustaría tanto estar ahí contigo y cuidarte como tú me has cuidado siempre, casi como una segunda madre... Te han prohibido cantar, me confiesas, como intentando evitar pronunciar las palabras. Y de repente me doy cuenta de todo. Sin cantar, no puedes vivir. Lo sé bien. Y me entra una tristeza grande, infinita, de la que no me puedo desprender desde que te escuché. Mi amiga del alma, qué puedo decir... Que he llorado, pero no voy a confesártelo, te pondrías aún más triste. Pero que es una de las cosas más amargas que he tenido que vivir en los últimos meses. Ya sé que tu marido te adora y que te ha comprado partituras para hacerte sonreír. Imagino tus mañanas, cantándolas en silencio, con el pensamiento, pero frustrada por no poder interpretarlas, por no poder usar esa maravilla de voz que tienes... Yo sé que te vas a poner bien. Y que volverás a dedicarme canciones sólo para mí, como antes... que incluso dejarás que cante contigo a pesar del fiasco de mi voz. Yo, en secreto, escucho cada día esa grabación tuya del "Summertime" que cantas como nadie. Verás, dentro de poquito volverás a susurrármela al oído.

8 de agosto de 2006

Seducción Amarilla



"Anche i colori per me hanno un altro significato. Hanno una voce, i colori, un suono, come tutte le cose. Un rumore che li distingue e che posso riconoscere. E capire. L'azzurro, per esempio, con quella zeta in mezzo è il colore dello zucchero, delle zebre e delle zanzare. I vasi, i viali e le volpi sono viola e giallo è il colore acuto di uno strillo. E il nero, io non riesco a immaginarlo ma so che è il colore del nulla, del niente, del vuoto. Però non è solo una questione di assonanza. Ci sono colori che per me significano qualcosa per l'idea che contengono. Per il rumore dell'idea che contengono. Il verde, per esempio, con quella erre raschiante, che gratta in mezzo e prude e scortica la pelle, è il colore di una cosa che brucia, come il sole. Tutti i colori che iniziano con la b, invece, sono belli. Come il bianco o il biondo. O il blu, che è bellissimo. Ecco, ad esempio, per me una bella ragazza, per essere davvero bella, dovrebbe avere la pelle bianca e i capelli biondi.
Ma se fosse veramente bella, allora avrebbe i capelli blu."


"Incluso los colores para mí tienen otro significado. Tienen una voz, los colores, un sonido, como todas las cosas. Un ruido que los distingue, y que puedo reconocer. Y comprender. El celeste, por ejemplo, con esa , es el color del aZúcar, de las Cebras, de los Mosquitos (en Italiano ZanZare). Los Vasos, los Viales, y los zorros (Volpi en italiano) son violetas y amarillo es el color agudo de un trino (en italiano giallo y strillo, muy onomatopéyico). Y el negro, yo no consigo imaginarlo, pero sé que es el color del nada, del vacío. Pero no es sólo una cuestión de asonancias. Hay colores que para mí significan algo por la idea que contienen. Por el ruído de la idea que contienen. El verde, por ejemplo, con esa erre rascada, que araña en medio y pica y desolla la piel, es el color de algo que arde, como el sol. Todos los colores que comienzan con la b, por el contrario, son bellos. Como el Blanco o el rubio (Biondo en italiano) O el Azul (Blu), que es bellísimo. Así, por ejemplo, para mí una chica bella, para ser de verdad bella, debería tener la piel blanca y el pelo rubio. Pero si fuera verdaderamente bella, entonces tendría los cabellos azules (i capelli blu)"


En Italia, lo que aquí llamamos novela negra, es "giallo" es decir, amarillo. En mi adolescencia me he nutrido muchísimo de este género literario, y aún conservo autores que me gusta revisar. Pero tengo que reconocer que es un tipo de literatura que hoy en día me suscita menos interés. Hace días he terminado una de las más interesantes excepciones a esta afirmación que me he encontrado últimamente. Se trata de una exitosa novela de uno de los autores más deslumbrantes de las últimas generaciones literarias del país de los Apeninos. Hablo de Carlo Lucarelli y su "Almost Blue".
La detención de un asesino en serie que comete crímenes brutales en la comunidad estudiantil de la tranquila Bolonia, sirve a Lucarelli de excusa para trazar un intenso retrato de unos personajes a los que delimita con maestría y precisión. El arma de este escritor es su espectacular dominio de la lengua italiana (leerlo en original es ciertamente placentero). Además, su técnica narrativa es ciertamente personal, y eso es de agradecer en el panorama literario actual. Así, esta novela, con un final que a mí personalmente no me convence, dotada de un efectismo a veces mal calculado y con tintes supuestamente surrealistas que tampoco llegan a convencer a muchos, resulta sin embargo una lectura apasionante y que consigue una implicación considerable del lector, por exigente que éste sea. Eso es toda una proeza, que Lucarelli se gana a pulso a través de su narrativa fresca e intensa a un mismo tiempo, su uso certero de la palabra, y una acción que sabe manejar con gran habilidad para "engancharnos" en una lectura de la que a veces he releído párrafos enteros en voz alta, sólo por el placer escuchar de sus palabras en mis oídos.
El asesino en cuestión es un desequilibrado bajo los efectos de una extraña posesión animal, que Lucarelli nos hace vivir en primera persona a través pasajes que nos absorben por lo descarnado y casi demoníaco. Esa primera persona se va alternando, a veces en una sucesión frenética, para meternos en la piel de la policía científica Grazia, encargada del caso, o de Simone, velado protagonista de la novela, un joven ciego y muy particular que dedica su vida a escuchar jazz mientras rastrea las voces de la ciudad con un escáner en el que captura retazos de conversaciones de camioneros, radiotaxis, policía, o simplemente de móviles que, en una de las marcas características de Lucarelli, nos aparecen en la novela como pequeños mosaicos cargados de una sutil humanidad, pero que al mismo tiempo nos disparan con fuerza el "voyeurismo" sobre una Bologna que se nos desnuda a través de la cerradura. Lucarelli no desaprovecha la ocasión para llevar a cabo un retrato psicológico creíble de unos personajes que nos llegan. Tampoco pierde ocasión para dejarse contagiar de un delicado lirismo al introducirnos en el pensamiento de Simone, para entender la forma en la que desde la oscuridad traduce el mundo exterior, especialmente su "código de colores" a traves de pasajes que podrían contarse entre los más bellos de la literatura italiana de los últimos años.
He visto que en España ha sido traducido por Mondadori, así que os lo recomiendo encarecidaemtne, porque además es un libro cuyo interés alcanza a casi todo tipo de lectores. El que se atreva con el italiano, pues nada, estoy dispuesto a hacer préstamos también.
Con especial cariño a mí "fata particolare", Marilena, la chica de la sonrisa más bonita del mundo, que me convenció para revisar a un Lucarelli que no me agradaba demasiado hasta entonces, regalándome este libro, que tan especial ha sido para ella en su vida... Cara, tu sarai sempre Blu...La mitica... Ti voglio benissimo, e lo sai.

7 de agosto de 2006

auf Wiedersehen Marschallin


Elisabeth Schwarzkopf


La hemos perdido este fin de semana. Con ella hay que cerrar definitivamente la memoria de uno de los periodos más brillantes y mágicos de la historia de la interpretación musical. Esos años cincuenta del siglo XX en los que su voz se convirtió en una de las más poderosas del estrellato operístico.
Recuerdo la primera vez que la escuché... Era mi primera ópera en compacto. Un regalo con demasiado sentimiento y amor detrás como para olvidar. Se trataba de la grabación de Las Bodas de Figaro, en la que ella interpretaba a la Condesa. Estaba dirigida por Carlo María Giulini y también aparecía la americana Anna Moffo, en una inolvidable Susana. Todos ellos han desaparecido recientemente, y, en este año Mozart, ciertamente una sombra oscurece la que es una de las interpretaciones más destacables de su producción operística.
Cuando escuché alquel "Porgi Amor" que salía de los altavoces, se libró en hechizo. El de su voz inigualable, limpia, de una perfección extraña, madura, elegante, llena de belleza. Desde aquella primera aria, mirando su foto, esta misma que cuelgo hoy aquí, me rendí a la fascinación que esta soprano ejerce sobre todo aquel que la escucha. Su voz, la más elegante que el mundo del disco ha dado nunca, su irremediablemente aristocrática pose. Esa voz, inconfundible, inimitable, reconocible para toda la vida una vez que se ha escuchado, me ha acompañado en demasiados momentos, me ha emocionado en demasiadas ocasiones como para no sentir hoy una pena muy muy grande.
Elisabeth, además, es el paradigma de la carrera musical impecable. La ascensión imparable de una voz que se gestó con intensidad e inteligencia. Escogió siempre los papeles adecuados, nunca arriesgó más de lo necesario, más de lo asumible. Su matrimonio con Walter Legge, uno de los más importantes productores de una de las grandes discográficas (EMI) del momento le ayudó a ello. Y él la convirtió en un objeto de veneración. La hizo fotografiar de la maneramás exquisita, le dedicó algunas de las más hermosas portadas de vinilo de la historia del disco, descubrió para el mundo su indiscutible magnetismo, la elegancia perfecta de esta mujer, su increíble belleza. Los más grandes directores de la época, como Karajan, Böm o Toscanini la adoraron. Y tenían razones.
Hay demasiados momentos que vienen a mi cabeza cuando pienso en ella. Sin olvidar sus comienzos en papeles de menos envergadura como La Susana de Mozart, la Zerbinetta de Strauss, o la Marzellina de Beethoven, a las que daba un aire de grandeza que jamás volvieron a tener, hoy la reconocemos como interprete indiscutible de los grandes papeles Mozartianos (Su condesa, su doña Elvira, su Fiordiligi, inolvidables) y, sin dudarlo un instante, de las heroínas de Strauss. Nadie podrá negar que su Mariscala en el Caballero de la Rosa es y será inigualable. O que su grabación con George Szell, de los cuatro últimos Lieder, es uno de los discos de clásica más intensos que ha dado el siglo XX. Pero para despedirme de ella, he escogido mi favorito, esa Ariadna, también de Strauss, en la que como nadie canta esa aria de bienvenida a la muerte. Esa muerte que nos la arrebata para siempre. Adiós, Mariscala, adiós. Aquí no te olvidaremos nunca.

4 de agosto de 2006

Incisos de verano

Tras noches vacías de aire e insomnio entre las sábanas, esta noche, repentinamente, el viento se ha colado por la ventana. Un viento fresco, audaz, como si la tierra hubiera comenzado a moverse después de días de parálisis. Y por fin he notado el calor de tus mejillas, la lengua difusa de tu abrazo inconsciente, de nuevo bajo la sábana. Estos ojllos míos se han quedado pequeños, casi cerrados, pero no del todo, para no dejar de mirarte en tu sueño de apariencia frágil y mejillas ardientes. No sé por dónde camino estos días. Sé que lo sabes, aún sin atreverte a decirlo, por si acaso. Pero intuyes perfectamente que me pierdo en vías muertas, escondido entre los cactus. Hoy, al salir del metro, la boca dentada de escalones sobre mi cabeza me ha dejado ver un cielo azul profundo, limpio, indescriptiblemente hermoso, como sólo los cielos de este Madrid saben serlo los días claros. Los edificios, indecentes, se recortan con trazo intenso sobre el aire fresco. El guiño del viento parece querer decirme que al menos me dirijo hacia algún lugar. ¿Esperarás mi palabra?

3 de agosto de 2006

El reloj sin dueño.


Aquella noche, mi deambular por ese pub al que suelo acudir en búsqueda de aventuras de sexo casual, no pasó desapercibido por la mirada larga e intensa que me dedicó al pasar yo a su lado. Confieso que las miradas me matan, ciegan mi voluntad más que ningún otro reclamo físico. En aquel primer instante, no reparé en cómo iba vestido, ni en cómo se movía, ni siquiera en cuál podría ser su edad. Me bastó esa mirada certera, cargada de deseo, para a su vez provocar el mío, sin ir más allá de sus ojos. No siempre lo pienso, pero en aquel momento, supe que terminaríamos en la cama. La verdad es que no hicieron falta muchas palabras. El acercamiento fue más de piel. Pero suficiente para reparar en su edad, como poco, unos 15 años más que yo, y su aspecto, excesivamente remilgado y pijo, nada acorde con el mío, o con el de los chicos en los que me suelo fijar. Pero tras una mirada así, todo eso estaba ya de más. Recuerdo la sensación de zambullida en su perfume, en mi primer acercamiento a su boca. Usaba uno de esos perfumes caros, de esos capaces de transformarse según la piel de quien lo usa. Era agradable, si bien excesivo. Pero recuerdo que pensé que al menos, para elegir aroma, sí tenía buen gusto. De camino a mi casa, en su coche, también descubrí que su voz me excitaba; grave, pero con una entonación delicada, que sonaba con deseo en mis oídos. Su brazo, que acaricié disimuladamente mientras sujetaba el volante, se adivinaba terso y definido. Se veía que hacía gimnasio a diario, pero sólo lo necesario para dar al cuerpo un contorno sutil y mantener el cansancio muscular del paso de los años. Nada más caer sobre las sábanas, su forma física dejó constancia evidente no sólo de dureza, sino de flexibilidad, que supo acompañar de una imaginación insultantemente morbosa. Usando por momentos cada centímetro cuadrado de la cama, navegando y dejándose navegar por una piel que se nos perdía en las manos.
Hay cuerpos que se dejan caer en el placer y otros, que se entregan. Y esa entrega es rotunda, sin barreras, como en la más ciega de las inmersiones. Cuando dos cuerpos se entregan sin contrapartida al deseo sin límite, el sexo se hace aún más razón de vida, y la noche, que observa, el único escenario que merece la pena. Repetimos al terminar, en una sucesión de besos tras el orgasmo, que llevó a una nueva erección sobre la piel aún húmeda. Y así dos veces más, en un exhausto juego de frenético placer, casi onírico, que nos abandonó en un sueño de sudor sobre la boca y su lengua olvidada en la mía. Desperté y él ya estaba vistiéndose. El trato implícito desde el inicio era jugar a ser desconocidos, y desaparecer después en la noche. La noche se había hecho mañana, pero la regla era compartida, a pesar de nuestra confesión de que la noche nos había gustado mucho a los dos. No quiso desayunar. Demasiadas palabras, imagino. Yo, ya solo, tomé un café saboreándolo a fondo, con la sensación de la noche desmedida de sexo aún sobre los músculos, y me volví a la cama.
Al despertar lo descubrí. Estaba sobre la mesilla, pero no había reparado en él en toda la noche. Grande y elocuente, un reloj de marca. Con correa de tela, de un color beige, de la que emanaban aún los efluvios del perfume. Mi primer pensamiento fue el de la imposibilidad que tenía de poderme poner en contacto con él. Ni teléfono , ni dirección, nada. Él tampoco tenía el mío, pero sí que sabía dónde vivía. Quizá no tendría el valor de presentarse en casa para recuperarlo. Era una situación extraña, un indefinible guiño del destino, no sé bien si para él o para mí. Los días pasaron y nada sucedió. El reloj pasó a formar parte del fondo del segundo cajón de la mesilla de noche, que ahora, cada vez que abría, dejaba alcanzar a mi olfato un suave resto de perfume. Pasaron las semanas. Volví al pub varias veces, pero nunca lo encontré de nuevo. Quizá no era de aquí, quizá sólo estaba de paso ¿Debería apropiarme de él? Sí, tómalo y úsalo, me decía a mí mismo. Es curioso, sigue oliendo, débilmente, a su perfume. No, no podía, mientras siguiera oliendo no. Además, a mí no me gustan esos relojes tan grandes de muñeca. Y siempre volvía a su fondo de cajón.
Hace unos días, al sacar las cosas del cajón para la mudanza de mi piso, lo he vuelto a encontrar... Ya casi no me acordaba de aquel reloj. He sonreído al verlo. Lo primero que he hecho es llevarlo bajo la nariz, pero no, ya no huele a nada. Han pasado más de cinco años, calculo. Ahora no me parece tan grande como entonces. Ni siquiera tan pretencioso. Me lo ajusto a la muñeca y se adapta perfectamente a su perímetro, y a mi piel. Creo que voy a probarlo, me he dicho. Y así hasta ayer... No recuerdo muy bien cómo terminé en ese bar nuevo, alguien me convenció porque parece que está muy de moda ahora. Me pareció que el público era bastante joven... Los universitarios cada vez me parecen más atractivos. Y más directos. En sólo diez minutos, ya tenía a un par detrás de mí en la pista de baile. En realidad ya me había fijado yo en ellos cuando entré. Les descubrí diciéndose algo al oído mientras me miraban... Y me sentí halagado. Me subyuga pensar que aún atraigo a chicos tan jóvenes. Me hace sentir bien, atractivo, deseable. Así que les arrastré a un rincón del local, donde empezamos a besarnos con una prisa desmedida... Me propusieron ir a su casa, que no estaba lejos. Y acepté. En seguidame di cuenta que eran pareja. Hay miradas, formas de estar, que nunca dejan lugar a dudas. Y quizá sean ellos los últimos en ser conscientes de que su vínculo físicamente invisible, no lo es casi nunca cuando van juntos, aunque jueguen a no ejercerlo. Me asustan algo los tríos con parejas estables. Me siento el tercero en discordia, el tercero al margen de muchas complicidades que no puedo ni vislumbrar, me siento objeto de un juego en el que tengo la sensación que siempre voy a perder yo. Así, mientras los besos del ascensor siguieron su curso en el sofá del salón, y las manos ya se deslizaron bajo las camisetas, y entre los botones de los vaqueros, casi sentí ganas de partir... Pero sus manos habían llegado ya a demasiados rincones, y tengo que reconocer que no me sentía extraño, que ambos estaban preocupándose de que estuviera en igualdad de condiciones, que ambos se entregaban a mí como se entregarían a ellos mismos. La entrega física, como siempre, me desató la pasión, el rugir de la piel deslizándose sobre las suyas, los sexos abundantes que me abrigaron, que me hincharon de deseo, que me hicieron huir de mí, de mi realidad, para que todo fuera un jardín de placer para jugar en cada columpio, en cada rama, en cada fuente. El sexo se sucedió durante toda la noche y prosiguió en la mañana, incluso después del breve desayuno que compartimos mientras, casi sin hablar, nos seguíamos besando. Una breve siesta matutina precedió la despedida, también de largos besos, que me dejó de forma salvaje en el descansillo del ascensor, envuelto en un cruel silencio que me martilleaba los sentidos. De repente, miré mi muñeca desnuda. Me volví hacia la puerta. Pero algo me detuvo, impidiéndomelo. Me metí en el ascensor y me dirigí a salida. No, no pensaba volver a por él. Mi perfume (ahora uso uno de los más exclusivos) es el que baña el reloj ahora, y quiero que sea para ellos. Son ellos los que deben decidir ahora. Quién sabe si el reloj no lleva dando vueltas más tiempo del que creo. En realidad, casi todo, tangible e intangible, da vueltas por el mundo de mano en mano. Ningún reloj se queda para siempre en la muñeca, me dije. Y dirigí mis pasos a casa. Me gusta mi nueva casa...

Monstruos.


Los monstruos pueblan nuestro pasar por el mundo. Siento pena por ellos. Monstruos que esconden miedo de sí mismos, y que, en lugar de afrontarlo, hacen pagar a sus compañeros de viaje el peaje de su inadaptación a sí mismos. Más allá de pecados veniales, de algunos otros capitales, hay en todos nosotros un oscuro habitáculo de maldad, una diabólica tentación que mora en nosotros. Es una elección convivir con ella. Es una elección usarla, dejarse seducir. Hacerlo no es lo que encuentro condenable. En realidad yo no condeno nada. Simplemente he decidido que no quiero en mi vida aquellos sin la humanidad necesaria para admitir la tentación, para asumirla con sinceridad. Esos los quiero lejos, me dan más pena que otra cosa, porque sufren a veces más que el sufrimiento que provocan, pero en su negación, se deshumanizan, se vuelven dueños de una crueldad hacia los demás que no estoy dispuesto a tener que soportar.
Me confieso de ser a veces perverso, de sentir cosas que condeno y critico. Me confieso de sentir rabia, celos, egoísmo, ira, envidia, soberbia... Sí, lo admito, que lo sepan todos, soy humano y con frecuencia débil. Pero no pienso mentir por ello, lucharé por rectificar cuando no me sienta bien, por evitar caer en la rutina de saltar el ejercicio de la conciencia, por querer como quiero a los que quiero, por amar como amo a los que amo, de manera incondicional, desde el fondo del corazón, con la espontaneidad del impulso de la pasión, con la marca incandescente de la lava, de mi entusiasmo en el cariño, en la caricia, en la mirada.

Los que no quieran jugar con las cartas descubiertas, por favor, que se queden detrás de la línea.

EVA AL DESNUDO

Mírame a los ojos,
Desnúdate de toda falsedad
Ese aire de pureza traiciona diabólicas anomalías
Y sabes de qué estoy hablando
qué necesito
Y aún tendrás la valentía de llamar a la evidencia casualidad
ansia y doblez conspiran con la más severa crueldad
Y sabes de qué estoy hablando
y que mentir no es el remedio a una injusticia
Llorarás, poniendo en escena el enésimo drama
mientras las lágrimas corren por tus mejillas encendidas
Eva
y jurarás por Dios y por tu madre que no tienes la culpa
mientras las lágrimas corren

Mírame a los ojos,
Desnúdate de toda falsedad
Eva
Ese aire de pureza traiciona diabólicas anomalías
Y huye ese monstruo inmundo que has creado
ese sueño que no concede descanso
Llorarás, poniendo en escena el enésimo drama
mientras la lágrimas corren por tus mejillas encendidas
Eva
Y jurarás por Dios y por tu madre que no tienes la culpa
mientras las lágrimas mojan tu camisa de seda

"Creedme, es un sortilegio
es la obra de un hechizo
no era dueña de mis facultades"

Y llorarás, poniendo en escena el enésimo drama
mientras la lágrimas corren por tus mejillas encendidas
Eva
Y jurarás por Dios y por tu madre que no tienes la culpa
mientras la lágrimas corren.

Música y Letra: Carmen Consoli
Traducción del italiano: By me (original en comentarios)

1 de agosto de 2006

Entresijos...

La verdad es que nunca me han gustado nunca estas cadenas, que ya he repetido más de una vez (con preguntas parecidas) por e-mail, en las que se pretende descubrir algún lado menos conocido de personas con las que tenemos más o menos trato... Pero al final siempre pico...

Et voilà:

¿Cuánto tiempo llevas blogueando?
Eso se puede ver en el histórico... he mantenido el mismo blog desde el inicio. Así que...desde enero, aunque la idea estaba en la cabeza desde antes, de hecho el blog lo creé como allá por noviembre... Su inicio se hizo de rogar un poco.

¿Cómo te enteraste de la existencia de los blogs y por qué te animaste a participar?
Conocía la existencia de los blogs de bucear por internet, pero no les había prestado mucho interés... Un amigo me lo descubrió como herramienta disciplinaria para esto de escribir, que yo siempre he hecho... Y me enganché... El que me conozca desde el principio recordará que empecé comentando en muchos blogs, comentarios que se hacían largos (de los más largos que seguro más de uno recuerde por aquí... me llegaron a nombrar hasta mejor comentador de la blogosfera... pero pronto comenzaron a animarme a abrir el blog (y yo con él creado, pero sin atreverme e iniciarlo)... Hasta que un día, tras una aparición como invitado en uno de esos blogs que no existen ya, de pronto, surgieron las primeras palabras... un trozo de una poesía de Pessoa, algo así como :
(...) E a orla branca foi de ilha em continente,
Clareou, correndo, até ao fim do mundo,
E viu-se a terra inteira, de repente,
Surgir, redonda, do azul profundo. (...)

Cinco blogs que sigas a diario o con mucha frecuencia...
Pues los de mis enlaces los miro a diario. Inquilino, Naxo, Cinephilus y Mart-ini... De ellos me leo posts y comentarios, y casi siempre les digo cosas.
Cada vez más también leo a JH, desde que hace tiempo me comentó alguna cosilla en el mío. Tengo pendiente linkearte...
Los enlaces de todos ellos también los miro con frecuencia, y siempre le dedico un ratito a descubrir blogs nuevos...

¿Eres lector anónimo de algún blog?
Sí, de alguno...

Nombra cinco autores que te despierten especial simpatía
Los autores que me despiertan simpatía son los que leo habitualmente, y dejo constancia abundante de mis argumentos para ello con los comentarios que les dedico... Los que son mi debilidad lo saben, o lo intuyen.

¿Qué blogs consideras con mayor calidad?
La calidad de los blogs no me parece una variable fácil de determinar... Podría ser en el aspecto técnico (ahí están muy bien las de Mart-ini o JH) o en el literario (del que no me considero crítico de mucho rigor, pues de dejo llevar demasiado por las filias y las fobias, así que no opinaré). En general leo muchas cosas de calidad por los blogs, pero lo que más me llega es la sinceridad de la gente, su habilidad para hacernos llegar de alguna forma, a ellos mismos, e incluso descubrirnos mucho de su yo más reservado. Es una forma curiosa e intensa de contacto humano éste...
También están los blogs que te descubren cosas y más cosas nuevas... En ese sentido, El Calentito siempre consigue sorprenderme con su capacidad para estar actualizado en tantas cosas. Y con Inquilino... en fin, con inquilino me descubro a mí mismo cada día, en este afan universal de abarcarlo todo, desde lo más intelectual a lo más freakie, desde lo más bello a lo más detestable... Me ayuda a desarollar mi curiosidad como nadie.

¿Con qué blogueros te irías de borrachera? (de 3 a 5)
Yo soy fácil para la borrachera, como para tantas otras cosas, aunque a primera vista parezca todo lo contrario. Me dejo llevar con facilidad por todo tipo de propuestas, y en la de las salidas con borrachera, también... Más me interesa a mí saber quién se iría conmigo de copas, así que espero esas propuestas en los comentarios...

¿Con qué tres blogueros pasarías un noche de locura sexual?
Pues... admito que esa es una de las cosas en las que también soy bastante fácil (por lo menos para la primera vez...) Y, pues... no sé, eso de la química surge más en persona o al menos por alguna referencia gráfica... Además, hay mucho blogero interesante por ahí que aún no ha puesto sus fotos... No daré nombres... si los hubiera, ya me habría insinuado yo de alguna forma.
Y como no quiero pecar de lo que critico, dejo caer una de mis fotos del verano, posado absoluto, intentando imitar el estilo italiano por las calles de Venecia




¿Te has enamorado alguna vez de un bloguero?
Tendría que pensarlo...

¿Conociste a alguno más allá del teclado? ¿A cuáles?
A algunos ya los conocía antes. Como ya dije, entré en este mundo por alguien a quien ya conocía. Pero esa es una vieja historia... Después, también he conocido a alguno. De los de por aquí, Inquilino y Cinephilus. En general, cuando alguien me parece interesante en el anonimato de la red, me gusta conocerlo/a en persona. Suelen surgir con ello historias más que divertidas, más que interesantes... Si viven en Madrid es más fácil, claro.

¿Te consideras satisfecho con tu blog? ¿Qué cambiarías?
Uno aquí es un insatisfecho crónico con casi todo, pero en el caso del blog, no puedo decir que quepa la insatisfacción, sobre todo porque el mío no nació nunca con intención alguna, sino como necesidad y como herramienta. Herramienta de disciplina para escribir, que a su vez, es una necesidad en mí. En el aspecto técnico supongo que sí son mejorables algunas cosas, pero es que uno es un poco torpe para según qué cosas... Afortunadamente me llovió Mart-ini del cielo, con el que aún tengo pendiente una renovación... Aquí todos te debemos mucho, amiguito... Aprovecho para mandarte un buen beso sin permiso.

Pasa este meme a un mínimo de tres personas y un máximo de cinco.
No soy persona de obligar a nada, y menos de algo que ni a mí mismo me convence, jeje. Prefiero proponer. Si alguien quiere, que prosiga la cadena.

Y, por último, que se mojen los lectores y digan una virtud y un defecto de este blog
Virtud (con guiño a Cinephilus): mi blog NO TIENE PALABRAS DE VERIFICACIÓN... je je je. Aunque tengo que decir que durante una época nos reíamos mucho en el blog de Inquilino, intentando interpretar las puñeteras palabrejas, pero de todo se aburre uno (confieso que yo me aburro pronto de las cosas, por interesantes que sean, en eso soy como un niño). De todas formas, hay que reconocer que últimamente ponen unas palabritas que son un rollo, además de largas.
Defecto... yo tengo muchos defectos, pero los compenso con mucho cariño... y quien me conoce puede atestiguarlo.

31 de julio de 2006

EMOCIONES


"Le Arti conducono al Regno della felicità, Al vero Amore/
Las Artes conducen al Reino de la felicidad. Al verdadero Amor"
Frase escrita sobre un banco de madera en un jardín de Ferrara (Italia).

Me quedo con esta fotografía como final de vacaciones De unas vacaciones intensas y llenas de luz y belleza. Me hubiera gustado detenerme en ese banco durante horas, durante días. En ese pequeño jardín en el que está, en la parte trasera del Palazzo Schifanoia de Ferrara, en cuyas paredes se esconden los maravillosos frescos de Francesco del Cossa, inquietantes y conmovedores como pocos he visto en mi vida, con un Triunfo de Venus tremendamente carnal y humano en su exhibición del placer, donde parece difícil creer su fecha de realización, a finales del Siglo XV, mientras por estas tierras la oscuridad y los motivos religiosos dominaban todas las artes.
Ferrara es la última ciudad que visité en mi viaje a Italia. Es una ciudad geométrica, ordenada, silenciosa, que emociona por su rigor, por su intenso color rojo ladrillo en los edificios, por lo desmedidamente abundante pero a la vez discreto y puro de su Renacimiento, impecable en su trazado e intacto en su conservación. Hay que tener en cuenta que la corte de los Duques de Este en Ferrara se convirtió en foco atractor de artistas que desarrollaron allí, durante el Renacimiento, una importante actividad artistica. El posterior declive, fruto de la huida de los Este a Mantova tras quedar la familia sin sucesión y sus dominios pasar de nuevo a los Estados Vaticanos, dejaron a la ciudad sin la mayor parte del legado artístico de la familia, repartido hoy en día por museos de todo el mundo, entre ellos El Prado, pero también preservó a la ciudad de una ulterior re-costrucción barroca que le habría hecho perder el caracter puramente medieval-renecentista que aún hoy conserva. Por ello, fue declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO.
Ferrara es una ciudad que se despliega al viajero con lentitud y elegancia, sin abrumar a pesar de su afilada belleza. Una ciudad demasiado vivible para poder arrebatar con el primer impacto visual, pero que se agarra con fuerza a la retina y a los sentimientos. Fue el perfecto destino final para poder asimilar todo lo que había vivido esos días. Y así, sentado en ese jardín, fueron desgranándose la belleza, sus razones y la emoción de la pasión que arrastró a los autores de todo aquello que vi. Porque detrás de cada escultura, de cada pintura, de cada edificio, siempre hay una intención, pero también una irremediable pasión, y un impulso humano que lo recoge y lo traduce. Y en Italia, esa traducción en imágenes, en formas, en colores, es la más intensa y perfecta que pueda uno imaginar. Por ello, al verlas, me he sentido humano, imperfecto, pero inmensamente feliz de poder sentir la belleza y, en cierta medida, reproducirla a veces. He vuelto cargado de una necesidad de escribir sobre lo que he visto, sobre lo que me ha sugerido, sobre las historias que han venido a mi mente... Lo haré poco a poco, con la tranquilidad del resto del verano en casa, disfrutando de la piscina y de los helados.
Y así, al caer la tarde, me subí en una de las bicicletas que amablemente nos prestaron en el hotel, y me dispuse a recorrer la Ferrara del atardecer, en la que la luz cae sobre los edificios rojos, y se crea una atmósfera indescriptible. Mientras la disfrutaba, con esa secreta felicidad con la que se saborea el último chocolate de la caja de bombones, recordé el cine de Antonioni, o la metafísica pictórica de Chirico (ferrarense uno y atrapado por el embrujo de la ciudad el otro) y me llenaba de las mismas preguntas que ellos trataron de exponer en sus obras, sobre el misterio de la belleza, su fugacidad, su lado oculto, sus ideales... y el rojo de los ladrillos iluminados me cegaba, y se mezclaba con la turbadora imagen de la catedral románica que me saludaba, y todo ello me transportaba a una felicidad dulce, como de anestesia. Y Ferrara, en esa elegancia de bicicletas antiguas que llena sus calles, me cercaba y me susurraba al oído la imposibilidad de su enigma, de la emoción de su orden. De repente llegué a la sinagoga. La única en la ciudad que conserva su función original para una reducida (imagino) comunidad judía actual. Una discreta lápida recordaba los nombres de los ejecutados durante la segunda guerra mundial en campos de concentración. El apellido Finzi-Contini estaba entre ellos, y me recordó la conmovedora historia del más ilustre de los literarios locales, el genial Giorgio Bassani, que Vittorio de Sica recreó en la película del mismo nombre, en 1970. ¿Quién sabe si ese jardín de los Finzi-Contini no correspondería a alguien más real de lo que imaginábamos? De repente, la belleza se hizo amarga en mi cabeza. Una bilis inexplicable que me recorría las venas, cuando en mi retina aún permanecían tibias las imágenes de los periódicos sobre los bombardeos en Beirut, que se mezclaban ahora con las de las obras de arte destruidas en la segunda Guerra Mundial, de la que uno se hace consciente cuando no puede ver in-situ lo que ya no existe en nigún lugar. La destrucción de las ideas y de la belleza, como ápice de la masacre humana, de la destrucción de la vida que las envuelve, en un acto sin sentido, sin piedad. Poco hemos avanzado, quienes fueron destruidos, ahora son destructores. Venganza y justicia son palabras vacías ante la hermosura de la vida. Armas verbales sutiles y engañosas, que se esgrimen lícitas en manos de quienes sólo buscan intereses personales con ellas. Algo sí me queda claro. Hacen falta más voces, más palabras, más belleza, más gestos... Y sobre todo, más acciones, más protestas, más denuncia, menos indolencia. Os animo a protestar desde vuestros blogs. Una pequeña contribución, que al menos signifique que no nos da igual lo que pasa...
Para terminar, os dejo ver la luz de Ferrara, ideal para calmar la sed de belleza.



8 de julio de 2006

La Serenissima...


Mientras se va apagando la extensa tarde de verano, muy despacio, tomo conciencia de la velocidad del tiempo. Desde la lentitud, determino la rapidez. La rapidez de estos últimos meses, en los que siento que han pasado muchas cosas, pero, a la vez, apenas ninguna. En el fondo, sólo la mente humana puede crear el tiempo, y éste es controlado a su capricho, sin tener mucho en cuenta las mediciones mecánicas que hemos hecho de él, por escrupulosas y exactas que éstas sean. Porque sólo viviéndolo, sintiéndolo mientras nos atraviesa, podemos sentir su velocidad.
En la trepidante última semana, Madrid ha tenido ocasión de despedirme, entre soles reflejados en cristales, hundido en el fondo de su verticalidad, sintiendo su calor áspero y ardiente. Diluyendo deseos que corrían subterráneos, apagando la piel que crujía con insólita insolencia. Aquí se queda por unos días, sin mis pasos para llenarse de su calor. Sin sus miradas torciendo esquinas o en la barra de un metro.
Sí, despego, me alejo de todos esos que mañana, que pasado mañana, que el día siguiente, despertaran con la sonrisa de la proximidad de las vacaciones, de las horas de piscina y sol, de las noches de insomnio o de placeres carnales. Este año, curiosamente, me voy de los primeros. Me voy, me voy, me voy, me voy, qué bien suena. Cada vez que uno parte, es para volver diferente, para sentir otras cosas, para sentir lo mismo de otra forma, para viajar por dentro y por fuera, para buscar placer, ya sea en lo ocioso, en la búsqueda de la belleza, en el dulce abandono, en la inmensidad de un helado, de la cresta de una ola, o de la carne tibia de alguien a quien amaremos como nunca.
A mí me espera la camiseta a rayas, y los palacios del Canal Grande. La arquitectura de Palladio, los frescos de Ghiotto en los Scrovegni, Aida en l’Arena, la fortaleza de los Este... y, sobre todo, la mejor de las compañías... Por no hablar de la posibilidad (que me emborracha ya sólo de pensarlo, la verdad) de practicar esa lengua que tanto me gusta... Y por último sin olvidarme de la belleza de los italianos, de la que acumularé todas las huellas sensitivas que pueda... A la vuelta os contaré...
A presto.
Baci.

4 de julio de 2006

Lo que más...

Siguiendo una petición de Mart-ini, expresada en su blog, que yo recojo y añado a la que me ha pedido personalmente, voy a dibujar yo también aquí la sonrisa que me despierta cada día.

Yo vivo con un personajillo especial, medio niño, medio adulto, que se despierta con los ojillos pegados y sin muchas ganas de hablar, pero que siempre me dedica una sonrisa cuando me ve. Que siempre tiene su mano preparada para abarcarme cuando mi sueño es difícil, que siempre tiene un beso dulce para mí, incluso cuando está dormido. Que alguien dormido te dedique un beso sí que es lo más grande que te puede pasar..




Es alguien que me sigue contrariando día a día, sorprendiendo día a día, enseñando día a día. Alguien absolutamente blanco en sus intenciones, repleto de valores, que me ha enseñado a plantear, a interrogar, a dudar, a reformular... Alguien que cree, como yo, que la vida desde la pareja se vive en una dualidad de compartir el crecimiento y crecer con la independencia. Alguien que me ama como nadie me ha amado nunca, y me lo demuestra cada día que pasa. Alguien imperfecto y con zonas oscuras, alguien que esconde en su mirada sombras y placer. Pero que me confiesa su humanidad con frecuencia, que encaja la desigualdad y la incoherencia, la imperfección de la vida, y que ha estado por encima de cualquier consideración a la hora de hacerme sentir con sutilidad que más allá de todo, despertarse conmigo cada día sigue siendo su primera prioridad. En resumen, alguien que para mí no puede ser sino excepcional. Alguien que me ha enseñado la verdadera dimensión de amar. Amar por necesidad carnal y personal, por deseo vital. Por eso, lo demás: las canciones, los libros, las películas, los sabores y olores, las imágenes, cabalgan siempre detrás. Han salido muchas, seguirán saliendo por aquí. Pero de él no hablo tanto, y sin embargo está ahí siempre, en el centro de mi vida. Y cuando regrese a la cama en unos minutos, me dará ese beso delicado desde su sueño, y yo seré de nuevo, como cada noche, feliz.