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16 de mayo de 2007

Se va, se va... se fue.

Sin palabras...
(si todo empieza y todo tiene un final, hay que pensar que la tristeza también)
Dedicado a Javier.

24 de febrero de 2007

Drexler Dixit


Jorge Drexler

Aún con el mareo encima, fruto de la embriaguez de las palabras y de la música. Del contexto y la cercanía. Un concierto nacido de la sencillez y la elegancia, con todo el compromiso humano que tienen sus palabras. Porque es en la cercanía de un concierto así, pausado pero desde la emoción, donde las palabras más llegan. Y él tiene muchas para regalar. Palabras que sitúan al hombre en el siglo XXI, pero nadando contra corriente, buscándose y equivocándose en el intento. Un hombre que tiene como arma su cuaderno en blanco, pasando página de las frases erradas, apostando siempre por el presente y el futuro desde el necesario pasado. Un cuaderno, en definitiva atravesado de belleza y reflexión. Un hombre que usa la duda como herramienta y no como pudor. Un hombre en fin que ama y que vive, y que se deja recorrer por la física del amor y de la igualdad, porque entiende que sólo ellas nos redimen, que sólo ellas nos dan algo de sentido. Pero al mismo tiempo asume su debilidad para errar en el camino de conseguirlo. Es por ello un hombre que se sabe imperfecto, que reconoce la necesidad de la oscuridad y del crecimiento, fiel a sus instintos y consciente de ser un átomo minúsculo en el mundo, pero capaz de ser bello, y capaz de dar belleza. Un segundo de luz en la nada, pero consciente de estar ese breve momento compartiendo espacio y tiempo con otros, en lo escaso y a la vez infinito de la existencia. Ante todo determinado a ejercer la responsabilidad de no dejar de luchar en un mundo injusto, devorador, complaciente y egoísta. Planeando peligrosamente en las curvas del intento, pero sin dejar que su esperanza enmudezca.
Es una visión del mundo que comparto plenamente, que intento ejercer, y que por ello me llena de profunda emoción ver transformada en música y poesía. Ayer, desde mi asiento lateral en el ateneo de cc.oo. asistí uno de esos pequeños instantes de privacidad que para un cantante deben tener momentos así. Pegado a las bambalinas, curioso y lleno de orgullo, su hijito le observaba con atención. A él le dedicó la última canción... Y a él se abrazó nada más salir. Un abrazo que me confirma que lo suyo no es palabra vacía, sino inevitable pasión por la existencia.

14 de noviembre de 2006

El otro engranaje.



"Y bajo los congresos, las giras, rodajes,

las ferias agrícolas y convenciones,
gira inexorable el otro engranaje,
la noria invisible de las transgresiones."
Jorge Drexler


La noria invisible que gira en nuestra cabeza. La sutil tentación de trasgredir. La transgresión misma. Esa otra vida que todos llevamos dentro. La vida en constante duda, en perpetuo caminar por un borde de vértigos, por un acantilado de afilada arista. La vida a un lado y la no vida al otro. Y las nubes que arrecian. Porque siempre arrecian. Porque incluso en la mayor de las felicidades, siempre está ahí el abismo de la necesidad de saber qué hay bajo la escarpada arista.

La necesidad inexorable que siempre impulsa, que empuja esa débil concepción de lo que somos. ¿somos lo que somos, o también lo que no somos? ¿por qué somos? Vivimos en perpetua elección, en un continuo abandono de vías que no sabemos dónde llevan, que se pierden el el horizonte difuso del abismo. ¿Por qué debemos elegir? ¿Hemos elegido bien?

La vida es un universo infinito, y a medida que lo vamos viviendo, más conscientes somos de lo infinito que es, y también de lo ínfimos que somos nosotros. Y así, se va abriendo poco a poco esa brecha inmensa entre la realidad consciente y lo que no sucede, que pasa a ser olvido, y a veces deseo. Imposibles que nos empequeñecen ante el gran sin sentido de vivir tan poco, tan pequeños. Tan pequeños, y tan inconscientes de nuestra pequeñez. Pero a la vez, cada elección, cada irrepetible camino elegido, a pesar de dejar atrás otro universo, nos regala uno único, grande, sin igual, que con frecuencia no admite otros para ser vivido.

La vida está hecha de renuncias, pero cada renuncia implica una ganancia: la de vivir de forma plena el camino elegido. Es una cuestión de calidad, de asunción de nuestra humana grandeza, de nuestra humana miseria. Los otros universos siguen ahí, y para ellos quedó el mundo del deseo y los sueños, la literatura y la palabra, la mente y los instantes de (in)visible transgresión... ¡Qué sería la vida sin ellos!