
Chico de negro, chico Mart-ini, que se esconde tras una mirada que se pierde en el primer abrazo, que se torna torpe porque sabe que se emociona y no quiere que se note tanto. Yo también me emociono, por dentro, aunque lo disimule. Porque de tu voz no se deduce tu espontaneidad sincera, ni tus ganas de compartir y de dar, que sí imaginaba, pero que no podía "ver" de esa forma sincera y casi infantil que te recorre cuando dices algo, cuando dices casi todo. O esa otra, que desarma, de tu sonrisa. Por estar lleno de sinceridad y de humanidad... Por eso, te has quedado ya con un trocito del corazón mío, de éste que a veces es esquivo, pero que no quiere ni se deja querer por cualquiera. Pena que se cruzaron tantas historias y tantos recorridos por esas calles de Madrid, ese Madrid que tanto quiero y que espero que veas desde ahora, si cabe, con una mirada más familiar, más cercana, como la ciudad donde vivimos, entre otros, nosotros. La agenda fue imposible de estirar, y este Madrid me llevó de aquí para allá en una tarde de luz inimitable que se desplomó despacio sobre la acera mientras caminaba con el ingenio de unos ojos imposibles de esquivar, y que acompañaron con deseo tangente la tarde retorcida de argumento y placer, de naranja y negro. Palabras tangentes y palabras secantes, palabras cortadas y susurros que perseguir. Noche inyectada bajo la piel de la luna velada, y vida, como siempre recorriendo caudalosa las horas.
Gracias por el fin de semana a todos los que de una forma u otra, os habéis cruzado conmigo dejando huella en este primer aliento del futuro equinoccio.
El fin de semana, además, comenzaba con la sorpresa de encontrar entradas a última hora para ver el concierto de Mariza, que, como siempre que viene a Madrid, conquista a todos los que acudimos a verla. En el marco del interesante festival Ellas Crean que el gobierno de este país organiza coincidiendo con la celebración del día de la mujer trabajadora, esta portuguesa nacida en Mozambique, nos acompañó en un recorrido por los 4 discos que lleva ya editados.
En una ciudad, como ella llamó, amiga, donde acaba de colaborar con el director español Carlos Saura en su último proyecto (Fado) y donde confesó que se siente como en casa. No en vano, el público atento y sensible al especial universo musical de nuestro querido país vecino -que siempre he observado en sus conciertos-, la acoge siempre con evidente calidez. Es lo mínimo que podemos hacer para agradecer dos horas de emoción y belleza.
Mariza es la gran renovadora del fado en la actualidad, y en los pocos años que lleva desarrollando su carrera ha demostrado su grandísima inteligencia y personalidad, herramientas con las que ha sabido transformar el fado en algo absolutamente propio sin desvirtuar el género ni un ápice. Dotada de una voz sobrenatural y una elegancia que raramente se puede ya ver en un escenario, sigue apoderándose del auditorio a través de una puesta en escena impecable y contenida, pero llena de pasión y sinceridad, que sin embargo sabe salpicar de una espontaneidad enternecedora. Es una dignísima embajadora del alma portuguesa, que no pierde esa esencia de búsqueda de identidad, destino y melancolía que es inseparable del carácter lusitano, pero que sabe conectar con cualquier audiencia, porque su música y sus palabras parten de las emociones más sencillas, más universales. Música y poesía, saudade, a través de una de las voces con más capacidad para emocionar en directo que yo haya escuchado.
Les dejo con dos muestras de su arte. En la primera, un vídeo de su último trabajo de creación, el imprescindible
La otra, una toma de su último trabajo, un concierto en directo muy cercano a lo que disfrutamos el viernes, interpretando Primavera, uno de los fados más conocidos del repertorio clásico, que como ella dice es su verdadera pasión. Su forma de interpretarlo, absolutamente personal, así lo evidencia.
Gracias por el fin de semana a todos los que de una forma u otra, os habéis cruzado conmigo dejando huella en este primer aliento del futuro equinoccio.
El fin de semana, además, comenzaba con la sorpresa de encontrar entradas a última hora para ver el concierto de Mariza, que, como siempre que viene a Madrid, conquista a todos los que acudimos a verla. En el marco del interesante festival Ellas Crean que el gobierno de este país organiza coincidiendo con la celebración del día de la mujer trabajadora, esta portuguesa nacida en Mozambique, nos acompañó en un recorrido por los 4 discos que lleva ya editados.
En una ciudad, como ella llamó, amiga, donde acaba de colaborar con el director español Carlos Saura en su último proyecto (Fado) y donde confesó que se siente como en casa. No en vano, el público atento y sensible al especial universo musical de nuestro querido país vecino -que siempre he observado en sus conciertos-, la acoge siempre con evidente calidez. Es lo mínimo que podemos hacer para agradecer dos horas de emoción y belleza.
Mariza es la gran renovadora del fado en la actualidad, y en los pocos años que lleva desarrollando su carrera ha demostrado su grandísima inteligencia y personalidad, herramientas con las que ha sabido transformar el fado en algo absolutamente propio sin desvirtuar el género ni un ápice. Dotada de una voz sobrenatural y una elegancia que raramente se puede ya ver en un escenario, sigue apoderándose del auditorio a través de una puesta en escena impecable y contenida, pero llena de pasión y sinceridad, que sin embargo sabe salpicar de una espontaneidad enternecedora. Es una dignísima embajadora del alma portuguesa, que no pierde esa esencia de búsqueda de identidad, destino y melancolía que es inseparable del carácter lusitano, pero que sabe conectar con cualquier audiencia, porque su música y sus palabras parten de las emociones más sencillas, más universales. Música y poesía, saudade, a través de una de las voces con más capacidad para emocionar en directo que yo haya escuchado.
Les dejo con dos muestras de su arte. En la primera, un vídeo de su último trabajo de creación, el imprescindible
La otra, una toma de su último trabajo, un concierto en directo muy cercano a lo que disfrutamos el viernes, interpretando Primavera, uno de los fados más conocidos del repertorio clásico, que como ella dice es su verdadera pasión. Su forma de interpretarlo, absolutamente personal, así lo evidencia.