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1 de septiembre de 2007

Estatua Falsa.


Siempre me ha sorprendido la fabulosa obsesión de la poesía lusa con el placer de saborear la derrota de los sueños. Diríase fruto de una visión oscura y pusilánime de la vida, inmovilista y triste. Y sin embargo casi todos hemos sentido esa tentación del deseo frente a la melancolía, ese secreto placer dramático frente a la estética del dolor y de la pérdida. Esa alegre fiesta de llanto -alegre festa de pranto- que nos recorre y nos atrapa, que nos araña obsesivamente, como verdes garras de los sentidos -verdes garras dos sentidos- (en palabras de Agustina Bessa-Luís), pero que nos lleva a entregarnos con la furia de un sádico a nuestras heridas.
Quizá sea que la extinción de los sueños deja aún más espacio a sueños nuevos que brillar en nuestro firmamento particular. Quizá sea admitir que la perfección del sueño se redondea con su fracaso en el mundo de lo real. Los sueños hechos realidad son siempre distintos a como los deseamos, y alguno diría que hasta ensucian su luz.
No sé qué pensar yo de todo esto. Creo que me quedo en ese limbo perfecto entre la entrega y la renuncia, en ese instante en el que todo es posible y dos universos infinitos y divergentes, se persiguen y hasta se fusionan con voracidad por un corto espacio de tiempo , estremeciendose nuestra piel ante el leve rozar de la realidad y el sueño.




ESTÁTUA FALSA - (Mário de Sá Carneiro)

Só de ouro falso os meus olhos se douram;
Sou esfinge sem mistério no poente.
A tristeza das coisas que não foram
Na minh'alma desceu veladamente.

Na minha dor quebram-se espadas de ânsia,
Gomos de luz em treva se misturam.
As sombras que eu dimano não perduram,
Como Ontem, para mim, Hoje é distância.

Já não estremeço em face do segredo;
Nada me aloira já, nada me aterra:
A vida corre sobre mim em guerra,
E nem sequer um arrepio de medo!

Sou estrela ébria que perdeu os céus,
Sereia louca que deixou o mar;
Sou templo prestes a ruir sem deus,
Estátua falsa ainda erguida ao ar...


* * * * * *


Sólo de oro falso mis ojos se doran
Soy esfinge sin misterio en el poniente
La tristeza de las cosas que no fueron
Por mi alma cayó veladamente

En mi dolor se quiebran espadas de ansia
Gajos de luz en tiniebla se mezclan
Las sombras que de mí brotan, no perduran
Como Ayer, para mí, Hoy es distancia.

Ya no me estremezco de cara al secreto
Nada me puede dorar ya, nada me aterra:
La vida corre sobre mí en guerra
¡Y ni siquiera un escalofrío de miedo!

Soy estrella ebria que perdió los cielos
Serena loca que dejó el mar
Soy templo dispuesto a desmoronarse sin dios
Estatua falsa, todavía erguida al aire.

14 de junio de 2007

Ciudades del alma: LISBOA


“Vende sonhos e maresia,
Tempestades apregoa...
Seu nome próprio:Maria...
Seu apelido: Lisboa...”

David Mourão-Ferreira/Alain Oulman


Hoje acordei com tantas saudades de Lisboa, que até parecia que ia surgir assim, azul e branca, feiticeira tras os límites dos meus olhos.

Nació de un sueño, y ni recuerdo cuándo fue la primera vez que escuché hablar de ella. Un puente inmenso que llegaba a ella, rojo de corazón deshecho, envuelta de océano y sal. Y es que así te llega Lisboa, despacio, antigua, mirándose a sí misma, surgiendo de las brumas atlánticas, suavemente ondulada de blanco. Oliendo a marea y café. Y acercándose poco a poco a ti, a medida que el sol la va dibujando de ocres y atardeceres imposibles, como en aquella escena bellísima de la película “Lisboa, faca no coraçao” en la que una misteriosa Misia tomaba el trasbordador con el sol del ocaso incendiando las aguas, y esa mirada de deseo y trsiteza que la observa sin ser visto, que la persigue, mientras suena un fado tristísimo.

Então que a sombra agite
E assim a imagem faça
Os rostos de nós dois
Tocados pela graça

Amor é muito cedo
E tarde uma palavra
A noite uma lembrança
Que não escurece nada

Amor, o que será
Se nele é para habitar
A escolha do mais puro.

Já fuma o nosso fumo
Já sobra a nossa manta
Já veio o nosso sono
Fechar-nos a garganta

Então que os cílios olhem
E assim a casa seja
A árvore de Outono
Coberta de cereja.

LIDIA JORGE.

Porque Lisboa es ciudad para huir, y para perseguir. Para perseguir la ciudad misma, y no prenderla jamás, porque nunca se llega al fin de Lisboa. Porque se nos muestra y se esconde. Porque oculta misterios que no deben ser revelados, porque su belleza es esquiva y difícil, porque sólo quien sabe pasear entre las sombras puede intuirla. Pero ella consigue traspasar la piel y quedarse ahí, entre la epidermis y la sangre, susurrándonos su nombre despacio, casi envuelto de silencio.


Una de las películas que mejor capta la esencia de la ciudad es la del alemán Wim Wenders, Lisbon Story, en el que un ingeniero de sonido (Rüdiger Vogler) a la acude a la ciudad a causa de la llamada de ayuda de un amigo que nunca aparece finalmente. y en la larga espera, termina indagando poco a poco la esencia de la bella Lisboa (¿acaso no la de él mismo?). En su particular recorrido, plagado de escenas simplemente maravillosas, conoce a la también enigmática y hermosa Teresa. Una Teresa Salgueiro (vocalista del grupo Madredeus) que nos canta y nos introduce en el delicado mundo de la saudade, de la mano de su exquisita voz.

Porque hablar de Lisboa es, inevitablemente, hablar de música. De la guitarra portuguesa en tono menor que nos arroja al profundo abismo de la belleza. Danzas atropelladas bajando por las calles de Alfama. Fado oscuro, que nos asoma al destino, a lo que no sucedió, al infinito precipicio del deseo que no alcanzamos.

Porque hay en Lisboa una continua sensación de melancolía, de suspiro que nos captura como en una falta de algo. Es algo que tiene que ver con la esencia del espíritu portugués, un pueblo en continua necesidad de buscar su identidad, una identidad marcada por su tierra y su lengua. Arraigada profundamente en la palabra, bajo el yugo de la pérdida, siempre buscando, siempre añorando, destilando una melancolía que nace de la propia melancolía, y que ellos llaman saudade. Saudade del amor, saudade de la belleza, saudade del placer... Saudade de Lisboa.
Y enfrentada a ella, la Lisboa moderna. y cosmopolita ruge y vibra como una criatura que siente la vida como una herida que quema, que se deshace de pasión desbocada, pero que siente cómo la atrapa la cuerda de la melancolía.. y es que quizá la melancolía más pura nazca del Tejo caprichoso, que se ensancha rebelde para morir desafiando al inmenso mar.

La brisa recorre Lisboa, y sueño paseando sus calles que parecen moverse como si de la cubierta de una fragata se tratase. Y la senda no se termina nunca, porque los secretos de esta ciudad nunca se agotan, ni se agota la belleza repartida en añicos por todos sus rincones. Desvencijada y olvidada, sucia a veces y desgastada. Pobre Lisboa, radiante y decadente, azul y melancólica, enredada en miradas y aún desconocida. Sueña, Lisboa sueña, y despierta por la noche para haber olvidado todo, y llorar por no saber qué has perdido... pero sueña. En tus sueños, como un secreto, descansan los sueños olvidados de todos los amantes de la belleza, de todos los corazones desbocados, de todos los amantes que nunca conocieron el amor...


Meu amor, meu amor,
Foste-me sonho e pão,
Foste febre e fervor,
Razão e sem razão,
E sede e sabor
Das manhãs de verão,
Mas minha prisão,
Ah não
E em tanto calor
Nada foi em vão,
Mas minha prisão,
Ah não
Meu amor, meu amor,
Não te peço perdão,
Não te peço favor,
Não te peço aversão,
Não te peço dor,
Nem a contrição,
Nem o coração,
Ah não
Agora ao sol-pôr
Meus olhos se vão
E não voltarão
Ah não

CARLOS PAREDES

La primera vez que dejé Lisboa, cruzando el puente del 25 de Abril, era una radiante mañana de verano, y las azoteas ondulaban enfrente, a lo lejos. Sentí la mano posarse sobre mi hombro, mientras miraba hacia atrás alejarse las suaves colinas. El amor actúa así, en momentos muy concretos, de manera certera. Me sentí lisboeta, me sentí ahogar, me sentí enamorado, con un arrebato incomprensible y casi adolescente. Desde entonces siempre vuelvo, como en ritual secreto, para que no me eche de menos tanto como la echo de menos yo a ella.