
Nunca me gustaron mucho estas fechas. Quizá más cuando, de pequeño, significaba viajar, y ver a la familia que estaba tan lejos, y había que cruzar Castilla y su frío, y los castillos allá en lo alto miraban cubiertos de boinas blancuzcas.
Ahora también viajo: del frío hacia el Sur, hacia el Guadalquivir ancho y azul, hacia los espejos de sus márgenes. Y creo que sigue siendo volver a la familia que está lejos, al sur templado del invierno allá, lo único que me sigue gustando de la Navidad. Una excusa como otra cualquiera, sólo que ésta obliga a toda una serie de rituales que no me interesan, que no me motivan, que no me gustan.
De pequeño me gustaba escaparme de la gran comida familiar, donde todos charlaban animadamente. Huir solo a alguna habitación vacía, y escuchar desde allí el rumor de los otros, al fondo, como si yo no formara parte de ellos, como si pudiera verlo desde fuera. Hoy en día me sigue gustando hacerlo. Pero creo que ya entonces era consciente de sentirme diferente a la mayoría, de mi necesidad e soledad, de mi espinosa relación con el resto del mundo, de mi rebeldía frente a la convención. Me quedaba solo sin que nadie lo supiera y, en ese silencio roto por el eco lejano de voces familiares, me sentía en otra galaxia, lejana y por unos instantes tan cálida, tan especial, que a veces incluso pensaba que la Navidad era un espíritu capaz de conmover de aquella manera tan abstracta.
Instantes en los que hubiese querido que se detuviera el tiempo, y que el invierno no avanzase, ni aquella comida terminase, que nada rompiera aquel momento íntimo, casi místico, en esa soledad buscada que me parecía lo más hermoso del mundo.
Ahora sé que en aquellas huidas había mucho de mí y de mi relación con el mundo, de mis dudas y de mis evasiones... Por eso lo sigo haciendo ahora.
A veces pienso que sólo aquello queda de las Navidades. Aquello, y la música. Corelli o Bach normalmente. Ellos, hacían que aquella soledad se dibujase en el pentagrama y llegase a mis oídos, menos grave. Comparto hoy con vosotros una de esas cómplices músicas... de Navidad.
Felices días a todos.