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6 de junio de 2007

TEMPUS


Esta pequeña foto muestra el lugar donde nací. Diríase un lugar privilegiado, del "primer mundo". Y no sólo eso. Un lugar lleno de belleza, situado entre un río milenario en Historia e historias, y uno de los más bellos parques que tenemos en este país.
Es una suerte ésa. No sólo la de tener asegurado el sustento, educación en el seno familiar, formación académica y más o menos una perspectiva laboral (en su momento llegó a ser difícil, pero siempre a mucha distancia de la de la mayoría de la población del planeta). También la de contar con una familia que desea tu llegada, más siendo como era yo primogénito. Abundantes fotos e incluso películas del incipiente SUPER-8 (mi padre siempre ha sido un fanático de las últimas novedades de la tecnología de la imagen) dan fe de ello.

De todo eso hace hoy 35 años. Todos esos años desde que mi ojillos, que por aquel entonces no debían ser ni siquiera capaces de fijar las imágenes en la retina, observaron por primera vez esas Palmeras inmensas que jalonan la kilométrica avenida Sevillana. Los mismos años desde que esa primera calurosa primavera Sevillana me hacía sin duda sudar mis primeras gotas.

Pero en realidad nada nos prepara para la vida y su irracionalidad, nada nos ilumina en el laberinto de encontrarnos a nosotros mismos. Quizá la suerte de haber nacido en este rincón de la Tierra sea la de poder enfrentarnos a eso y no en su lugar a otras necesidades más primarias. Yo recuerdo haberme enfrentado ya desde muy pequeño. No sé la razón, pero sí que recuerdo haber visualizado ya con pavor (a la tierna edad de 4 añitos) lo que podía ser la no-existencia. Imaginaba el Universo, su medida infinita, e intentaba visualizar todo ese infinito en mi pensamiento. Y entonces llegaba al mareo, ese terrible mareo que muchas otras veces me debía acompañar en la vida. Después, imaginaba cómo la nada debía ser igual de aplastante que ese infinito recién intuido. Tan aplastante como aplastante era sentirme vivo e intentar comprender que era posible no estarlo...

Claro, un niño así, a priori, tenía muchas posibilidades de terminar siendo un niño "rarito" en todos los sentidos. No fue el único problema al que tuve que enfrentarme. La sombra del desarraigo siempre planeó sobre mí. En un lugar donde la familia y la identidad cultural parece que deben tener un papel capital en el desarrollo personal y emocional de las personas, este niño crecía en una cuidad donde no tenía más familia que padres y hermano. Con una madre del Norte y un padre de otro lugar del Sur. Entendiendo e integrando dos formas de estar en el mundo, sintiendo ambas como propias, pero siendo el extraño siempre en cada una de ellas. Para colmo, a este niño, del que ya decían que tenía mucho carácter, le comenzaban a gustar algunos de sus compañeros de clase y empezaba a aficcionarse ya a la música clásica.

No es fácil entregarse a la tarea de no renunciar a la búsqueda de uno mismo ante la multitud de facilidades para no hacerlo que nos ofrece el mundo. Sobre todo, cuando la búsqueda se plantea necesaria, porque uno nunca ha entendido la vida sin resolver los porqués. O al menos sin llegar lo más lejos posible con ellos. Las búsquedas no son fáciles, y con frecuencia se estrellan con lo que no nos gusta de nosotros mismos. Al final, todas las búsquedas llevan a uno mismo, y al autoconocimiento. La de la belleza, la del amor, la del sexo, la de los otros... Encontrar cosas nos lleva a plantearnos lo que pensamos que somos, y a plantearnos por qué es así y si no podría ser también de otra forma. Siempre he pensado que con ello, evolucionamos.

Para mi familia no he sido un elemento fácil: demasiado rebelde, demasiado independiente, demasiado desarraigado... Huyendo siempre, viajando lejos, yéndome a vivir solo, sin contar con nadie. Y sin embargo, siento que siempre me han imaginado frágil, es curioso. Frágil quizá porque siempre fui sensible a lo bello, receptivo para la música y las otras artes, detallista y medianamente inspirado para la creación. Y lo cierto es que creo que soy más fuerte de lo que siempre han imaginado. Pero ni tan sensible, ni tan inquieto, ni tan receptivo a la belleza como podría parecer. Me conformo con admitir que tan solo soy cada día un poco más lo que quiero ser, aunque también me sienta más lejos de lo que imagino ser. Y es que no es fácil, no.

Pero en un día como hoy, no me apetece aprovechar para hacer repasos ni balances. No. En el fondo lo que más me apetece hacer es sólo mirar para atrás y recuperar un poco más al niño que cada 6 de junio voy dejando un poquito más atrás. Porque en él, en la intensidad y la inquietud con la que lo reconozco en esas imágenes de vídeo caseras de mi infancia (esas que ahora observo con una sonrisa invisible) sigo viendo la esencia de lo que quiero ser, pero que este vampiro que es el paso del tiempo me roba sin remedio si no se lo impido. Yo, estoy dispuesto a hacerlo. En el fondo, cuando repaso muchas de las cosas que siento, sé perfectamente que desde entonces han cambiado muy muy poco.

3 de mayo de 2007

Mini diario de una moderna

Frenética mirada de noche recién estrenada. Nombres y más noche. Oscura, como me gusta a mí la noche, para que brillen las estrellas. Y días claros, de manos y palabras.

Días de palabras, y juegos de palabras. Y nombres nuevos que añadir a la lista personal, a la de recuerdos de miradas y momentos. Añadir de nuevo caricias a Sevilla. De nuevo primaveras de fuego y vértigo. De nuevo. Después de tantas otras lejos.

Y es que, rompiendo mi costumbre, he dejado que mi blog, sea, sólo por hoy, un pequeño diario de mis recuerdos en Sevilla estos días, que son, invitablemente, recuerdos de personas que me han dado momentos tan especiales y divertidos.


El anfitrión, a pesar de su cansancio crónico, paseó de maravilla a todos arriba y abajo (especialmente de un lado a otro de la alameda), pero es que como él hay pocos. Y da igual que le guste organizarlo todo, para eso estamos nosotros, para romper los planes y salir por la tangente (especialmente yo).

Los niños del norte estuvieron tan cercanos y cariñosos!!!... En Madrid, el año pasado, nos conocimos sólo un poco. Ahora seguiré pendiente de ellos, pero mi sonrisa será más grande aún cuando los lea.

Los de siempre, siguen conquistando mi corazón...

Luigi, siempre especial y dispuesto a cruzar la ciudad para abrazarme... y si hay una cerveza de por medio, vendrá aún más rápido. Es el más especial de los especiales. Tengo predilección por él, porque es el que sabe poner la sonrisa más bonita a la vida, aunque ésta nos pisotee a veces.

Mi paquito, metiéndose en cada visita más y más en el espíritu de nuestra indescriptible ciudad, y de unos insospechados habitantes que la hacen inolvidable. Me gusta mucho verle feliz cuando estamos con vosotros.

La Antonia siempre me sorprende, nunca me hago a la idea de lo que me quiere... Es que ella es más fría... Pero esta vez me dio sus manos, y me gustó mucho cogérselas así fuerte.

Ver a Mikgel siempre es algo especial. Aunque sea la segunda vez. Como si hiciera muchos años que lo conozco. Siempre me entran esas ganas inmensas de abrazarlo y estrujarlo, de achucharlo como una abuelita con los nietos. Un día de estos también te besuquearé, que ganas tampoco me faltan.

Pedro... ¿por qué siempre me parece poco el tiempo que pasamos juntos? La noche tiene eso, que siempre nos parece escasa y siempre nos llega el agotamiento en un momento dado. Mejor que te vengas tú, que te quedes en casa, y que nos dediques el tiempo con más exclusividad... ¿Vale? A veces qué poco hay que decir para saber que uno quiere... que a uno le quieren...

Shiquillo and company... Qué lindo es veros siempre juntitos. Más os conozco y más voy viendo lo rotunda y auto-explicable que es esa imagen tuya de tu blog con los Epi y Blas en actitud de abrazables...

Y los niños nuevos...

Luis y Fran, qué parejita. Amigos y residentes en Madrid. Y tan diferentes!!! Si no hubiera sido por Fran, creo que no me habría animado a serviros todas esas anécdotas que ahora ya quedan en nuestra memoria del privado de nuestra amistad, y del blog. Aún estoy expectante de encontrármelo en algún sitio indebido, jejejeje... creo que quedó algo pendiente, pero no consigo recordar qué.

Víctor, al que acribillé a comentarios llenos de ironía, pero también de cariño, Porque, como muchos (en realidad no soy nada original) yo también te veo algo...

Dieguito, que desde tu “seriedad” de profesional, a veces dices más con la mirada que con la palabra... pero lo dices. Deberías animarte a hablar más, porque ciertamente tienes una voz preciosa.

Pedro (el pediatra), que me pareció encantador y especial... Y me apenó no hablar más con él. No hubo más tiempo, espero que en otras ocasiones podamos hablar más. Una sonrisa así le quita a uno de cualquier cosa fea.

Alberto... qué puedo decir de él. Creo que a pesar de haber hablado poco funcionó la buena onda, y el reconocimiento mutuo en muchas cosas. Espero que haya otras ocasiones, guapo.

Y ya por último, mis nuevos adorables... Carlitos y Chema. No por ir al final son los últimos, aunque sí que fueron los últimos en dejarse conocer. Mira que tenía yo curiosidad... Gracias por dejaros ser como sois, y no abrumaros con la circunstancia. Carlitos, me ha encantado verte como lo que no pensé que eras: Un niño pequeñín en la piel de un niño grande... Solo hay que verte la mirada para comprenderlo. Y cómo pronuncias las palabras cuando estás de broma o quieres decirle a alguien indirectamente que le quieres un poquito. De Chema me quedo con su ironía y su carácter iconoclasta, así, arrasándolo todo... es que me estaría toda la tarde hablando con él y poniendo a ya sabe él quienes a pan pedir...

Al final, ya lo sabéis todos... acabaremos siempre hablando de lo mismo... Del maravilloso chocolate de OCUMARE (qué os creíais??)

Muchos besos a todos (qué modenna soy, dios mío, que ni me aguanto)

31 de diciembre de 2006

De puntillas.

Recién llegado. Aún con el vértigo que, a pesar de llevar tantos años dando vueltas en estas fechas, me siguen produciendo las llegadas. Ese desconcierto de no saber donde está ni quiere estar uno. Con Sevilla aún en la cabeza. Con ese dulzor especial que este año le han dado personas nuevas y especiales.
Casi siempre la Navidad tiene ese inevitable lado B, esos efectos secundarios no deseados que entre nudos familiares, huecos, ausencias y luz mortecina de diciembre, nos dejan un poco aturdidos. Pero para compensar, ahí habéis estado vosotros. Gracias Manuel, gracias Tomás, gracias Miguel, gracias Bea, gracias Pedro, gracias Ismael, gracias Mercedes y Carmen. Gracias por poner ganas, ilusión, confidencia, risas, música, palabra y miradas en estos días de final de año. Vuestra compañía ha dado a la navidad todo el sentido que en estos últimos años faltaba. Ya os echo de menos. En vuestros tremendos abrazos, en vuestras ganas de compartir tiempo conmigo, en vuestra disposición, en vuestro cariño, en vuestras sonrisas, y hasta en alguna mirada turbia que otra. Sois de las cosas más bonitas que me ha dado el año, y espero que en el que entra, sigáis estando ahí, en mi vida.
Esto del cambio de año, sinceramente, no tiene mucho significado para mí. Prefiero pasar de puntillas, y dejarme llevar sólo por la alegría general, por el sentimiento de euforia (ese siempre viene bien) y del alcohol derramado, para dejar que los buenos deseos hagan, si se tercia, una noche especial y divertida. Sólo eso, que no es poco. Por lo demás, sigilosamente atravesando los días navideños, con la melancolía elegante y dulce pero feliz de ese villancico de Nat King Cole que os dejo de despedida, aquel que sonaba, como símbolo del paso del tiempo a través de las navidades, en aquella bellísima 2046, de Wong Kar Wai. Feliz noche de desenfreno, o de lo que sea, a todos.

22 de noviembre de 2006

Sevilla, mi Sevilla.

"Ir al atardecer junto al río de agua luminosa y tranquila, cuando el sol se iba poniendo entre leves cirros morados que orlaban la línea pura del horizonte. Siguiendo con rumbo contrario al agua, pasada ya la blanca fachada hermosamente clásica de la Caridad, unos murallones ocultaban la estación, el humo, el ruido, la fiebre de los hombres. Luego, en soledad de nuevo, el río era tan verde y misterioso como un espejo, copiando el cielo vasto, las acacias en flor, el declive arcilloso de las márgenes."

Luis Cernuda


Y volveré a ti esta tarde. Volveré a tus esquinas de silencio, a ceñirme con tu azul y a perseguir tu blanco... Y retornaré al mareo sobre tus aguas, al reflejo de la melancolía que se despierta sobre el verde. Y me dejarás sentir la sordina de la alegría y la sombra del recuerdo azul. Como siempre, me asaltarás con tu belleza, me amarás y te amaré. Y detrás de mis pasos guardarás, vestida de piedra, las voces de un pasado que decidí no continuar entre ellas. Te echo de menos muchas veces. En secreto te disfrazas de Madrid antiguo y me arañas con tu memoria... tantas veces. Pero no, ese asombro del alma, ese estupor, tan sólo vuelve al retornar a tu laberinto. Sólo cuando, de repente, al volver una esquina, al atravesar una plaza que tenía olvidada, me acuchillas la retina con tu torre infinita...

Te tengo tan descuidada, Sevilla mía... Y he decidido que estos días recuperaré mi imaginario íntimo contigo. Cuatro días para mí y mi familia. Dejarme cuidar y cuidar. Y también dejarme vivir a través de los hilos esa ciudad mágica. Y me dejaré caer en los abrazos de siempre, y en mis rutas fetiche, jugando a encontrar y a esquivar mis recuerdos. Pero sobre todo, y después de tantos años, me vas a dar nuevos abrazos, nuevas miradas, nuevos besos en la noche. Entre todos, en especial, uno... Él bien sabe... Hasta luego.