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6 de junio de 2009

treinta y siete.



El tiempo se va, un día detrás de otro, una semana y después otra, un mes, el siguiente… A pesar de que pongamos contadores el tiempo es continuo, y cada milésima de segundo es seguida de otra sin posibilidad de que sea de otra manera. Nada permanece.
Los contadores, vaya usted a saber por qué, nos hacen balance de lo que hemos vivido con un peso, con una cantidad que no siempre nos resulta agradable porque no hay manera (como en lo infinitesimal) de que se detengan, siempre aumentan sin parar.
Así, yo sumo hoy 37 de esos años que acostumbramos a festejar. Y me digo que lo importante es ese 37, ese verano, ese mes de junio, ese mismo día 6 que estoy viviendo ahora. Eso es lo que tenemos. Y no es que no quiera ser consciente de la importancia de la experiencia, de la memoria, de lo aprendido, de lo que hemos construido en ese tiempo que queda detrás, simbolizado en ese (en mi caso) número 37... Por supuesto, sino no tendría sentido.
Pero cada día me siento más tentado a viajar con bisturí en mano, extirpando lo que no quiero que me determine, lo que no me gusta, lo que no quise... Siempre con precaución de no borrar en el gesto también lo que de enseñanza hubo y hay en el dolor, en la amargura, en la frustración...
Pero me niego cada día más a caminar con amarguras, frustraciones o dolores, a viajar con ellas presentes. Lo hablaba con alguien a quien quiero mucho últimamente. Uno debe vivir de nuevo cada día. No olvidar quien uno es, pero nacer de nuevo cada mañana... o al menos intentarlo.

Nacemos sin sueños, y a medida que la caja de años se va llenando, también lo hace la de los sueños, al tiempo que la de la memoria… De todas ellas, sólo la de los sueños podemos aligerar, modificar, retorcer o hasta vaciar. Lo mismo que hacer infinita. Y yo me veo con esta maleta de treinta y siete años, una caja de memoria de un peso sentimental quizá excesivo, pero sobre todo me veo con una ligera a la vez que infinita e intacta caja de sueños. Y es con esa con la que intento despertarme cada día, para agrandarla, y dejarla intacta cada noche al irme a dormir. Sé que la humanidad inevitable me hace errar y caminar por paisajes con equipajes queridos, hipócritas, deseados, aburridos, constantes… pero ese deseo de soltar lastre y continuar sólo con los sueños y lo aprendido es mi intención (al menos mi intención) cuando me levanto cada día. Y así quiero que siga siendo. 37, 38, 39...

23 de enero de 2008

de veranos en invierno, de pérdidas y de aniversarios.



Se ha abierto una brecha de primavera en este invierno que no había más que comenzado. Es posible caminar por el retiro sin abrigo, sentarse a leer en un banco como si fuera abril o comer en una terraza a mediodía. Como en aquella película del belga Stéphane Vuillet (si bien allí la cosa era aún más sorprendente porque se trataba de Bruselas en el mes de enero) en la que al personaje protagonista, de repente, parecía sucederle de todo en el mismo día en el que, para colmo -o afortunadamente- también se anunciaba una inusual ola de calor casi veraniego en pleno invierno.

Casi igual que a mí el sábado pasado en plena Gran Vía, rebosante de luz y actividad como si fuese abril, con el sol engañándonos a través de este anticiclón templado que parece haberse encariñado con nosotros. Y de repente estaba allí, igual que entonces: aquel banco en el que me senté dos veranos atrás, habitado ahora por unos adolescentes molestos y gritones a quienes ni por asomo se les ocurriría pensar que allí, en aquel preciso lugar, en otro momento, habitó el trozo de una caricia que no se terminó nunca. Allí, justo allí, casi con la misma luz y casi con el mismo calor.

La gente atraviesa y camina, se tropieza y mira, avanza y no para... Nuestra Gran Vía es así, no deja respiro a la intensidad, en seguida la borra con más y más vida que pasa y pasa sin fin. No sé si los bancos de madera tendrán memoria, ni si ésta será limitada, o incluso selectiva, pero lo cierto es que el atropello de la memoria, la densidad del recuerdo, la torre que me vigilaba, el calor inusual... todo ello a la vez hizo que me parara en seco. Nada más se detuvo, todos continuaban fluyendo. Pero aquel instante que me acababa de atravesar desde el pasado se había quedado allí, paralizado, como accionado por el “pause” inteligentemente usado de un reproductor de vídeo.

No sé por qué, pero precisamente en aquel momento, recordé mi blog. Un blog que cumple hoy justo dos años. Cómo y por qué nació, y quiénes han estado cerca de él todo este tiempo, o parte de él...
No sé cuántas palabras habré escrito desde entonces, esto parece que no tiene contador. Ahora que lo repaso, hago cuentas y me salen unas 280 entradas, de las cuales 61 relatos. Han sido palabras y palabras que no han dejado de salir de mi cabeza. Muchas veces he pensado que no tenía mucho sentido seguir, que la inspiración había desaparecido, que ya no tenía nada que contar, que se había convertido en algo aburrido y que ya no era capaz de volcar en él nada interesante. Pero seguí adelante, a veces no sé ni por qué.

Hago balance y observo que además de mis historias han ido apareciendo por aquí músicas, poesía, arte, viajes, reflexiones, cine... un conjunto de cosas importantes de mi vida que he intentado descifrar poco a poco, aunque me temo que en el fondo son ellas las que me han ido descifrando a mí, sin ni siquiera ser consciente de ello.
A pesar de que la intención inicial era más higiénica, y sólo pretendía ordenar mis escritos y disciplinar un ejercicio continuado de escritura, creo que al final, a través de estas líneas, se ha escapado más de mí de lo que nunca pensé. Mis elipsis, mis enigmas, mis guiños privados, mis entrelíneas... quizá no son fáciles, pero tienen sus razones y sé que llegan cuando deben llegar y a quién tienen que llegar. Forman parte de mi necesidad de tender relaciones únicas con las personas que quiero. Sin duda este espacio me ha permitido sumar y sumar en la cuenta de las personas que quiero y que aprecio. Y hablo sobre todo de las que me han acercado no sólo a sus palabras aquí, sino a sus vidas en el mundo de lo real, sea en la vertiente que sea. Son, con diferencia, lo más intenso e importante que me ha dado el blog. Sé que no hacen falta nombres, pero muchas gracias a todos.


El texto se está haciendo un poco largo, pero antes de terminar quería también aprovechar otra de esas incomprensibles coincidencias que tiene la vida. Y es que hoy, repasando textos, caí en la cuenta de que el primer texto que subí al amante del volcán, un 24 de enero de hace 2 años, fueron mis impresiones de la gran película de Ang Lee, Brokeback Mountain. Justo cuando esas palabras van a cumplir dos años, no quiero dejar de recordar que ayer desaparecía el actor Heath Ledger, co-protagonista de una cinta que a muchos nos ha proporcionado algunas de las escenas más emocionantes del cine de los últimos años.
Ennis abrazado a esa camisa, más allá de todo lo predecible que podría parecer, no deja de tener un significado especial y poderoso, ya que ahí, con esa brillante sencillez, está sutilmente representada toda una forma de sentir y de mirar la vida... la misma que respira bajo este volcán.


6 de junio de 2007

TEMPUS


Esta pequeña foto muestra el lugar donde nací. Diríase un lugar privilegiado, del "primer mundo". Y no sólo eso. Un lugar lleno de belleza, situado entre un río milenario en Historia e historias, y uno de los más bellos parques que tenemos en este país.
Es una suerte ésa. No sólo la de tener asegurado el sustento, educación en el seno familiar, formación académica y más o menos una perspectiva laboral (en su momento llegó a ser difícil, pero siempre a mucha distancia de la de la mayoría de la población del planeta). También la de contar con una familia que desea tu llegada, más siendo como era yo primogénito. Abundantes fotos e incluso películas del incipiente SUPER-8 (mi padre siempre ha sido un fanático de las últimas novedades de la tecnología de la imagen) dan fe de ello.

De todo eso hace hoy 35 años. Todos esos años desde que mi ojillos, que por aquel entonces no debían ser ni siquiera capaces de fijar las imágenes en la retina, observaron por primera vez esas Palmeras inmensas que jalonan la kilométrica avenida Sevillana. Los mismos años desde que esa primera calurosa primavera Sevillana me hacía sin duda sudar mis primeras gotas.

Pero en realidad nada nos prepara para la vida y su irracionalidad, nada nos ilumina en el laberinto de encontrarnos a nosotros mismos. Quizá la suerte de haber nacido en este rincón de la Tierra sea la de poder enfrentarnos a eso y no en su lugar a otras necesidades más primarias. Yo recuerdo haberme enfrentado ya desde muy pequeño. No sé la razón, pero sí que recuerdo haber visualizado ya con pavor (a la tierna edad de 4 añitos) lo que podía ser la no-existencia. Imaginaba el Universo, su medida infinita, e intentaba visualizar todo ese infinito en mi pensamiento. Y entonces llegaba al mareo, ese terrible mareo que muchas otras veces me debía acompañar en la vida. Después, imaginaba cómo la nada debía ser igual de aplastante que ese infinito recién intuido. Tan aplastante como aplastante era sentirme vivo e intentar comprender que era posible no estarlo...

Claro, un niño así, a priori, tenía muchas posibilidades de terminar siendo un niño "rarito" en todos los sentidos. No fue el único problema al que tuve que enfrentarme. La sombra del desarraigo siempre planeó sobre mí. En un lugar donde la familia y la identidad cultural parece que deben tener un papel capital en el desarrollo personal y emocional de las personas, este niño crecía en una cuidad donde no tenía más familia que padres y hermano. Con una madre del Norte y un padre de otro lugar del Sur. Entendiendo e integrando dos formas de estar en el mundo, sintiendo ambas como propias, pero siendo el extraño siempre en cada una de ellas. Para colmo, a este niño, del que ya decían que tenía mucho carácter, le comenzaban a gustar algunos de sus compañeros de clase y empezaba a aficcionarse ya a la música clásica.

No es fácil entregarse a la tarea de no renunciar a la búsqueda de uno mismo ante la multitud de facilidades para no hacerlo que nos ofrece el mundo. Sobre todo, cuando la búsqueda se plantea necesaria, porque uno nunca ha entendido la vida sin resolver los porqués. O al menos sin llegar lo más lejos posible con ellos. Las búsquedas no son fáciles, y con frecuencia se estrellan con lo que no nos gusta de nosotros mismos. Al final, todas las búsquedas llevan a uno mismo, y al autoconocimiento. La de la belleza, la del amor, la del sexo, la de los otros... Encontrar cosas nos lleva a plantearnos lo que pensamos que somos, y a plantearnos por qué es así y si no podría ser también de otra forma. Siempre he pensado que con ello, evolucionamos.

Para mi familia no he sido un elemento fácil: demasiado rebelde, demasiado independiente, demasiado desarraigado... Huyendo siempre, viajando lejos, yéndome a vivir solo, sin contar con nadie. Y sin embargo, siento que siempre me han imaginado frágil, es curioso. Frágil quizá porque siempre fui sensible a lo bello, receptivo para la música y las otras artes, detallista y medianamente inspirado para la creación. Y lo cierto es que creo que soy más fuerte de lo que siempre han imaginado. Pero ni tan sensible, ni tan inquieto, ni tan receptivo a la belleza como podría parecer. Me conformo con admitir que tan solo soy cada día un poco más lo que quiero ser, aunque también me sienta más lejos de lo que imagino ser. Y es que no es fácil, no.

Pero en un día como hoy, no me apetece aprovechar para hacer repasos ni balances. No. En el fondo lo que más me apetece hacer es sólo mirar para atrás y recuperar un poco más al niño que cada 6 de junio voy dejando un poquito más atrás. Porque en él, en la intensidad y la inquietud con la que lo reconozco en esas imágenes de vídeo caseras de mi infancia (esas que ahora observo con una sonrisa invisible) sigo viendo la esencia de lo que quiero ser, pero que este vampiro que es el paso del tiempo me roba sin remedio si no se lo impido. Yo, estoy dispuesto a hacerlo. En el fondo, cuando repaso muchas de las cosas que siento, sé perfectamente que desde entonces han cambiado muy muy poco.

2 de febrero de 2007

En un muro de piedra...


En un muro de piedra la encontré, aunque en aquel momento no era de piedra-piedra, al menos el decorado. Y coincidió que su imagen pública acababa de cambiar para converirse el algo indudablemente satánico. Pero sólo había que leerla para matizar ese satanismo. Aquella historia de ordenar las cintas de VHS me hizo tirar del hilo. Y ya después, sinceramente, no sé cómo sucedió todo. Pero sucedió que nos cruzamos, y que nos volvimos a cruzar, y a la tercera surgiste con fuerza y nerviosismo, una voz en el móvil, tan dulce, tan lista para que la mimaran... Y tú misma, surgiendo de aquel café de malasaña, con esa sonrisa que no se puede explicar hasta que la ves, y con ese abrazo así, fuerte fuerte, anunciado, pero no por ello menos intenso. Porque intensos lo siguen siendo cada vez que los repetimos.
Esto pretendía ser un regalo, y yo sin saber aún cómo hacer para que lo sea... Cómo hacer para que sea un regalo contar que la persona a quien le quieres regalar es, a su vez, uno de los regalos más bonitos que el blog me ha dado... Porque así es. Yo, con mi escepticismo de las relaciones a través de esto, y ella, como un huracán, rompiendo mis esquemas, haciendo nacer todo un universo de personas de carne y hueso, todas ellas especiales, como ella, así, de repente...
Gracias Nat, por los momentos de este último año. Por acompañarme en ser siempre los mayores del grupito sin dejar de ser los más jóvenes de espíritu, gracias por tu espontáneidad y tu escucha, por tu complicidad y por tu rebeldía, que me han reconfortado mucho con el mundo y con es otra forma de estar en él. Por hacer y ser como te gusta y no dejarte arrastrar por la crítica, por ser la más guapa Peter Pan de Madrid. Por dejar que las relaciones puedan ser malsanas sin dejar de ser maravillosas... y gracias (un pequeño secreto) por descubrirme el regaliz de Ikea.

Y después de tanto agradecimiento, mi regalo lo conoces bien... Es tan simple como cada vez que nos vemos, tan fuerte como nuestros abrazos, y tan libre como nuestra amistad. No lo adivinas??? Pues claro, eso mismo (shshshshs, que no se entere nadie)
FELIZ CUMPLEAÑOS, NAT.