Mostrando las entradas con la etiqueta primavera. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta primavera. Mostrar todas las entradas

21 de marzo de 2009

Primavera em Lisboa

En un año incierto para la historia colectiva, al borde de inumerables abismos sociales, humanos, personales... La llegada una vez más de este renacimiento de la belleza y de los placeres que nos brinda la naturaleza, es sin duda un apoyo a la esperanza de que todo se repite, que todo llega, que nada es para siempre. Y eso, así dicho, teniendo en cuenta lo breve que en realidad es la vida, no sé a vosotros, pero a mí me contagia de ganas de vivir con intensidad. También aquí, desde el occidente más occidente de Europa, desde Lisboa...
Feliz primavera.

22 de marzo de 2008

Y llegó...

Inflexible como un mecanismo de reloj de precisión.
Como lo que es, Naturaleza perfecta y desolada. Y aunque soplen hoy los vientos que afilan la piel y me turben las miradas sobre las nubes vertiginosas, y aunque se atropellen bajo la retina las horas azules de un invierno que no existió, que jamás debió existir, -y sin embargo lo hizo- es imparable ya el descenso al verano, a las horas perdidas, a la voluptuosidad de la noche y de los deseos sonámbulos. El silencio queda atrás, la escarcha, las manos frías, la ausencia y las noches derritiendo la acera con los pasos secos de nuestros zapatos. Escucho ya el Mediterráneo y los grillos romper la noche. En el fondo lejano del viento ya te escucho... voy hacia ti.

Feliz Primavera.

24 de mayo de 2007

Demasiada primavera

Demasiada luz.
Demasiado intensa la mirada.
Demasiada primavera.

La luz temblaba de miedo en la tarde. Demasiada piel tentadora. Y el olor, sostenido entre mis párpados. Palabras, demasiadas palabras, demasiada velocidad para tus dedos voluptuosos. Demasiada vida en cuarenta y cinco minutos. Demasiadas flores esta mañana tras el cristal. La vida abultada que no digieren estas venas dormidas. El acero latiendo sobre la acera. El paso corto y el peso ausente. Digestión veloz, ansia feroz, frutas en la garganta. Sueños que llueven, y el beso estremecido que se deshace entre las nubes. Mi vacío huye conmigo, sube hacia la noche estrellada, cuando aún no existe.

Demasiada luz.
Demasiado temor entre mis pestañas.
Mareo intenso al regresar.
Demasiada, primavera,
demasiada primavera...

21 de marzo de 2007

Y se hizo la luz...

Crack. Un ruido seco que sólo se escucha en el interior de las montañas. La balanza cambia de signo y en este hemisferio iniciamos el giro hacia la frontalidad del sol y las noches escuetas. Imperceptible sonido seco que libera las sombras. Espacio vacío que queda detrás, monotonía del gris en las aceras, y vértigo en el cuello de tu camisa al nacer de ella el aire encerrado de tu piel. Basculamos despacio, como un tobogán magnético, como una serpiente enamorada. Y la luz se hace, y nos invade, y ya no es necesario buscarla, porque se ha hecho entre todos, expandiéndose, interrumpiendo la ironía de la razón en su búsqueda inútil de la eternidad. El solsticio nos despierta al cambio, a la lúcida perspectiva, al desenfreno de la sed. Y la vida recobra su viejo sueño de olas y humedad. Y nace, renace, se reencarna sobre la carne misma, sobre la caricia del silencio, mientras la ruta del estío se desciñe, de pronto, sobre la cintura.

Como dice René Jacobs en el vídeo, "une fois qu'elle a chanté ça, on est dans la lumière". Porque nadie como Mozart para desceñir, para rasgar y hacer que entre le luz, de la manera más bella. Y es que esta música, a pesar de ser religiosa, habla de encarnación y vida, de milagros y eclosiones, de puntos de inflexión, de ecuadores... Es inmensa la delicadeza de Mozart a la hora de escribir esta parte del Credo en las misas que compuso, diferenciándola y haciendo de ellas verdaderos cantos a la vida. Éste, el de su gran Misa en do menor, es en realidad todo un (ingenioso) concierto en el que el instrumento concertante es la propia voz (audacias del Salzburgués), llevada a su máxima expresión de belleza, transformada en un instrumento de viento más, protagonista en este caso, que retorna a la naturaleza, al igual que a través de ella se materializa la carne que da soporte y sentido a la existencia.
La soprano francesa Natalie Dessay, con su habitual expresividad vocal y gestual, nos asombra con su naturalidad en este registro de coloratura que impone la luz de manera inequívoca y humana... FELIZ PRIMAVERA A TODOS.