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19 de mayo de 2009

100 años sin Albéniz.


Isaac Albéniz, 1860-1909

Me da por pensar últimamente en el poco cuidado que ponemos en tomar consciencia de nuestro Patrimonio. A veces parece que lo único que merece el rescate, la restauración o la puesta en valor es lo más tangible del pasado, es decir, la arquitectura. Y sin embargo hemos descuidado revisiones de importantes periodos de la historia de nuestro país, géneros literarios, científicos importantes, y otros tantos y tantos importantes creadores de las más diversas Artes...

La música, desgraciadamente, tampoco está entre los valores culturales por los que nos hayamos destacado mucho en cuidar como es debido. Últimamente estoy intentando descubrir nuevas obras y nuevos autores de nuestro país. Hay muy pocos, pero algún músico hay, que se está dedicando a rescatar y dar a conocer el inmenso patrimonio musical español encerrado en archivos de diferente naturaleza, olvidado y sin ser interpretado en muchos casos desde hace siglos. Al igual que hicieran hace años algunos con esa época de esplendor de la música española de los siglos XVI y XVII que ahora encandila a tantos melómanos de todo el mundo, se comienza a hacer ahora con el desconocido periodo (en lo musical, quiero decir) de los siglos XVIII y XIX. Intentaré hacer alguna entrada con lo que voy descubriendo.

Pero al hilo de lo que quería comentar, ayer fui plenamente consciente del desinterés que estos temas suscitan, ni siquiera entre las autoridades e instituciones que vertebran la vida cultural de nuestro país. Ayer se celebró el 100 aniversario de la muerte de uno de los músicos más importantes que hemos tenido, Isaac Albéniz. Casi nadie se ha hecho eco. Las celebraciones, a pesar de la rueda de prensa a bombo y platillo de la ministra de cultura, van a ser muy discretas. Y de muestra un par de botones. Ni siquiera la Orquesta Nacional de España (que la próxima semana ejecuta un programa de música española sin contar con él) lo ha programado este año. Tampoco el ciclo más importante de recitales de pianistas de este país, el de la revista Scherzo, ha intentado que su obra maestra, la suite Iberia, sea tocada en este año del aniversario de la muerte de su autor. Es cierto que existe un programa de actividades que pretende reivindicarlo, pero que si se mira detenidamente, tampoco aporta mucho, ni servirá para que efectivamente la figura de Albéniz sea más conocida y apreciada.

Y es que hablamos de un músico reconocido internacionalmente, no sólo como uno de los intérpretes de piano más importantes que hemos tenido, sino especialmente como uno de los más grandes compositores de música para piano del XIX. Su suite Iberia es considerada una de las cimas del instrumento.

Albéniz fue un músico formado en Francia, y estuvo en contacto con las élites y las vanguardias musicales de su época. Su modernidad es incuestionable, pero aquí nunca se le entendió, y eso que partió siempre de un conocimiento profundo y apasionado de la música popular, principalmente de aquellas del sur de la península ibérica. Él consiguió traducirlas a un lenguaje musical universal y moderno, a través de una escritura vibrante y honda sin dejar de ser profundamente folclórica. Y todo ello desde una complejidad formal fuera de lo normal, y una creatividad que simplemente nos desarma.

Para recordarle he elegido uno de los números de la suite Iberia menos conocidos, pero que está entre mis favoritos: Almería. Es la pura esencia del cante jondo, convertida en un impresionante ejercicio de ensoñación musical que desde una escritura nueva nos hace llegar igualmente ese lado hondo e infinitamente melancólico y oscuro que describe muy bien cómo no todo en este lugar del mundo es luz, alegría y buen humor...

La interpretación es la del pianista cordobés, Rafael Orozco, uno de los más grandes que hemos tenido en España en el siglo XX, y que se merece sólo él una entrada entera (quizá mi amigo Pe-jota se atreva a hacerlo, es de los que creo que encajan bien en su blog). No hace falta decir que es mi interpretación favorita.

6 de mayo de 2008

Oriente-Occidente

Era un viaje esperado por mucho tiempo y no por ello me ha defraudado. No sabía lo que me iba a encontrar ni cómo lo iba a percibir, a pesar de estar todo bastante bien explicado en las guías y en los libros de historia que ya había hojeado. Pero nada más llegar sentí que la ciudad tenía algo que me llamaba, que me hacía vivirla como si fuera también mía, como si yo también hubiese estado allí en algún otro momento del pasado, en alguna otra vida. Son tantos los millones de vidas que han debido cruzar esas calles, ese mar, esas piedras, que bien podría haber sido yo mismo, en otra existencia anterior, una de ellas.
Uno va acumulando impresiones, pequeños detalles, imágenes y sensaciones de ciudades que inevitablemente están en la iconografía del cine, de los libros, de la historia, de la música o del arte. Sin querer uno se va haciendo una imagen artificial con todo eso, pero luego llega el encuentro con la realidad, que puede resolverse de maneras muy diversas. En el caso de Estambul, las referencias son demasiadas, sobre todo para quien -como yo- tiene especial interés por la historia antigua. Pero Estambul es mucho más que historia antigua. Es una ciudad continuamente reinventada, en continuo movimiento (pocas ciudades he visto tan vivas como ésta) llena de complejas contradicciones y desconciertos. Capital de dos Imperios sucesivos (Bizantino y Otomano), es una de las más grandes ciudades que han visto los ojos de la humanidad. Después ha perdido casi toda su importancia, ya que actualmente no es ni siquiera capital de su país, Turquía, que pasó a ser Ankara durante la primera guerra mundial debido a la ocupación de aquella por parte de los aliados, y siguió siéndolo después. Esa condición impregna a la ciudad de una cierta melancolía, de esa que se desprende de las piedras antiguas, de la decadencia de un lugar que fue el centro del mundo, o al menos de una parte importante del mundo y que ahora, en un mundo globalizado que no entiende de culturas milenarias ni de glorias del pasado, no quiere renunciar a estar ahí, reclamando una posición que su magnetismo humano e histórico le hacen merecer. Por eso no quiere perder el tren de Europa, del progreso y de un mejor escenario para los derechos humanos. Y eso se siente de manera patente en la ciudad a pesar de las evidentes restricciones a la libertad que de manera bien visible impone el fuertemente militarizado estado turco. Se siente en las ganas de los ciudadanos de que todo funcione, de que todo esté más limpio, de que todo sea agradable para el que viene de fuera... Uno entrevé que detrás del evidente esfuerzo gubernamental, de intenciones previsiblemente económicas y de relevancia, está el apoyo de los habitantes de una ciudad (que en el fondo sigue siendo la más importante de Turquía y su escaparate más evidente hacia el mundo) que quiere progresar y conquistar poco a poco más parcelas de libertad. Y ello pasa en este momento por la oportunidad de estar en el grupo de países del mundo que han alcanzado más derechos y más libertades de todo género.
Pero más allá de todo eso Estambul late con fuerza en su increíble mosaico de culturas, de etnias y dialectos, de creencias y maneras de entender la vida. Y todos tienen su espacio juntos y en verdadero respeto desde hace siglos. Por ello, los atentados de los últimos años contra intereses hebreos o lugares de interés turístico, de efectos eminentemente efectistas, no son representativos de lo que uno siente en la calle, donde los turistas siempre son agasajados, saludados, preguntados con interés, a veces por el mero hecho de hablar unos minutos, y donde personas de actitud claramente occidental y globalizada pasean sin ningún problema junto a otras que exhiben la más estricta forma de entender el Islam, o junto a ortodoxos griegos o judíos de origen sefardí (menos en proporción, claro). Lo mismo se observa si hablamos de lenguas, o diferentes tonos de piel o de facciones físicas. El inmenso legado histórico de la ciudad nos cuenta un poco de esta milenaria fusión de razas y culturas en esta ciudad cuya estratégica situación en el estrecho del Bósforo -entre el Mar Negro y el Mar de Mármara, que lo comunica a su vez con el Egeo- la hace ser puente entre Europa y Asia, y donde la herencia helénica y romana, así como su estatus de capital de vastos imperios que llegaron a incluir grandes zonas de Europa Oriental, Oriente Medio y Asia, la convirtieron desde su origen en hogar de personas procedentes de muchos pueblos muy diversos que han hecho que su situación geográfica no sea sino una metáfora efectiva del verdadero punto de encuentro humano y cultural entre Oriente y Occidente que en realidad siempre ha sido. Por ello mis fotos, más que recoger la vida vibrante y desenfrenada de esta ciudad imposible de describir (puesto que es necesario vivirla para poderlo percibir, y sentirse así en la Europa más desarrollada y cosmopolita a la vez que en el más retirado y olvidado pueblo de un Islam que vemos demasiadas veces con reservas en la televisión) se han ocupado de captar las piedras pues ellas hablan en silencio de todo ese complejo mosaico de culturas y diferentes realidades que la ciudad ha ido viviendo y acumulando sin destruir del todo a lo largo de su historia. Con ellas y con la música de esta canción de la banda sonora de la imprescindible película del turco Fatih Akin (al otro lado) con el que de alguna manera comenzó la decisión final de este viaje, y que me ha acompañado estos días muchas veces en mi cabeza al caminar por las calles de Estambul.






De estos días, me quedo con tres fuertes impresiones. La primera, el indescriptible estupor al entrar en el gran templo de Santa Sofía, en muchos aspectos intacto desde su construcción en el siglo VI. Y sentir que pocos edificios en el devenir de la historia de la arquitectura han podido llegar a ser más bellos, más gigantescos y rotundos, más conmovedores. E imaginar (qué sería de los viajes sin la imaginación) lo que debió ser la grandiosidad de la capital del Imperio Bizantino. En esa impresión está toda la emoción que he sentido también al ver maravillosas iglesias bizantinas, como San Salvador in Chora o Pammakaristos.
La segunda, la inolvidable tarde a orillas del Bósforo, bajo la pintoresca Mezquita neobarroca de Ortaköy, porque en ella se resume esa sublime atmósfera de decadencia de las orillas del Bósforo, el yogurt exquisito de Kanica o la vitalidad de los turcos, que viven la calle de una manera intensísima.
Y por último, la belleza, la poesía de la música que en nuestra última noche nos asaltó en un restaurante lleno de turcos que cantaban canciones tradicionales y que, como metáfora de la realidad múltiple de esta ciudad, mezclaba la tradición otomana con la griega e incluso con alguna canción sefardita (como los judíos del Barrio de Balat, que aún lo hablan). Poesía que impregna la ciudad, una vez nos desprendemos de la grandiosidad de muchos de sus monumentos, para asaltarnos en una pequeña lápida, en el frescor de un jardín, o en el silencio de una calle con casas otomanas de madera oscura.

8 de noviembre de 2007

La abstracción del paisaje.


DEL ROMANTICISMO NÓRDICO AL EXPRESIONISMO ABSTRACTO


Inmersos en el stress cultural de un Madrid al que en este otoño parece que le faltan espacios en los que inaugurar exposiciones más que celebradas y anunciadas, he vuelto esta semana a uno de mis particulares e indiscutibles referentes culturales de esta ciudad. La Fundación Juan March.
No os encontraréis la ciudad empapelada de los carteles de su actual exposición, y sin embargo se erige como una de las más seductoras, interesantes y coherentes exposiciones que he visto últimamente.
Esta Fundación siempre convence con sus propuestas. A pesar de que el espacio físico del que disponen para ellas es bastante limitado, sus exposiciones nacen del rigor y la profundidad conceptual, y tienen siempre un eminente sentido didáctico, no tanto como difusores del arte, sino como motivadores de la reflexión en torno al arte. Además, siempre acompañan sus muestras de un profesional y completo servicio gratuito de visitas guiadas que constituyen un verdadero placer para los que asistimos a ellas (miércoles por la mañana y viernes mañana y tarde).

En esta ocasión, el argumento de la exposición que nos traen hasta inicios de Enero, es LA ABSTRACCION DEL PAISAJE. En ella, partiendo de una interesante teoría del historiador americano Robert Rosenblum, nos seducen con otra posible interpretación de la evolución de la pintura moderna (alejada de la tradicional y oficial, aquella que pasa necesariamente por Picasso y Matisse). En ésta, y partiendo de la ruptura de la escuela francesa y la alemana (y por ende nórdica) en cuanto a interpretación de la naturaleza (la francesa, naturalista, centrada en la impresión real y espontánea de la naturaleza, y la alemana, que introduce el elemento romántico -espiritual- que la transforma en algo misterioso, sobrenatural e inquietante) asistimos a toda la evolución que esta segunda interpretación va ejerciendo en pintores posteriores hasta llegar, por otra vía, hasta la abstracción.
Así, partiendo de una serie de paisajes a la sepia (representando tres de las cuatro estaciones del año) de Caspar David Friederich (perdidas desde 1935 y recientemente recuperadas y restauradas, de hecho esta es la primera vez que se exhiben tras su "presentación" en Berlín) la exposición se articula en torno a una serie de trabajos sobre papel que van recorriendo grandes nombres (y algunos menos conocidos) de la historia de la pintura occidental (Turner, Van Gogh, Munch, Kandinsky, Mondrian, Klee, Rothko...) y que nos van ilustrando a través de diferentes representaciones del paisaje cómo la conceptualización del la mirada espiritual romántica sobre el paisaje va evolucionando en una transformación de las formas que desemboca en la abstracción. Rosemblum, en el fondo, tiende un hilo que pretende unir lo sublime romántico que representa el romanticismo nórdico (Friederich) con lo sublime abstracto que representa el expresionismo abstracto americano (Rothko):

"La línea que va de lo sublime romántico a lo sublime abstracto es una línea quebrada y tortuosa, puesto que su tradición es más la del sentimiento singular y errático que la del sometimiento a disciplinas objetivas"

Más allá de la distorsiones de esta teoría y de las polémicas que ha suscitado en el mundo del arte, no cabe duda que como propuesta de reflexión es tremendamente atractiva. Y sobre todo, supone una ocasión para asistir a un ejercicio de comprensión de muchas de las claves de la evolución del arte hasta nuestros días (muy recomendable por lo tanto para los que no terminan de entender la abstracción en la pintura).
Como siempre, la web nos obsequia con un abundante material documental para prepararnos bien la visita y gozarla. También (como casi siempre) en torno a la muestra se ha organizado un ciclo de conferencias y otro de música, inspirados en temas y argumentos relativos a la exposición. Yo con seguridad iré alguna vez más a verla. Reconozco que salí sin aliento de mi primera visita, pero con la sensación de no haberla aprovechado pues es bastante lo que es necesario asimilar.

Hasta el día 13 de Enero.

17 de mayo de 2007

17 de maio, día das Letras Galegas

Hoxe celébrase o dia das Letras Galegas. Unha festa da palabra. Palabra como reivindicación da identidade cultural, como xeito de afirmar a necesidade da fala como eixo da vida e da humanización deste mundo á deriva. Para min, dependente confeso da palabra, é un día especial, porque tamén esta lingua e a maioría das súas palabras, dos seus xiros, da súa fráxil e fermosa poesía, camiñan a modo polas miñas veas.
Cada ano, homenaxease unha figura das Letras Galegas, e normalmente inténtase revalorizar algunha figura esquecida ou pouco estudada. Este ano, a elixida foi a poeta María Mariño, da que inclúo unha pequena poesía.

Somos un ou somos dous, ou tantos como en nós temos?
Cada un é o caber dun mundo que non sabemos
si somos ou si el é o que ten e nós mecemos.

A miña propia homenaxe ten un autor convidado, un dos meus preferidos. E ven con xeito de conto pequeno, casi microrrelato, e que deixa ese doce vértigo da existencia ao que nos ten afeitos.

Convidado: MANUEL RIVAS

A PONTE DE MARLEY, extraído de "As chamadas perdidas"

Tiña na parede da habitación un póster de Bob Marley e a avoa, que só vía cando quería, e así estaba como unha rosa, díxolle: "Moi ben, nena ¡un sagrado corazón!" E era verdade que se parecían. Marley, Xesús Cristo e o mozo da ponte. Mirábao pasar dende a praia fluvial co seu pelo de rasta e o andar desgonzado, pero rítmico, como se camiñase sobre unha corda frouxa ou na liña do horizonte. Un día cruzáronse e el sorriulle. Ela ampliou o sorriso até que ocupou a súa mente. Namorouse daquel sorriso. Pero endexamais volveu ver ao mozo da ponte. naquel pobo, a xente humilde nacía cunha maleta debaixo do brazo.
Cando de verdade casou, xa non tiña o póster de Marley nin de ningún outro. So unha pquena reproducción de Paxaros na noite, de Edward Hopper. A avoa, si. Conservaba o seu Sagrado Corazón de Xesús, cada vez mais esvaído. Era un cadro este que a ela a deprimía. A exposición da víscera rosácea, coas súas chagas e a coroa de espiñas parecíalle un icono de crueldade na habitacíón dunha enferma. A pintura dunha cultura canibal, que sentía devoción pola súa víctima, Cristo, o derradeiro cristián.A avoa mentía. Dicía que só vía un resplandor.
Ela casaba cun sorriso que pertencía á vida. A véspera da voda levara ao seu noivo á ponte e conseguiron abaneala co embate dos seus corpos entrelazados. O outro enlace, o oficial, foi unha ceremonia ao grande, á que se deixaron levar sen resistencia, conscientes de que unían dous apelidos, dúas herdanzas, dúas dinastías. Era o día do Corpus e, ao saíren da Igrexa, camiñaron como reis sobre unha alfombra de flores. Ao principio, entre flashes e saúdosnon se fixou nas estampas vexetais que pisaba despreocupada, e que ducias de mans compuseran na noite.
Até que empezou a ver a alfombra como un cadro que a metía dentro, O Espírito Santo, unha pomba de pétalos de dalia branca. A Biblia cos lombos de casca de piñeiro e o perfil de follas de fideo. Un Deus Pai co cabelo prateado de serraduras de aluminio e o manto azul de hortensia. Na man, un lóstrego mouro, de grans de café, con resplandor de candeas. E, con tento de non pisar o Sagrado Corazón, pétalos de rosa con coroa de silveira ao cabo da alfombra, alzou a vista, buscando con angustia o seu propio sorriso. Había anos que a ponte non existía.

8 de marzo de 2007

El frágil sueño de la Libertad (2)

Muchas gracias a todos. El tema de las misiones pedagógicas es un tema que siempre me ha emocionado, desde que lo conocí... Ya había visto yo alguna información de la misma en otras exposiciones (La preciosa que la residencia de estudiantes dedicó hace 4 o 5 años a Luis Cernuda, o aquella otra que la Biblioteca Nacional dedicó al proyecto republicano de las bibliotecas itinerantes). Pero conocerlo desde este punto de vista tan directo de los que lo llevaron a cabo me ha llegado al corazón.
Una buena amiga ha trabajado de documentalista en ella, y me ha prometido ya un café para contarme anécdotas (tengo también mucho interés en conocer la procedencia de muchos documentos y cómo han resistido el paso de la dictadura... )
Lo que más me queda de esto es la labor desinteresada de estas personas en un proyecto laico y sin vinculación ideológica, que en su día todos criticaron por uno y otro bando, pero que dejó una honda huella en todos a los que benefició. Como me dice mi amiga, era una forma de que el mundo desarrollado de la ciudad devolviese al mundo rural lo que (en realidad) le debía...

Gente como Luis Cernuda, todo un señorito andaluz, que se montaron en un burro y se dedicaron a visitar durante semanas lugares tan atrasados como nos los puedan parecer hoy en día muchos del tercer mundo, y dedicarse a alimentar y hacer crecer las almas de esa gente hundida en la pobreza y el retraso. Hay una foto muy bonita de él con un niño en brazos, que recuerdo vivamente.

Son tantas y tantas las que se me quedaron grabadas en la retina, como esa que iniciaba la entrada anterior, con esos niños descubriendo el placer de la lectura... Había testimonios de diarios de maestros realmente conmovedores, o cartas escritas desde estos pueblos (supongo que al amparo de los maestros locales) que pedían dotación para completar sus bibliotecas (una en especial de un grupo de niños de Asturias que querían completar su colección de novelas de Emilio Salgari...) Ya digo, tantos y tantos testimonios... Luego los del final, las maestras recordando cómo debieron negar que lo eran ante la autoridad, y cómo, por confesarlo, muchos fueron encarcelados... Realmente, la represión del saber es una de las más crueles y mezquinas que puedo imaginar... siempre me ha despertado una profunda tristeza la gente que murió, no ya por defender sus ideas, sino por defender que todos tuviesen derecho y capacidad para defender las suyas...

Como dice Antinoo, ¿qué nos queda ahora, en la sociedad del acceso a la información sin límites, del acceso más o menos democrático a la cultura, a la casi completa mercantilización de la misma...? ¿Qué nos queda, qué valor, qué papel tiene hoy en día la cultura?

Yo creo que la cultura, como decía él, se ha convertido en un bien de consumo, y está pasando por una etapa de banalización, en la que lo que es de acceso universal es sólo la capacidad de , ya sea, llegar a, conocer, o adquirir los "productos" que la cultura genera.

Y yo pienso, sin embargo, que la verdadera cultura, más que un acceso a una serie de cosas, consiste en un aprendizaje, y requiere (más que de su asimilación), de un esfuerzo para que lo que nos llega nos aporte y nos haga crecer a nivel intelectual y humano.
En el fondo, la cultura es un desafío a la capacidad de la persona, y obliga a una búsqueda personal, al ejercicio de la duda y al compromiso de la crítica.
A pesar de que a través de la red tantas cosas sean accesibles desde cualquier lugar y por cualquier persona, no sé si, en el fondo, eso implica que el aprovechamiento de la cultura haya tenido lugar. La cultura necesita de una actitud, y ésa sí debe ser enseñada... Me pregunto si los sistemas educacionales enseñan a tomar la cultura de esa forma. Siempre he sido partidario del sistema de educación francés, porque es profundamente incisivo en la formación en humanidades, que no deja de ser la herramienta para conseguir todo eso que digo... Pero ¿¿¿qué se hace aquí??? ¿¿¿Por qué nos empeñamos en que la educación sea cada vez más una formación casi profesional y profundamente específica??? ¿¿¿Dónde quedó la importancia del espíritu Renacentista del hombre global, de la cosmovisión del mundo?? ¿Cómo vamos a ser capaces de tomar distancia de la vida sí cada vez somos más escecíficos?

Bufff, muchas preguntas, seguramente con poca respuesta... Alguien se anima a opinar???

7 de marzo de 2007

El frágil sueño de la Libertad

Termina esta semana en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid una de las exposiciones más emocionantes que se han exhibido aquí en los últimos años.
A iniciativa de la Fundación Giner de los Ríos ( Institución Libre de Enseñanza), y con el apoyo de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, la Residencia de Estudiantes y el Ayuntamiento de la capital entre otros, la muestra LAS MISIONES PEDAGÓGICAS 1931-1936, pretende ser un homenaje, en el 75 aniversario de su fundación, a su presidente, Manuel Bartolomé Cossío, y a todas las personas que participaron en ellas. Este proyecto, nacido de la propia mente de Bartolomé Cossío, e impulsado con gran ilusión por el gobierno de la Segunda República, constituye una de las aventuras más innovadoras y revolucionarias que un gobierno europeo haya emprendido en el siglo XX.


Conscientes de las grandes desigualdades existentes en la época entre las ciudades y los entornos rurales, se emprende este proyecto en el año 1931, con tres grandes objetivos:

· El fomento de la cultura general por medio de la creación de bibliotecas y de la organización de conferencias, lecturas públicas, proyecciones cinematográficas, audiciones musicales, recitales de coros o pequeñas orquestas, representaciones de teatro y guiñol, exposiciones de pintura por medio de un museo circulante…
· La educación ciudadana en los postulados democráticos a través de conversaciones acerca de los derechos y deberes de los ciudadanos, con el objetivo de dar a conocer la Constitución y el espíritu de la República.
· La orientación pedagógica de los maestros de las escuelas rurales a partir de visitas a las escuelas y cursos para mejorar la metodología docente y la calidad de la enseñanza.

El Patronato estaba organizado en siete servicios para la realización de las diversas actividades que planteaba:
– Museo Pedagógico Nacional
– Museo Circulante
– El Coro y el Teatro del Pueblo y Retablo de Fantoches
– Servicio de Cine y Proyecciones Fijas
– Servicio de Música
– Servicio de Bibliotecas
– Otras actividades de Misiones Pedagógicas.


Estas acciones "ambulantes" se desarrollaron a lo largo de la vida de la Segunda República en "Misiones" que recorrieron más de 7000 pueblos de la geografía española.
La exposición pretende dar a conocer esta importantísima labor, pero no como un ejercicio de propaganda de la acción cultural ejercida por el gobierno democrático de la República, sino más desde un punto de vista testimonial de los misioneros que participaron en ellas (maestros, intelectuales, dramaturgos... no hay que olvidar el número de personas conocidísimas del mundo de la cultura como Luis Cernuda o María Moliner, que se implicaron en ellas) y de quienes se beneficiaron de ellas.

Todo ello a través de multitud de emocionantísimos documentos en forma de películas, cartas, diarios, textos oficiales, y un abudantísimo fondo fotográfico que nos dibuja esa dura realidad rural de la España de la época y cómo desde el esfuerzo y la ilusión de estos visionarios, se inició la materialización de uno de los sueños más bellos que uno pueda imaginar: el de la democratización de la cultura. Porque, a pesar de la obligatoriedad de la escolarización, la escasez de medios y la pobreza generalizada hacían que el acceso a la cultura fuera algo imposible para determinadas clases sociales, especialmente en los ámbitos rurales. Y hay que admitir que la igualdad y el progreso sólo son posibles con la condición de un acceso universal a la cultura:

Porque la cultura es la única herramienta indestructible para poder ser libre, ya que nos permite conocer la realidad en su totalidad y por ello nos otorga la capacidad de ser críticos. Porque es la única vía para ser capaces de elegir, de opinar, de progresar... y eso sólo es posible desde una cultura laica y global, como la que se proponía en estas misiones pedagógicas, generosa en compartirlo todo y sin practicar el adoctrinamiento, como sí sucedió más tarde.

Y también porque contribuyendo a enseñar a apreciar la belleza en las artes, podemos hacer que la gente sueñe, y sólo los sueños nos hacen imaginar y construir, y ser conscientes de lo que puede ser, de lo que podemos ser, y así entregarnos a ello.



Y por tantas y tantas razones... he entendido que se trata de uno de los proyectos más hermosos que se que hayan llevado a cabo en este país, realmente de los más hermosos que uno pueda imaginar.
Por eso, y porque siempre he vivido de manera muy especial el antiguo ejercicio del maestro, del enseñante, del tutor... , porque mi madre lo ha sido durante toda su vida con convicción y vocación, haciendo de su oficio un valor en sí mismo, por el arrojo y la pasión que siempre ha puesto en las aulas a la hora de ejercerlo. Por eso, creo que sé vivir el trasfondo emocionante de esas imágenes de una maestra accionando el gramófono frente a un grupo de niños para hacer sonar los clásicos donde nunca sonaron y seguramente nunca podrán volver a sonar en muchísimos años, porque sé qué hay detrás de la emoción de ser capaz de transmitir la pasión por la lectura y el arte sin limataciones, porque sé qué hay en esa satisfacción de transmitir lo que se sabe, de compartirlo de la manera más bella que existe: como herramienta para crecer.


Por todo ello me emocioné, y me emocioné mucho, leyendo y escuchando esas palabras, viendo esos rostros, o mirando esas imágenes de cine. Y (lamentablemente) porque, después de todo eso, repentino, como siempre lo hace, llegó el tiempo de la oscuridad. Y muchos misioneros terminaron huyendo o siendo perseguidos e incluso asesinados... porque supongo que esa labor se convirtió en subversiva y peligrosa para el nuevo régimen, porque la libertad siempre es peligrosa para los que pretenden imponer su visión de la vida... Por ello, los últimos testimonios del horror no pude terminar de leerlos y necesité salir fuera a respirar y ver el sol, porque me sentí triste y mezquino de lo que el hombre puede llegar a hacer.

Sí, la libertad no es una conquista fácil, aunque a veces parece que pueda tocarse con los dedos. Por eso, desde aquí quiero expresar mi más sentido agradecimiento y sentimiento de orgullo para los que contribuyeron a que la libertad estuviese un poquito más cerca de ser una realidad, y también para todos esos otros que han tenido la bellísima idea de acercárnoslo en esta imprescindible exposición que cerrará el domingo sus puertas. Era un homenaje más que necesario.