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15 de marzo de 2009
Realidad, noche y deseo.
Hay momentos en los que no hay instante para el deseo, y nos ocupamos en vivir la realidad, hasta en sus más cotidianos detalles. Tomar el sol, estos días que hay tanto, saborear un rico zumo de naranja por la mañana, pasear y sentir el aire en la piel, reírse sin sentido, decir alguna sinceridad sin filtro de la razón, bailar porque sí, sin necesidad de que haya música, rozar el brazo eléctrico de un cuerpo tibio a tu lado mientras suena Mozart. Capaces de actuar sin que la consciencia del paso siguiente, de las acciones supuestas o de las ramificadas repercusiones nos ate a la voluntad. Como peces sin memoria... y sin recuerdo del deseo.
Entonces llega la noche, y en la oscuridad silenciosa de una calle trasera, sin posibilidad de charcos que reflejen las pocas estrellas que consiguen sobrevivir al neón salvaje de la metrópolis, levantas la mirada y ahí está el cielo, oscuramente quebrándose a tu paso, como dispuesto a hacer llover su tinta espesa sobre tus neuronas dormidas, aún drogadas por el sol. Y entonces, toda la podredumbre te asalta, la insondable irregularidad de la calle fría, las sombras mudas detrás de la esquina, la espada afilada del ecuador de la noche. Y tras ellos, como un salto al vacío, el deseo amordazado, que te ahoga implacable, al paso de las sirenas.
Etiquetas:
Consoli,
pintura,
reflexiones
12 de agosto de 2007
Piedras Naranjas
Habla la Consoli en esta canción compuesta por Goran Bregovic de lo difícil de la inclinada cuesta del abandono. De cómo la vida nos entrega riquezas y miserias y ambas son indisolubles, del olvido como remedio a la impotencia... Palabras en las que no termino de creer. Porque en el fondo nunca se olvida lo que te construye, lo que te cambió o quien te hizo tocar la eternidad.
Y aunque ella diga que un viento cálido anuncia siempre el despertar de tiempos mejores, a mí el viento cálido me devuelve también siempre a un recuerdo cada vez más sano y del que soy consciente de que no deseo borrar porque, a su manera, también me hace bien.
El Mediterráneo, de alguna forma, es un poco el abandono. El abandono del vestigio que nos une a lo que somos. Porque en el Mediterráneo están gran parte de nuestras raíces culturales e intelectuales. Por eso me gusta acercarme en verano a esos sitios en los que lo que queda de ese pasado parece querernos hablar. Para imaginar entre piedras caídas una existencia que quizá olvidé, pero que siento que me habla cuando en silencio las toco y las escucho. Ahí está Ovidio en cada esquina, imaginando lo que sigue repitiéndose una y otra vez transformado y metamorfoseado desde entonces: personajes, dramas, dilemas, tentaciones, traiciones... Y sólo tocando las piedras, mirándolas, en ese inevitable y aristotélico acto, consigo alcanzar ese íntimo placer de entender la intensidad de la vida.
Por eso, este verano, más allá de visitar de nuevo mi adorada Italia, de hablar su lengua y mezclarme con sus gentes, más allá de contemplar la maravilla del Barroco Siciliano o de su abrupta costa noroccidental o de subir a sus escarpadas y pintorescas villas, necesitaba llegar a sus piedras. A todas esas piedras de los pueblos antiguos del mediterráneo que la poseyeron, que hicieron de ella su hogar y el reino de sus deseos, y que también a muerte la defendieron, entre tierras de profundo amarillo y verdes desiguales, intensos de las viñas y pálidos de los sabios olivos ancianos. Entre ellos, sin duda, destacan los griegos, que desde que en el año 734 antes de cristo establecieran allí su primera colonia en lo que hoy es Giardino Naxos, convirtieron esta isla paradisíaca del Mediterráneo en su sueño dorado. La Magna Grecia llegaron a nombrarla.
Y la isla, que ha visto pasar pueblos e identidades durante siglos y siglos como en pocos lugares del mundo, no ha dejado de olvidar aquellos bellos helenos que levantaron templos y palabras, sueños y belleza. Aquellos que sin embargo debieron olvidar allí la blancura impoluta de la piedra del Egeo, y entregarse a ese naranja, bellísimo también, de la tierra siciliana. Un naranja que sobrecoge al atardecer, que te llena de su esencia y te acompaña para siempre. Sicilia ha cuidado tanto estas piedras que quizá sea aquí donde podemos encontrar los más completos y cuidados restos arqueológicos del mundo griego... qué curioso.
He recorrido la mayoría de ellas este verano. Casi todas me han gustado, por su poder de evocación, por su belleza, afilada y abundante a pesar del calor que siempre cayó a plomo sobre nosotros. Sin embargo, sólo las ruinas de Segesta consiguieron conmoverme.
Quizá por esa sensación aguda de abandono que que se transforma en eco. Porque está ubicada lejos de la civilización e incluso ni en verano está abarrotada de turistas. Porque en ella hay silencio. Porque su templo está inacabado y nunca se llegó a terminar, como asumiendo la belleza de la imperfección, como susurrando que la belleza absoluta duele bajo la piel. Porque su teatro tiene una de las ubicaciones más melancólicas que jamás he visto, mirando hacia colinas de verde y amarillo, como sobrevolando el mundo.

Me senté a admirar el templo desde su parte trasera, la que da sobre un elevado precipicio desde el que Agathocles, una vez los Cartagineses hubieron conquistado la ciudad tras casi cien años de intentarlo, arrojó a unos 8.000 habitantes de la misma en el curso de tres días. Una colonia de grajos parece querer, aún hoy en día, recordar aquella tragedia. La destrucción y la crueldad, como siempre, han sido indisolubles a la civilización y a la belleza en la antigüedad. Ahora, desde que en el siglo XIII los árabes decidieran abandonar la ciudad, sólo queda eso, abandono.
A pesar de todo, una extraña paz se respiraba allí. No sé... me quedé muchos minutos. Las voces de aquellos ya no se escuchaban. De repente, comencé a escuchar aquella otra, que me hablaba de distancia y deseo, de isla y de intensidad. Y aquel sol de la tarde que descendía, y me llenaba de luz anaranjada, y de palabras que siguen flotando siempre en el aire del atardecer. Y recordé el invierno y el olvido, y el silencio que guarda palabras secretas. Y entonces todo comenzó a precipitar sobre el Mediterráneo.
Desde Madrid, miro cada tarde a la ventana, esperando que lleguen las piedras. Deben haber equivocado ruta. Sin duda vuelan hacia su casa en el oriente.
"Ma un vento caldo annuncerà il risveglio di tempi migliori
Ma un vento caldo plasmerà il rigori di spietati inverni..."
18 de julio de 2007
Cerrado (poco) por vacaciones.
E la bella Trinacria,
he caliga tra Pachino e Peloro,
sopra 'l golfo che riceve da Euro maggior briga,
non per Tifeo ma per nascente solfo,
attesi avrebbe li suoi regi ancora,
nati per me di Carlo e di Ridolfo,
se mala segnoria,
che sempre accora li popoli suggetti,
non avesse mosso Palermo a gridar: "Mora, mora!"
Dante
Paradiso: Canto VIII
Cuenta la Leyenda que tres ninfas que viajaban alrededor del mundo recogiendo lo mejor de éste, llegaron a un mar de extraordinaria belleza, y dejaron allí caer sus flores y sus frutos. De las aguas surgió la masa de tierra de una Isla con tres extremidades, y se convirtió en el cofre precioso de toda la belleza del mundo. Esa isla armoniosamente triangular no era otra que Sicilia, y esta leyenda explica su forma y da origen al símbolo de la isla, la Trinakria, una cabeza de medusa de la que salen tres piernas, las tres esquinas de esta tierra llena de Historia y de belleza.
La leyenda dio paso a la historia escrita de los abundantes moradores y conquistadores de la Isla, desde griegos y romanos, pasando por normandos y llegando a franceses y aragoneses. Miradas y miradas que han dejado sobre la isla una interminable herencia de patrimonio artístico y cultural. Un pueblo de infinita hospitalidad, pero con evidentes dobleces en su piel y en su memoria. Una tierra de contrastes y contradicciones.
El olvido del hedonismo mediterráneo, que lo envuelve y lo llena de su riqueza dramática y abrupta, la exuberancia de un paraíso de belleza que araña y abandona... Allí me voy, con mi verano de noches cálidas e inesperadas, con el sueño de las salamandras y las miradas intensas de julio, con la idea puesta en dejarme llevar por lo que salga en mi camino, sea mar, ruina griega, voluptuoso barroco, o una tarde infinita de farniente bajo la sombra que quiera cobijarme... Quiero abandonarme, como hago en cada viaje que emprendo. Abandonarme y ser yo también habitante de la isla de la trinakria...
Serán sólo unos días...
A la vuelta os contaré.
Hasta pronto, cuidadme el volcán, que yo andaré por otros. Os dejo, una vez más, con una de mis sicilianas favoritas, Carmen Consoli, cantando esta vez música de la tradición de su tierra de origen.
he caliga tra Pachino e Peloro,
sopra 'l golfo che riceve da Euro maggior briga,
non per Tifeo ma per nascente solfo,
attesi avrebbe li suoi regi ancora,
nati per me di Carlo e di Ridolfo,
se mala segnoria,
che sempre accora li popoli suggetti,
non avesse mosso Palermo a gridar: "Mora, mora!"
Dante
Paradiso: Canto VIII
Cuenta la Leyenda que tres ninfas que viajaban alrededor del mundo recogiendo lo mejor de éste, llegaron a un mar de extraordinaria belleza, y dejaron allí caer sus flores y sus frutos. De las aguas surgió la masa de tierra de una Isla con tres extremidades, y se convirtió en el cofre precioso de toda la belleza del mundo. Esa isla armoniosamente triangular no era otra que Sicilia, y esta leyenda explica su forma y da origen al símbolo de la isla, la Trinakria, una cabeza de medusa de la que salen tres piernas, las tres esquinas de esta tierra llena de Historia y de belleza.
El olvido del hedonismo mediterráneo, que lo envuelve y lo llena de su riqueza dramática y abrupta, la exuberancia de un paraíso de belleza que araña y abandona... Allí me voy, con mi verano de noches cálidas e inesperadas, con el sueño de las salamandras y las miradas intensas de julio, con la idea puesta en dejarme llevar por lo que salga en mi camino, sea mar, ruina griega, voluptuoso barroco, o una tarde infinita de farniente bajo la sombra que quiera cobijarme... Quiero abandonarme, como hago en cada viaje que emprendo. Abandonarme y ser yo también habitante de la isla de la trinakria...
Serán sólo unos días...
A la vuelta os contaré.
Hasta pronto, cuidadme el volcán, que yo andaré por otros. Os dejo, una vez más, con una de mis sicilianas favoritas, Carmen Consoli, cantando esta vez música de la tradición de su tierra de origen.
9 de julio de 2007
Palabras y pasión
Las palabras se deshacen en el aire, y en la boca se transforman en pasión que alimenta el alma. O quizá sea la pasión la que las deshace antes de llegar a los labios. Quién sabe. Y es que es la pasión es un concepto que nos huye a la comprensión, y a la explicación...
La pasión, por ejemplo, no es como la energía, pues lo mismo se crea que se destruye... y sólo en algunos casos se transforma. Lo que sí hace es contagiarse. Se contagia a través de las manos, de las miradas, de los gestos, y de las palabras, esas mismas que a veces se deshacen nada más ser pronunciadas, pero que otras, nos llegan como dardos que hacen arder nuestros sentidos.
Dedicada a todos los que últimamente me alimentan con pasión. Pasión de palabras y de miradas, de momentos compartidos y de sonrisas, de complicidades y de abrazos, de preciosos abrazos. Y de besos. Y de piel...
Para ellos, bien saben quiénes son, esta canción. Parole di burro (palabras de mantequilla) de Carmen Consoli. Con un estribillo que bien podría ser un himno a la pasión.
"Cuéntame las historias que te gusta inventar, asústame
cuéntame las nuevas y exaltantes victorias
Conquístame, invéntame
Dame otra identidad
Atúrdeme, desármame, y al final golpea
abrázame y embriágame
de ironía y sensualidad
Abrázame y embriágame
de ironía y sensualidad"
Parole di Burro
Narciso parole di burro
si sciolgono sotto l'alito della passione
Narciso trasparenza e mistero
cospargimi di olio alle mandorle e vanità modellami…
Raccontami le storie che ami inventare spaventami
raccontami le nuove esaltanti vittorie
Conquistami inventami
dammi un'altra identità
stordiscimi disarmami e infine colpisci
abbracciami ed ubriacami
di ironia e sensualità
Narciso parole di burro
nascondono proverbiale egoismo nelle intenzioni
Narciso sublime apparenza
ricoprimi di eleganti premure e sontuosità ispirami.
Raccontami le storie che ami inventare spaventami
raccontami le nuove esaltanti vittorie
Conquistami inventami
dammi un'altra identità
stordiscimi disarmami e infine colpisci
abbracciami ed ubriacami
di ironia e sensualità
abbracciami ed ubriacami di ironia e sensualità
Conquistami
La pasión, por ejemplo, no es como la energía, pues lo mismo se crea que se destruye... y sólo en algunos casos se transforma. Lo que sí hace es contagiarse. Se contagia a través de las manos, de las miradas, de los gestos, y de las palabras, esas mismas que a veces se deshacen nada más ser pronunciadas, pero que otras, nos llegan como dardos que hacen arder nuestros sentidos.
Dedicada a todos los que últimamente me alimentan con pasión. Pasión de palabras y de miradas, de momentos compartidos y de sonrisas, de complicidades y de abrazos, de preciosos abrazos. Y de besos. Y de piel...
Para ellos, bien saben quiénes son, esta canción. Parole di burro (palabras de mantequilla) de Carmen Consoli. Con un estribillo que bien podría ser un himno a la pasión.
"Cuéntame las historias que te gusta inventar, asústame
cuéntame las nuevas y exaltantes victorias
Conquístame, invéntame
Dame otra identidad
Atúrdeme, desármame, y al final golpea
abrázame y embriágame
de ironía y sensualidad
Abrázame y embriágame
de ironía y sensualidad"
Parole di Burro
Narciso parole di burro
si sciolgono sotto l'alito della passione
Narciso trasparenza e mistero
cospargimi di olio alle mandorle e vanità modellami…
Raccontami le storie che ami inventare spaventami
raccontami le nuove esaltanti vittorie
Conquistami inventami
dammi un'altra identità
stordiscimi disarmami e infine colpisci
abbracciami ed ubriacami
di ironia e sensualità
Narciso parole di burro
nascondono proverbiale egoismo nelle intenzioni
Narciso sublime apparenza
ricoprimi di eleganti premure e sontuosità ispirami.
Raccontami le storie che ami inventare spaventami
raccontami le nuove esaltanti vittorie
Conquistami inventami
dammi un'altra identità
stordiscimi disarmami e infine colpisci
abbracciami ed ubriacami
di ironia e sensualità
abbracciami ed ubriacami di ironia e sensualità
Conquistami
12 de enero de 2007
Atlántidas cotidianas.

Cuando la espera nos asalta en las esquinas del día, y el recuerdo de una mirada vence a cualquier precio la heroica resistencia...
Cuando el tiempo se hace circular y nada detiene su giro...
Es entonces preciso que sepáis que en vuestros abismos también reposa una misteriosa Altántida de silencios.
Y que sus sueños truncados recorren la memoria kilométrica de la piel.
Y que en el rumor de las olas, en la marea que remueve la arena y traslada las piedras minúsculas sobre su espuma, se escucha el eco de su pasado y de sus sueños acuáticos.
La Atlántida somos todos alguna vez. Y todos tenemos un espacio mudo que esconde tesoros hundidos en el olvido de las algas, innudados del óxido de las manos azules. Mundos imposibles con los que soñar, y de los que escapar... contínuamente.
SONRISA DE ATLÁNTIDA
Este pensamiento, de repente me sacude
y destruye todo pudor y toda defensa.
Había sofocado aquella estúpida actitud
de vuelos Pindáricos y destructoras esperas heroicas,
y sobreviviré a esta falta de oxígeno.
A pesar de las insidiosas corrientes llegaré
al fondo de los abismos entre antiguos espendores
de un mundo inmerso desde miles de años.
Estupidamente he temido la inmensa y despiadada belleza, la profundidad de tus ojos.
Este pensamiento suaviza el despertar
incomodando la somnolencia, la habitual pereza.
Reviven fragancias extintas y ocasos de encanto.
Las grandes esperanzas arrebatadas por la ira de los océanos en tormenta,
envuelta de una prodigiosa atmósfera Atlántida
sonríe intacta y dirige una mirada amistosa al fondo de los abismos, antiguos esplendores
de un mundo inmerso desde miles de años
Estupidamente he temido la inmensa y despiadada belleza, La profundidad de tus ojos.
Carmen Consoli.
SORRISO DI ATLANTIDE
Questo pensiero d’improvviso mi scuote
e annienta ogni pudore ed ogni difesa
Avevo soffocato quella stupida attitudine
ai voli pindarici ed alle struggenti eroiche attese
e sopravviverò a questa mancanza di ossigeno
malgrado le insidiose correnti arriverò
In fondo agli abissi tra antichi splendori
di un mondo sommerso da migliaia di anni
stupidamente ho temuto l’immensa e spietata
bellezza la profondità dei tuoi occhi
Questo pensiero rende soave il risveglio
scomodando il torpore la consueta pigrizia
rivivono fragranze estinte e tramonti d’incanto
Le grandi speranze travolte dall’ira di oceani in tempesta
avvolta da una prodigiosa atmosfera Atlantide
sorride intatta e volge uno sguardo amichevole
In fondo agli abissi antichi splendori
di un mondo sommerso da migliaia di anni
stupidamente ho temuto l’immensa e spietata bellezza
la profondità dei tuoi occhi
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