Me despierto estas mañanas con el sueño a punto de ser atrapado por sus extremos. Con la sensación en los labios pero sin argumento, con un sentimiento parecido más a la intuición que al recuerdo que se borra, como si los sueños se traspusieran transformándose en futuro posible que aún está por llegar, pero que deja un preludio en algún lugar de los innumerables pasillos que guardan dedos, memoria o anhelo... A veces sí, a veces consigo tirar del hilo, a la espera de ver desplomarse sobre mí, uno tras otro, los personajes secundarios, protagonistas de todas las historias menores, secuelas, anécdotas... Y es que ya me lo sé, lo principal siempre me queda en sombra. Un abrazo que no di y tampoco sé a quién, una palabra que olvidé, un rostro que no descifro, que puede no ser nadie, pero a quien no dejo de presentir clave para comprenderlo todo.
Recuerdo cuando, hace años ya, solía recordar casi todas las historias que pasaban por mi cabeza en las horas de la noche. Siempre ligados a las inquietudes del momento, casi siempre reconocibles, recomponibles como un puzzle que encajaba bien con la realidad. Ahora no, ahora los sueños son pistas secundarias, rostros de lo más cotidiano, y la sospecha de que entre las sombras, algo sucede durante el sueño que no soy capaz de trasladar al consciente. He dejado de angustiarme por ese olvido que me practica mi propia mente.
Llevar una vida ciertamente equilibrada, aunque no carente de emociones, ha ordenado quizá demasiado el descontrol incierto del pasado, y a veces no sé si me ha dormido a mí también en un orden que no estoy seguro si permite dudas, o tan sólo las tolera en los márgenes del cuaderno o a pie de página. Soy consciente que en ese pozo de oscuridad de la noche no sólo los protagonistas de mis sueños se pliegan hasta hacerse invisibles a la luz del despertar. Sé que también yo mismo me oculto entre ellos, con ellos, con los deseos que ya no sé leer, con los miedos que superé pero que jamás volví a observar de frente. ¿Será que cada vez me alejo más de quien soy? ¿Será que de hecho lo hago con cada despertar?
No lo sé, nada sé en esta confusa primavera que se empeña en revolverlo todo. Tan sólo el ancla del abrazo matutino, ese que me das al despertar y que se hace grande, inmenso, real, tan sólo él me devuelve al camino. Al igual que tu sonrisa amplia, espontánea y sincera, compartida entre torpes empujones en el cuarto de baño. Realidades que son las que me definen, las que me hacen encontrarme en un mapa de personajes secundarios y sombras desplegadas por el territorio. Se me olvidaba que estás tú, y que con eso es suficiente para aceptar la duda y la sombra, la inevitable fragilidad que también sin ti existiría, pero que contigo se hace razón sincera del camino que pisas, del que piso, del que pisamos sin cruzarnos, sin apenar ir de la mano, pero que sigue adelante sin inercia, pero con voluntad. Una voluntad que no se explica, que simplemente sucede.
So, show must go on...
Mostrando las entradas con la etiqueta p. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta p. Mostrar todas las entradas
21 de abril de 2009
8 de febrero de 2008
Schubert, Cádiz, y la Felicidad

La música nos ha acompañado desde el principio, aunque a veces haya sido mi pequeña invasión en tu vida. Un mundo que hasta entonces era sólo mi mundo, pero que entraste a compartir desde el principio. Sólo desde la voluntad de querer y comprender a alguien se puede llegar a sus mundos personales, para compartirlos, para mirarlos y mimarlos, para transformarlos.
Siempre nos quedamos con las músicas más sencillas, que suelen ser las más auténticas, como esta pieza de Schubert que escuchábamos con las ventanillas del coche abiertas mientras los pinares de Roche nos escondían del mundo camino a aquellas playas blancas de Conil, en un Sur de pascua temprana como lo fue también la de aquel año que nos conocimos. Acabábamos de empezar, y ya sentíamos que para nosotros la felicidad había cambiado de espejo para siempre. Las noches frías en aquella camita estrecha, y la luz blanca y cegadora de las playas de Bolonia o Zahara que nos vieron sonreír con envidia aquellas mañanas inolvidables.
Esta de Schubert es para nosotros (siempre lo fue) una música de fondo con la que seguir abarcando instantes inolvidables, en el infinito o en el borde del colchón. Y Schubert, que es ya demasiado nuestro, demasiado difícil de compartir con nadie, y que en su honda humanidad, en su belleza pura y rotunda, nos regala el camino, la melodía, y la banda sonora de este viaje que comienza cada mañana, y que cada noche se detiene en el sueño, con ese beso infinitamente pequeño e inimitable que me das dormido cuando llego a la cama. Se detiene y sigue, sorteando tantas y tantas cosas, pero sumando y sumando también. Sumando mundos, miradas, intimidades, futuros, palabras y vida, toda la vida que reinventamos para nosotros y con la que me siento cada día más en el mundo, más consciente de mí, de nosotros, de nuestro pequeño gran universo. Ese en el que después de estos 6 años, seguimos sintiendo que abrir las ventanillas del coche y escuchar a Schubert juntos es lo que más se parece a la felicidad absoluta.
3 de octubre de 2007
De gatos...
Me perdí en las horas de la noche. Me perdí entre las calles que nunca retornan, porque no quería volver. Y todas las esquinas me trajeron de nuevo a ti. Cada paso que di, disuelto en aire, fue como la arena de una playa que no termina nunca, como la línea del horizonte que nunca se acerca, que permanece y que no existe, pero que siempre está ahí.
Y llego de nuevo, atravesando la misma puerta de siempre, herido como un gato callejero, brotando sangre entre mis pestañas, ausente sobre mis dedos tibios, usados, cercados de sexo y silencios. Llego y no dices nada, sólo acercas tus labios, como fraternales, y rozas apenas los míos. Huyes a tu espacio, esquivo, a mirar con atención el infinito que se extiende un instante aquí, alargando el mundo, estirando el deseo hasta casi quebrarlo en un hilo que se hace invisible para los demás. Hasta dejarlo áspero sobre las manos, agazapado a la hora del café, sediento de la lengua que inevitable se lanza envuelta entre tus inquietudes, deshecha en un océano salvaje que nos hunde y nos devuelve a la realidad, indescifrada detrás de tus ojos. Revuelta pero certera cada vez que la noche se queda, de repente, detenida junto a tu espalda.
15 de abril de 2007
Llévame.
Llévame de aquí, aléjame de todas las cosas feas que me rodean. Sonríe cerca de mí, para que no se acerquen los hombres grises, y extiende tu mano, que siempre llega al final de mi cadera. Extiéndela y llévame contigo, allí donde ni yo mismo quería ir hace un instante. Ya sabes que a veces me despierto tras mis pupilas para trazarme con lo ajeno, para llevarme por la inevitable oscuridad de jugar a no ser yo, para arrastrarme a la frontera que me autodestruye. Pero tú, tú me procuras despacio, siempre con templanza, sabiendo que a cada instante me busco sin encontrarme, que a cada instante quiero dejar de buscar, y seguir buscando. Nunca has hallado reproche a mi incoherencia, ni a la irracionalidad que me corona, ni has impuesto condiciones a mi deseo intermitente y certero. Contigo me siento yo, sin saber quien soy. Y siento que no huyes del abismo de mi mirada, ni de los pozos que se hunden bajo mis manos. Sabes que a veces me sumerjo en la noche opaca, y afilo mis garras con la luna, pero siempre sabes estar al final, con tu infinita y discreta presencia.
Hoy no quiero que esperes al final. Quiero que entres y me tomes, para llevarme lejos de aquí, para llevarme al final de la sombra, dentro de tu mirada, allá lejos, al final del amor...
Hoy no quiero que esperes al final. Quiero que entres y me tomes, para llevarme lejos de aquí, para llevarme al final de la sombra, dentro de tu mirada, allá lejos, al final del amor...
8 de febrero de 2007
Cinco

Cinco años, sesenta meses, doscientas cuarenta semanas, mil ochocientos veinticinco días, cuarenta y tres mil ochocientas horas, dos millones seiscientos veintiocho mil minutos... recorridos casi todos ellos en la cercanía de tu mirada, aunque a veces estuvieras lejos, o lo estuviera yo, aunque a veces el corazón se ausente o se esconda, porque así es la vida cuando se decide vivirla siempre hacia adelante. Medir el tiempo es, de alguna forma, ser consciente de él y de la perspectiva que nos brinda para lanzar una mirada hacia el siguiente minuto, día, semana, mes...
Cinco años juntos. Y sigo teniendo casi tantas razones como ausencia de ellas. Porque, aunque razones las haya, es la necesidad de estar contigo la que siento y no puedo explicar, el deseo inevitable de caminar contigo. Porque contigo no me siento en ninguna parte, ni siento que lo nuestro sea algo definido o concreto. Haces más bien que me sienta en un viaje del que soy adicto, en un continuo viajar siendo conscientes del camino, aunque a veces nos detengamos. Un continuo mirarse y descubrirse, a veces callarse. Un algo que no se parece a nada de lo que conocía antes, que no se asemeja a nada de lo que veo alrededor, que hasta me cuesta explicar para que otros lo comprendan, pero que no me importa no poder hacerlo. Lo nuestro es algo que me gusta, algo que es lo que quiero y sé que es lo que quieres. Y algo, en definitiva, que nos construye como somos, que nos define y nos explica, que nos sitúa en el mundo, y que más allá de las dificultades, nos sigue estremeciendo y llenando de sonrisas al acercar tu piel a la mía, con esa inexplicable sencillez...
Por eso, nuestro amor, no va a parar de fluir...
Cinco años juntos. Y sigo teniendo casi tantas razones como ausencia de ellas. Porque, aunque razones las haya, es la necesidad de estar contigo la que siento y no puedo explicar, el deseo inevitable de caminar contigo. Porque contigo no me siento en ninguna parte, ni siento que lo nuestro sea algo definido o concreto. Haces más bien que me sienta en un viaje del que soy adicto, en un continuo viajar siendo conscientes del camino, aunque a veces nos detengamos. Un continuo mirarse y descubrirse, a veces callarse. Un algo que no se parece a nada de lo que conocía antes, que no se asemeja a nada de lo que veo alrededor, que hasta me cuesta explicar para que otros lo comprendan, pero que no me importa no poder hacerlo. Lo nuestro es algo que me gusta, algo que es lo que quiero y sé que es lo que quieres. Y algo, en definitiva, que nos construye como somos, que nos define y nos explica, que nos sitúa en el mundo, y que más allá de las dificultades, nos sigue estremeciendo y llenando de sonrisas al acercar tu piel a la mía, con esa inexplicable sencillez...
Por eso, nuestro amor, no va a parar de fluir...
O nosso amor não vai parar de rolar
De fugir e seguir como um rio
Como uma pedra que divide um rio
Me diga coisas bonitas
O nosso amor não vai olhar para trás
Desencantar, nem ser tema de livro
A vida inteira eu quis um verso simples
P'ra transformar o que eu digo
Rimas fáceis, calafrios
Furo o dedo, faz um pacto comigo
Num segundo teu no meu
Por um segundo mais feliz
De fugir e seguir como um rio
Como uma pedra que divide um rio
Me diga coisas bonitas
O nosso amor não vai olhar para trás
Desencantar, nem ser tema de livro
A vida inteira eu quis um verso simples
P'ra transformar o que eu digo
Rimas fáceis, calafrios
Furo o dedo, faz um pacto comigo
Num segundo teu no meu
Por um segundo mais feliz
Adriana Calcanhoto.
(Nuestro amor no va a parar de fluir
De huir y seguir como un río
Como una piedra que divide un río
Me diga cosas bonitas
Nuestro amor no va a mirar para atrás
Desencantar ni ser tema de libro
La vida entera yo quise un verso simple
Para transformar lo que digo.
Rimas fáciles, escalofríos
Pincho el dedo, haz un pacto conmigo
En un segundo tuyo en el mío
Por un segundo más feliz)
De huir y seguir como un río
Como una piedra que divide un río
Me diga cosas bonitas
Nuestro amor no va a mirar para atrás
Desencantar ni ser tema de libro
La vida entera yo quise un verso simple
Para transformar lo que digo.
Rimas fáciles, escalofríos
Pincho el dedo, haz un pacto conmigo
En un segundo tuyo en el mío
Por un segundo más feliz)
Etiquetas:
aniversario,
Calcanhoto,
música,
p
Suscribirse a:
Entradas (Atom)