10 de marzo de 2008

Primera Piedra

En medio de este pequeño oasis de descanso de la blogosfera que me he estoy tomando, he decidido subir un texto que he estado corrigiendo estos días. Se trata del primer relato que subí a este blog, por lo que es posible que alguno ya lo haya leído, en su primera versión.
Sí, he decidido escoger algunos de los textos que he ido escribiendo aquí que puedan tener algún tipo de nexo y revisarlos para hacer con ellos algo. No sé aún qué saldrá, pero esta tenía que ser sin duda la primera piedra.

A quienes deseamos
.

Hace muchos años vi tu foto colocada en el corcho de la habitación de un amigo. Estabas con tu pareja, sonrientes los dos, y tu mano rodeaba firmemente el hombro de él. Tu mirada fija y sostenida al objetivo de la cámara captó mi atención. Su efecto se deslizó desde el papel fotográfico para hacerse densidad en mi recuerdo. Entonces, aún nadie se atrevía a colocar fotos de parejas de chicos, ni siquiera en corchos de dormitorios de estudiante. Pero éramos adolescentes viviendo en el extranjero, sentíamos cierta facilidad para infringir ese tipo de cosas. Supongo que aquello contribuyó a hechizarme aún más. Desde aquella ventana amplia de la residencia de estudiantes en la colina donde vivía mi amigo, se veía la afilada aguja del crucero de la catedral alzarse gigantesca sobre los tejados e, iluminada, recortar la noche cuando bajábamos al centro por aquel minúsculo camino en pendiente, tropezando con raíces y arbustos. Él me enseñaba la ciudad casi siempre por la noche, silenciosa e hirientemente bella en sus rincones medievales. Y sin embargo yo sólo deseaba regresar a la habitación para volver a mirar tu foto. Aprovechaba sus ausencias al baño para acercarme más, para recorrerte despacio, para guardar tus rasgos en la memoria. El día que pregunté quién eras lo hice con disimulo, como de pasada, escondiendo la necesidad imperativa que tenía de saber de ti.
- Es Luis, ese chico de Ciudad Real del que te hablé, que nos conocimos en un curso de verano, en Lovaina... Y ese es su novio, GertJan. Lo conoció precisamente allí –
Cierto que me había hablado de él. ¡Cómo deseé ser ese Gertjan, y sentir el brazo de Luis sobre el mío, y escuchar su respiración en mi oído mientras nos deteníamos a hacer esa foto! Pero no, en realidad lo odiaba, ¡menudo nombrecito!, y con esa cara pálida de flamenco y esos pelos tan rubios y tan lisos. Mi amigo cambió de tema en seguida, y distraídamente comenzó a hablar de algo interesante, impidiendo cualquier intento mío de poder hacer más preguntas sobre ti.
Mi amigo no vivió mucho más en aquella habitación, pero cada vez que regresé allí a visitarle, lo cual hice con relativa frecuencia en aquellos meses, volví a recrearme en secreto con tu mirada. Aprendí de memoria la curva de tu cuerpo, la elegancia de tu mano al tocar a tu chico, la sonrisa de felicidad que parcialmente iluminaba un sol que se adivinaba español. Mi necesidad de saber de ti siempre era frenada por el impulso de ocultar el evidente deseo que el tono de mis palabras podía descubrir. Así, me esforzaba en complicados desarrollos en la conversación para poder hacer alguna pregunta relativa a ti. Tras meses de visitas sólo supe que vivías en Bruselas con él. Juntos, quiero decir. Y que tú te abrías paso en el mundo de los "stagières" con deseos de ingresar en la Comisión Europea. No sentías muchas ganas de volver a España, porque con tu familia no guardabas una buena relación.
Yo seguí amándote y deseándote en secreto, en mis visitas a Rouen, en aquel invierno de 1993. Llegó el verano, y en mi última visita también te vi por última vez, en aquel corcho iluminado por un intenso sol, el mismo que me acompañó por el sena mientras ondeaban los centenares de banderas tricolores del 14 de Julio junto al lugar donde ajusticiaron a Juana de Arco. Aquel día yo también ardí, en mi interior, porque sabía que era el final de lo nuestro.
Después de muchos años, Bruselas se convirtió en una de mis ciudades. David, mi amigo, se había establecido allí, y yo seguía visitándolo de vez en cuando. Conocía bien la ciudad, y poco a poco también su red de amigos. Supongo que en aquel momento ya me había olvidado conscientemente de ti. Era curioso, pero David nunca te volvió a mencionar. Yo tampoco osé preguntar.
Hasta que un día, de repente, fuimos a cenar y me presentaron a GertJan. Lo recordaba perfectamente de la foto. Mi amigo me lo presentó como un amigo más, pero yo sabía que era él. Mi odio intenso, acrecentado después de tantos años, se volvió deseo en un instante. Deseo de tocar a Gertjan, de oler su piel, de hacerle el amor a quien tú amabas.
La inusitada situación y la incapacidad de saber en ese instante nada de ti me turbaba profundamente. Conseguí sentarme junto a Gertjan esa noche.
Gertjan es realmente encantador, apasionado, inteligente, profundo en su gesto y morboso en su mirada. Mi ansiedad por tocarle me paralizaba los brazos, y también la capacidad de reaccionar. No sabía cómo preguntarle por ti, pero la necesidad me consumía. De repente, dijo algo en español perfecto, así que yo aproveché para preguntarle dónde había aprendido aquella más que correcta pronunciación. Con gesto neutro, contestó de manera seca
- ah, es que tuve un novio español, pero de eso hace muchos años, mi español ya no es lo que era-
La afirmación no me dejaba muchas posibilidades de preguntar sobre ti. De todas formas, y tras un par de miradas entre ambos, aquella noche conseguí su correo electrónico, y en un par de mensajes llegamos a conectar bastante. Descubrimos una complicidad que nos unió y que creó la suficiente curiosidad en ambos como para tirar del hilo de lo que sentíamos.
Mi siguiente viaje a Bruselas fue para estar en su casa, invitado por él. Recuerdo aquel viaje de avión con la respiración agitada, con el corazón que se me aceleraba por momentos. La llegada al aeropuerto y el encontrar su mirada me arrebataron de tal forma, que supe que aquel fin de semana lo único que quería era hacer el amor con él. Fue una aventura perfecta, llena de pasión, ternura y una sensación de que todo era como tenía que ser, como yo habría soñado que fuera -si yo soñara con esas cosas, claro-. Una aventura, además, que duró mucho tiempo. Mientras tanto, tú habías desaparecido por completo. Te diluiste en cuanto sentí que era a Gertjan a quien yo siempre había amado, quien en realidad ocupaba mi deseo más oscuro. Llegué a saber más cosas de ti, claro, formabas parte de la vida de Gertjan. Vuestra relación en realidad duró muy poco. A los pocos meses de llegar a Bruselas y fracasar en tu primer intento de oposición, regresaste a España, harto del gris y de la tristeza de Bruselas, algo que yo, en la cima de mi amor por Gertjan, no entendía, ya que sólo veía en la ciudad belga la belleza especial de una ciudad ecléctica y cargada de sorpresas estéticas a las que Gertjan me enseñaba a ser receptivo. Siempre habías sido un chico con poca capacidad para crear vínulos estables, ni en el amor ni en la amistad, así que con tu partida cortaste con casi todos tus conocidos de Bruselas y ni siquiera Gertjan pudo continuar en contacto más de un par de llamadas y algunos pocos más mensajes. Después de eso, te esfumaste... Te diluiste de nuevo en un océano de olvido y desinterés.

Después de tantos años, hoy te he visto mientras compraba unos discos en la Fnac. Al levantar la cabeza de una referencia, te he visto frente a mí, imponente y guapo, como en realidad has debido ser siempre. Con lo (en realidad) poco que llegué a saber de ti imaginé que terminarías tu juventud descuidando tu aspecto, quizá por buscar algún argumento racional que te hiciese salir de mi mente. Pero me equivocaba. Ahí estás, manteniéndome la mirada y sonriéndome. Una sonrisa que, de repente, ha levantado todo el pasado de un soplo. No puedo evitar sentir que todo mi deseo de años recordando aquel sol de verano llenar tu mirada indescriptible, ha llegado intacto, recuperado en una pulsión que en el fondo siempre ha seguido existiendo debajo de mi piel. Te has dado la vuelta y has comenzado a caminar, girando tu cabeza para mirarme un instante antes de abandonar la planta, sonriéndome de nuevo y confirmándome con certeza mi deseo de seguirte. Te he seguido, después de tantos años, por las calles de Madrid, por una Gran Vía atestada de gente que parecía caminar toda en sentido contrario. Hemos subido unas escaleras, yo con el deseo contenido de un encuentro anónimo (¿no lo es acaso?). Y tras la puerta abierta de tu apartamento me esperan ahora tus labios impetuosos, tus manos infinitas, y tu corazón en la boca, dispuesto a dejar que tu cuerpo se entregue, se deshaga dentro del mío, tus ojos en los míos, mi boca y mi sexo en el tuyo. Tras la lucha, felina, caemos en sueño, uno junto al otro, en una paz que siento como el momento más placentero de mi vida, una paz que he soñado durante años, una paz que siempre he vislumbrado desde el precipicio de mis abismos amorosos, pero a la que siempre una fuerza desconocida me ha impedido lanzarme. Ahora ha llegado, y me invade. Y, por primera vez, escucho tu voz. Me dices:
- ¿sabes? En realidad yo te conozco...
Sé que Gertjan, con quien sigo en cercano y amistoso contacto, perdió el hilo de tu existencia antes de aparecer yo en su vida.
- Me has visto a lo mejor en la Fnac alguna otra vez...
- No - dices, sonriendo.
- Te conozco de hace muchos, muchos años- añades.
Me quedo en silencio. Me acerco y escucho atentamente.
- Sí, hace muchos años, en Francia, tenía un amigo, bueno, en realidad era un amante que tenía una foto tuya en su corcho, en su habitación de la universidad. Supongo que te suena extraño (su voz es la que siempre había imaginado), pero aquella foto siempre me llamó la atención. Llevabas un abrigo verde oscuro, con capucha, y tenías a tu espalda el BigBen. ¿Me equivoco?
- No, (acierto a indicar con la cabeza, mientras un pánico terrible se apodera de mí).
- Estuve en la habitación de aquel chico, David se llamaba, dos o tres veces y siempre quise saber quién eras. En aquel momento no me atreví a preguntar. Además, tampoco consideré que fuera importante saberlo. Eras un amigo español, o al menos eso había dicho él el primer día, mientras me enseñaba las fotos... Después perdí el contacto con David y la posibilidad de preguntar, de indagar sobre ti. Pero para entonces, ya había comenzado a obsesionarme con aquella foto... Viví algunos años en Bruselas, pero terminé hartándome de aquello y volví a España. ¡Uf!, ¡cuántas cosas han pasado! Sé que esto te resultará extraño, pero he soñado con este instante muchas veces en todos estos años. Y creo que en el fondo sabía que algún día, me encontraría contigo.

Y me miras, inclinando el labio, como casi queriendo que yo lo tome por una broma.
Pero no es una broma. El viento que ha comenzado a soplar empuja lacónicamente una rama contra el cristal de la ventana, justo como en aquella película de David Lean, y repentinamente siento que acabo de perder la capacidad para el deseo, en un instante, para siempre.

7 comentarios:

Raúl dijo...

ya sabes que soy fan tuyo y que me encanta lo que escribes, y que decidas hacer algo con tus relatos no puede si no alegrarme -que artificial me ha quedado la frase, chico!

Fenjx dijo...

Las primeras palabras qué acarició sobre el cristal del iPod, son para ti.es ahora en la cama cuando encuentro la paz en el momento para leerte con el placer qué siempre me produce hacerlo.el tiempo y el (re) encuentro de nuevo en tus historias.de nuevo el amor buscado en la piel del amante del amado en recorridos temporales q acaban cerrando el vertice inferior del dibujo de un corazón.si no existieran estas palabras yo estaría seco.

pe-jota dijo...

Me acuerdo de este texto, es curioso creo que fue de lo primero que leí de ti, y ahora al volverlo a leer no se encontrar los retoques, mano privilegiada la tuya.

Senses & Nonsenses dijo...

también lo recuerdo. quizás no te conocía, pero me lo diste a conocer. desde entonces soy fan incondicional.
te lo han dicho muchos, ...que hagas algo con ellos. esta revisión va a estar muy bien.
creo que tb he entrado en una crisis bloguera, intentaremos no perder totalmente el deseo.

un abrazo tierno.

Cvalda dijo...

Me gusta la idea de que esto sea la primera piedra de algo. Por lo que leo, has evolucionado mucho desde este primer texto, que parece incluso inocentón (si me lo permites, jeje). Aún así, aún sigo con la sonrisa en la cara :)

Anónimo dijo...

Hay algo mágico en ese decir, contar, describir a traves de terceros. A traves del amigo, del amante, del confidente, del deseo o deseado. Bonitas ideas que me hacen recordar muchas cosas... gracias.
No te encuentres, perderias la magia...

iev dijo...

bello, bello!!!