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12 de mayo de 2009

Blues y otros cuentos. Iñaki Echarte Vidarte


A pesar de que me gustaría poder escribir algo más neutro y objetivo, reconozco que me resulta difícil hacerlo cuando de quien estoy hablando es de Iñaki.

Parece que aquella noche de otoño primerizo en la que me lo encontré por primera vez quedase muy atrás en el tiempo. Pero en realidad no fue hace tanto. Sólo que entramos rápido uno en la vida del otro. Con calma, pero con la discreta velocidad de la complicidad. Y nos sembramos de noches y cervezas por las cuestas de ese Madrid que a ambos nos subyuga. Y desde el inicio nos cosimos con palabras, yo las suyas y él las mías. A nuestra manera, siendo tan diferentes, ocupamos un espacio común en nuestra manera de entender la palabra. Lo intuía, pero ahora que por fin tengo su primer trabajo entre mis manos, soy consciente de la ruta que hasta ahora yo sólo sospechaba.

Iñaki es un gran imaginador de oscura humanidad. Y su palabra es precisa, contundente y esculpida con mimo e inteligencia, como en la mejor literatura.

Sus personajes son derrotados de la vida, pequeños trozos de cristal roto, imposible de recomponer, pero reflejan lo que somos, seres en continua construcción porque continuamente nos destruimos un poco. Y es que el reflejo de quienes somos es imperfecto, fragmentario, superpuesto, pero es únicamente así, desde la ruptura, como lo más íntimo de nuestra identidad, ese secreto que todos llevamos dentro, puede respirar un poco y hacernos algo libres.

Pero no es sólo la complicidad lo que me lleva a recomendar el libro de Iñaki, Blues y otros cuentos. Sinceramente creo que en su construcción literaria, en su forma de narrar, hay no sólo una mirada personal y coherente, sino profundamente literaria.

Y para dar comienzo a este viaje infinito que supone lanzar un libro al mundo, el inicio lo pone la presentación que tendrá lugar en la Librería Antinous (Josep Anselm Clavé 6) de Barcelona, el próximo viernes 15 de mayo a las 19:30, y en la que participará Raúl Portero, actual ganador del IV Premio Terenci Moix de Narrativa Gay y Lésbica

La premura con la que se ha organizado todo me impide asistir, pero os animo a hacerlo a todos los que viváis o estéis por Barcelona. Pronto también lo presentará en Madrid, os mantendré al corriente.

Y qué mejor prueba que un pequeño extracto para dejaros con ganas de ir...


"Sonia salió a la calle, vestida únicamente con los calzoncillos del hombre sin nombre. Era un barrio nuevo y apenas había gente. Y aunque la hubiera. Le daba igual que la vieran así. Ya no le importaba nada.
Se sentó en el mismo banco en el que había conocido a su última pareja sexual y cruzó las piernas. Sonia pensó que había elegido mal, de nuevo, que necesitaba cambiar, otra vez. Lo que no alcanzo a pensar es que si se limitaba a cambiar de nombre, de casa, lo único que lograría era acabar sentada en un banco, semidesnuda, de madrugada, meditando una nueva herida"

(La eterna fugitiva, Blues y otros cuentos. Iñaki Echarte Vidarte, 2009)

Un abrazo grande, amigo, de esos míos que al principio te daban un poco de susto. Y suerte en el viaje.

7 de enero de 2008

Invierno en Barcelona.


Siempre he medido las ciudades a través de sus habitantes. La belleza de la arquitectura y del urbanismo nunca es completa si no la rodeamos de quienes la aprecian a diario, de quienes la conforman con su imaginario, y con sus deseos caminando entre las piedras. Estas vacaciones de navidad en Barcelona me lo han vuelto a demostrar. La ciudad es ahora una de las “vedettes” más solicitadas del turismo europeo. Impecable en la conservación de su patrimonio, ejemplar en la recuperación de zonas degradadas, vanguardista en la creación de tejidos urbanos que regeneren la ciudad, creativa y única en su forma de concebir la cultura... A pesar de todo eso, uno no puede dejar de tener la impresión de que camina por una ciudad en cierta medida, plastificada. Los ríos de turistas lo invaden todo y una inevitable impresión de torre de babel europea nos acerca más a la sensación de una visita a un parque temático que a una de las ciudades con más sabor y personalidad del mediterráneo. La ciudad es bella, sin duda. De una belleza, además, evidente y provocadora... pero sin sus habitantes, diluidos entre la avalancha, la belleza se queda como huérfana.

Afortunadamente creo que cuento con amigos en esta ciudad y en las que la alimentan, que me ayudan a dibujarla en su entramado más humano. En su pasado más vibrante, en su incomparable sociedad llena de contradicciones y de maravillosa herencia. O en quienes nos regalan sus sueños, que vagan en hilos invisibles por las calles rectas de la ciudad, o su fuerza y su entusiasmo con casi todo. Son pequeñas muestras de lo que vibra detrás del aire de esta ciudad, de lo que viaja en sus vagones sin que seamos conscientes de ello. Son auténticos testimonios, no sólo de la vida que sigue palpitando en la ciudad, sino de amistades antiguas y nuevas. Son las que verdaderamente me hacen considerar a esta ciudad como una de mis ciudades, una de esas ciudades a las que uno siempre desea volver. Así lo haré. Por ellos. Porque son ellos lo más importante que encuentro en la ciudad condal. Y es que más allá de los paseos por las ramblas, de los instantes de silencio en el barrio gótico, de los atardeceres en el ensanche o junto al mar, de las exposiciones o de los restaurantes (tristes si uno no puede compartir sus mesas con un autóctono), están las miradas y las palabras, los gestos de amistad. Por ellos, Barcelona me conquista. Muchas gracias a todos. Ya sabéis quiénes sois.