31 de octubre de 2006

Luces al inicio del siglo XXI

Claudio Magris.

Nos hacen falta visiones globales lúcidas, voces sabias que sitúen al hombre con inteligencia en este inicio de siglo confuso y atropellado en el que la velocidad de los acontecimientos, la insidia del poder y el mercantilismo de la información nos han transformado en miopes de una realidad casi fabricada en la que es difícil orientarse, y que fomenta un exceso de la injusticia al que el hombre va inevitablemente haciéndose indiferente. Pocas personas nos acercan a visiones rotundas y clarividentes, expresadas con transparencia y sin fisuras. Él es uno de ellos: Claudio Magris. Y acaba de publicar su último libro "a ciegas" (alla cieca) en el que retoma el tono de otros libros suyos, como Microcosmos, del que hablé aquí recientemente, para reflexionar sobre esos grandes credos políticos del siglo XX que permitieron a "Occidente conquistar grandes libertades", pero examinando las consecuencias de éstos sobre los tiempos que se viven actualmente, y haciendo balance de los funestos resultados. Magris termina dando a su pensamiento un giro humorístico y postula, como Bertolt Brecht, algo así como que "antes el futuro era siempre mejor".
Es de destacar que en el presente libro vuelve a hacer referencia a uno de los acontecimientos históricos que le resultan más conmovedores (del que además, ya hablaba en su "Microcosmos") que es la historia de los soldados italianos de Mussolini destacados en Istria (territorio de la entonces victoriosa Yugoslavia de Tito) que regresan a su patria al final de la Segunda Guerra Mundial. Dos mil de ellos, afiliados al Partido Comunista Italiano, deciden quedarse en tierras yugoslavas y apoyar la construcción del socialismo; sin embargo, cuando Tito rompe con Stalin, ellos automáticamente lo consideran traidor al tirano del Kremlin y vuelven a su país, donde sólo obtienen el repudio de los demócrata cristianos que los ven como enemigos. Este colectivo, así pues, siempre estuvo en el lugar equivocado luchando por la causa equivocada. Magris hace causa por estos idealistas quizá equivocados, pero que dieron tanto de sí mismos por construir un mundo mejor, y a los que, sin embargo, nadie supo entender. Y por ello pagaron el resto de sus vidas con el injusto desprecio de todos.
Es un libro narrado en presente, para no olvidar, porque, como dice el autor, si se pierde la memoria se comete una traición al recuerdo de las personas que murieron víctimas de la injusticia; olvidarlas es condenarlas a sufrir una segunda muerte.
Ayer, el diario El País publicaba una interesantísima entrevista con el autor, en la que nos hablaba de cultura y civilización, historia y memoria, terrorismo, libertad, individualismo... en fin, que no tiene desperdicio. La pueden leer AQUÍ. Se la recomiendo fervientemente. De ella, me quedo con la cita tomada del ideólogo Gramsci, que recupera en ella: "Pesimismo de la razón y Optimismo de la voluntad", trabajar siempre "como si". Algo en lo que siempre he creído y que opino que sería un buen motor para la construcción de este siglo de dudas desmesuradas que nos está tocando vivir.

8 comentarios:

EFESOR dijo...

entonces debo sentirme más relajado cuando siento mi desorientacion... qué alivio.

acabo de llegar a casa, soltar la maleta, abrir una carta que he recibido de mi padre y soltar los hombros.

en esta semana esta tierra ha cambiado y el verde intenso ha dejado paso al blanco, al frio que cala.

hablaremos, mientras tanto, leo la entrevista.

Anónimo dijo...

Claudio Magris, siempre moviendose entre la memoria y el cambio, sigue recordandonos nuestros deberes con el pasado como una necesidad y la observación de los cambios que se van produciendo en Europa y de los posibles peligros que nos acechan mediante una mirada lúcida e inteligente que huye de toda grandilocuencia, tal vez esto se deba a su concepto de la escritura “Es posible que escribir signifique rellenar los espacios en blanco de la existencia, esa nada que se abre de repente en las horas y en los días, entre los objetos de la habitación, y los absorbe dejando una desolación y una insignificancia infinitas”.

gato_nocturno dijo...

¡Hola!
Hace unas semanas leí la primera novela de Michel Houellebecq, "Ampliación del campo de batalla", y también supone una crítica, aunque mucho más angustiosa y cruel, del sistema en el que nos hallamos inmersos a la entrada de este nuevo milenio. Houellebecq viene a decirnos, pero pintado de un modo terrorífico a través de la vida de un yuppy de mediana edad, algo tan simple como que el sistema nos ahoga en la psicosis, la violencia y, sobre todo, la soledad. La gran mentira de la sociedad de la comunicación se viene abajo ante ejemplos tan alarmantemente reales como el del protagonista de esta novela, carente de emociones y de contacto con los demás que termina perdiendo la cabeza en medio del Imperio de Bill Gates.
¿Te has leído ese libro? ¿Qué te pareció?
Salud y Libertinaje

Mart-ini dijo...

Pues a leer la entrevista...

Nortestharj dijo...

MMM, he leido fervientemente, giro humorístico, clarividentes... ufff, ya me has saturado :P
Y lo de los molinos es interesante, con alguna anécdota y solo, y aunque mire al sur a veces, sin quererlo tengo el corazón en el norte (ya sabes como funciona esto ;)

Un beso del Norte

Vulcano Lover dijo...

bienvenido de vuelta al círculo Polar, querido Efesor... te eché de menos.
Pe-jota, qué razón tienes... A ver si coincidimos ya para ver cómo nos vemos por allá
Querido gatito, no soy amante en exceso de Houllebecq, aunque admiro su espíritu crítico y destructor de la civilización actual. Es que creo que es demasiado explícito y el lector se queda siempre como mero espectador, impactado, pero incapaz de participar. Además, para mi gusto, la crítica estrictamente destructiva no me termina de convencer y la suya casi lo es... Pero ese no lo lei y siempre oí decir que era el mejor... Lo tendré en cuenta. Cuando me haga con él ya te digo para comentarte. (ah, y un beso)
Norte, cariño, no te entiendo... Mejor me comentas en los textos que te gusten, no??? Besitos, de todas formas.

Anónimo dijo...

Bueno, a ver, voy a ir contestando según leo porque creo que si no acabaré dejándome algo en el tintero.

Se habla mucho últimamente del fin de la historia y la decadencia de la civilización. No creo que sea para tanto. No es que me guste la situación actual. Más bien al contrario. Lo que ocurre es que no creo en aquello de todo tiempo pasado fue mejor, sino que, pese a las horribles imperfecciones de nuestra época, estamos en el camino. Magris lo apunta -creo que sin ser muy consciente de ello- en una frase a propósito del problema de la inmigración: "Hace diez años esta gente estaba aún peor, pero no venía porque no sabía que podía venir. No se les ocurría." Esto mismo es extrapolable al mundo. Los siglos anteriores fueron terribles, pero la gente no era consciente, no se les ocurría. Las cosas eran como eran y listo. El siglo XX es el siglo de la conciencia mundial. Pensamos que las cosas están fatal porque ahora somos conscientes de lo que pasa y ese es el primer paso para intentar cambiarlas. La situación de gran parte de África es terrible, pero no demasiado distinta a las condiciones que se vivían en la primera industrialización.
Y, efectivamente, la capacidad destructiva del hombre no tiene parangón con la de épocas pasadas, pero tampoco nunca antes se había llegado a tal voluntad de entendimiento, tal flujo de pensamiento entre culturas, tal nivel de conocimiento del otro. Queda mucho, muchísimo por recorrer. Y el camino, como todos, tiene bifurcaciones y rodeos (este comienzo de siglo nos está llevando sin duda hacia atrás), pero el camino está marcado. Sólo tiene que surgir la fuerza que nos guíe.

(Y continúo leyendo)

Anónimo dijo...

En cuanto al fin de la civilización actual, mucho me temo que carecemos de la perspectiva necesaria para juzgarlo. El Imperio romano estuvo siglos en decadencia, los egipcios pasaron por innumerables crisis antes de derrumbarse como civilización. Y nosotros estamos haciendo saltar las alarmas en función de unas pocas décadas dubitativas. Teniendo en cuenta que ahora es todo el planeta el que camina la misma senda, me parece demasiado aventurado tratar de historizar el presente.

"Pesimismo de la razón y optimismo de la voluntad." Bueno, supongo que ese es el signo de los tiempos que corremos. Analizando la situación no hay más remedio que ser pesimista, pero ello no debe implicar nuestra parálisis.

¿Superado el concepto de patria? Ummm, lo dudo. Ojala, pero lo dudo.

Me gusta su reflexión sobre lo equivocado de determinados feminismos. Creo que mi postura con respecto a este punto siempre ha sido clara: huir de las diferenciaciones como grupo, de las discriminacioens positivas y el gregarismo. El día que hablemos de personas en lugar de sexos, orientaciones sexuales o razas habremos dado un pequeño e importante paso. El problema es que el papel de víctima que se autoimponen muchas mujeres no ayuda en absoluto. ¡Cuánto daño ha hecho Pretty Woman :-) !

"El fundamentalismo no es culpa de Dios. El problema no es tanto si la fe en Dios existe o no, sino si la idea de Dios es una idea fuerte, que da sentido, o es una idea absurda. Yo siento con fuerza la idea de Dios. " Absolutamente de acuerdo. Aunque no puedo decir que sienta con fuerza la idea de Dios.

Con respecto al párrafo sobre el terrorismo, absolutamente nada que objetar.

Y lo mismo sobre el caso Grass. "¡Ay de la literatura si nace para enseñar la justicia de forma explícita!" Efectivamente. Autor y obra son realidades separadas. Nuestro siglo XVIII es un horror literario precisamente por ese afán didáctico que invadía todo.