27 de enero de 2006

27



* 27 de enero de 1756: Nace Wolfgang Amadeus Mozart en Salzbugo.
* En los años finales de su vida escribe el concierto para piano en Si bemol mayor, KV.525, que es numerado como 27


Los genios nacen en este mundo, pero estoy seguro que tienen una conexión con otra realidad que el resto de mortales no podemos establecer. Eso no los hace más bondadosos, honestos ni más bellos: la humanidad es democrática, y a todos nos adjudica nuestra carga de imperfección e incoherencia. Pero la genialidad convierte la creación de sus poseedores en un instrumento de expresión que consigue superar los cánones de nuestra capacidad de percepción. Por eso se puede hablar tanto de sus obras, porque están en un más allá que nos cuesta interpretar.
Mozart, además, supo traducir con su capacidad inigualable todas las pulsiones del hombre. Y desde su siglo ilustrado, lanzó un mensaje de belleza al mundo, un retrato al hombre con mayúsculas, que se ha proyectado al infinito, porque la carne humana sigue viviendo en las mismas preguntas, con las mismas inquietudes y sumiéndose en las mismas debilidades. Y por eso el humanismo de Mozart es fulminante. Da igual que escriba una comedia jocosa, que un drama, que una ópera con crítica social o un divertimiento melancólico, un cuarteto elegante o una sinfonía exultante. Siempre, detrás del pretexto, está la inmensidad del espejo del hombre. Por eso ya sea ante la tristeza que la alegría, escuchar a Mozart nos equilibra, nos coloca en el mundo terrenal, pero nos dibuja en él el lienzo de la magnitud humana.
El concierto 27 de piano, es uno de los ejercicios más exquisitos de la perfección Mozartiana, y descubre con una profundidad que asombra la humanidad intensa que lo inspira. Es el más enigmático entre los enigmáticos, y desde la primera nota, juega con una ambigüedad perfecta a no mostrarnos la tonalidad mayor o menor de la música. La elegancia y la felicidad se bañan de oscuridades, de giros melancólicos, pero nunca dejándose caer en ellos. En nuestro viaje por él sentimos que poco a poco vamos haciéndonos subterráneos bajo su piel, y penetrando en un río que nos lleva por esa vía inhóspita del desconcierto. Y es que Mozart asombra y desconcierta. Nos eleva y nos hace tocar otra existencia, a la vez perfecta y cargada de estupor humano.
Desde aquí invito a quien me lea a escuchar este concierto, uno de los testamentos musicales del más grande creador que conozco.

2 comentarios:

amiskunderiano dijo...

SOLO DECIRTE QUE POR RENDIDA ADMIRACION HE DECIDIDO HACERME UN BLOG MI DIRE ES WWW.FRENOMOTOR.BLOGSPOT.COM. ESPERO QUE TE GUSTE. BESOS D. DE TU BIGVIC

Vulcano Lover dijo...

Me alegro, amigo malagueño, que mis palabras te hayan empujado uhn poquito a sacar fuera ese escritor que llevas dentro.
¡Acción!
Y, que comience el cuento...
Un beso muy fuerte.