25 de enero de 2006

Despertares

Has entrado por debajo de la puerta, deslizándote sin aviso. La llamada salvaje del deseo te ha convocado, y la debilidad de una pregunta que nunca fue respondida siempre planea sobre mí cuando llegas. He cerrado las puertas muchas veces. He vuelto mi mirada cuando pasaste. He desviado mi deseo conscientemente para no apuntarte nunca más. Pero es inútil, siempre vuelves, con tu carga de amargura diseminándose por mi sexo y por mi voluntad.
Pasaron los años, y yo aprendí a amar y a ser amado. Pero contigo aún no tuve tiempo de aprender que tras la sensualidad de nuestras primeras noches sólo había un pacto de deseo y placer. Después fui intuyendo mi oblicua necesidad de nuestro acuerdo. Y tú, con la sinceridad del infinito insatisfecho que siempre has sido, fuiste apartando de ti aquella lujuria, pero caíste en una trampa de ternura y escuchas nocturnas que terminaba entre tus discos de Silvio y mi carnalidad volcada entre los pliegues de tu pecho de nieve, surcando con mi dedo la longitud de tu sábana . Aún me sigue lloviendo, en las largas noches de piedra, la aérea sensación de cruzar en taxi Madrid contigo, ebrios de ginebra y de tu mano sobre mi espalda, con destino a esa calle inclinada y difícil que no nos pertenecía a ninguno, a vivir un sueño desigual. Juntos, en la estrechez del asiento de atrás en la que se rozaron nuestros dedos sin que la vigilancia del conductor escuchase mi respiración detenida. Y tu cabeza que se posaba ingrávida sobre mi hombro, encendiendo esa felicidad distinta que nunca he vuelto a sentir, a la velocidad de la sinfonía trepidante de una noche de sábado en la calle Velázquez. Esos instantes se han quedado parados en el tiempo, y sus deseos de volver se han apaciguado, mucho después de terminarlos tú, con tu despegue sutil de mi vida. Ahora ya no coincidimos en la noche. Volvemos a saludarnos cuando nos encontramos. Tú te finges amigo ocasional, y yo sé que mientes, por desidia y por olvido. Pero también sé que en algunas noches de invierno, cuando el hielo aún duele sobre las aceras, algo se rompe levemente en ti al escuchar las mismas voces del réquiem de Victoria que nos despertaron aquella mañana, después de nuestro primer taxi.Nada volverá, nada: sólo el recuerdo transformado, las miradas que ni el tiempo pudo deshacer, las caricias leves, y esa irracionalidad que te llevaría a no reconocerte jamás en estas líneas

15 comentarios:

Neverland dijo...

En mi caso, creo que soporto mejor el despecho o el engaño que la ficción de la desidia. Me ahoga encontrarme con ese alguien que lo fue todo una vez -en un instante, en una noche, en un taxi, en una vida- y que de repente se finge conocido o amigo al uso, que asegura no recordarse ni recordarnos, no ser parte del nosotros que, aunque asimétrico, se forjó en alguna ocasión aunque su voluntad no siempre persiguiera ese fin.
Soy capaz de afrontar la ansiedad que me impone su recuerdo o su no deseada ausencia, pero dejo toda mi (inmensa) vulnerabilidad al descubierto si mi mirada vuelve a cruzarse casualmente con la suya en una ciudad que se vuelve, en sus ojos, repentinamente irreal.

Elorri dijo...

Creo que no es lo mismo una que varias noches. Para mí, la cantidad importa en este caso. Vulcano construyó, tuvo encuentros y reencuentros que modelaron algo nuevo que no llegó a perdurar. Una sola noche da para mucha fantasía, cuanta uno quiera, pero nada más. Para una noche, muchos valen. Para varias, casi nadie.

Después de una noche de amor sin continuidad, a mí sólo me queda el vacío estrepitoso cuando la fantasía se difumina. Si son varias y se ha construido algo, por leve que sea, al menos conservo ese algo, como Vulcano.

Quizás, por eso, Ethan y Julie deciden conscientemente y de mutuo acuerdo que esa fantasía llevada al límite sea todo lo que conserven de su encuentro.

Neverland dijo...

En eso no estoy nada de acuerdo, al menos, no en mi forma de sentir o de amar.
Una noche -incluso una "no noche", pendiente de consumación pero obvia en su "no nacimiento"- puede ser un recuerdo mucho más nítido e intenso que una reiteración.
Que un hecho sea reiterable no quiere decir que sea más cierto y, desde luego, los lugares que construyen una biografía no son el resultado de una suma.
¿Que algo suceda varias noches permite crear algo ajeno a la fantasía y que sólo suceda una vez lo limita al mundo de lo ilusorio? En realidad, la ilusión interviene en ambos y la medida no depende del número de antecedentes, sino de la intensidad de los mismos. Si no es así, a mí me ha fallado siempre -afortunadamente- esa regla de tres.

Elorri dijo...

Mmm... La cuestión es que la ilusión es necesaria para el primer impulso, si quieres los primeros incluso, pero luego todo ha de nacer de lo que hay, de esa intensidad de cada instante a la que acertadamente aludes, de una realidad compartida, y por supuesto de unos sueños en común. Pero ilusión, a la larga, es sinónimo de engaño...

Insisto, para mí la reiteración no es sino prueba, Neverland, de que esa ilusión de la que soy capaz como nadie, tenía un destinatario a mi altura.

Elorri dijo...

Curiosa anyway esta discusión, querido amigo, si tienes en cuenta mi post de hoy ;-)

Neverland dijo...

Brevemente, mon cher...
- Mi comentario inicial no pretendía polemizar ni generalizar, sólo es mi forma de sentir (absolutamente personal) al hilo de lo que me ha inspirado el texto de Vulcano.
- No creo que se pueda discutir de emociones como de otros asuntos, porque no son axiomas generalizables. En mi semántica personal, ilusión no significa engaño ni reiteracion significa certeza. Ni tampoco, en mi mundo, son palabras monosémicas. Pero eso es sólo en mi minúsculo mundo personal. Cada cual conforma sus significados con sus experiencias, sentimientos, vivencias... Obviamente, nuestros glosarios difieren aunque, me consta, nuestra capacidad de amar y darnos a los demás nos haga mucho más semejantes que la ciencia lexicográfica.
Por mi parte, aparco el debate, porque creo que no se pueden debatir formas de sentir o de vivir. Emociones que, singulares o reiteradas, sólo en nosotros mismos cobran sentido.

Elorri dijo...

Me parece bien, Neverland, nadie puede juzgar las emociones de otra persona. Es una gran soberbia. Conozco y respeto tu etimología del amor. Es más, la entiendo. Como amigo, sólo deseo que seas todo lo feliz que puedas en cada instante.

Vulcano Lover dijo...

Ya veo que os he inspirado un debate que a la postre ha sido algo inútil...
Estoy con vosotros en la decisión final: es imposible discutir o juzgar formas de sentir. Pero sí puedo aportar luz acerca de esa historia que cuento, que sólo está inspirada en la mía real, pero que se corresponde con mucha transparencia. De nuevo, una referencia (sin haberla mencionado, pero estoy seguro de que la habíais captado) a la gran 2046. Mi escena del taxi sí fue idéntica que la de la película. Y yo era ella, aquella niña rebelde y salvaje, desgraciada enamorada sumida en el pozo de la incomprensión del amor no correspondido.
En mi caso, esa persona formó parte de mi vida intensamente, y eso acerca mi forma de sentir aquello a lo que describe De Laclos.
Ayer, releyendo los cientos de correos que intercambiamos en aquella época me he dado cuenta que la intensidad no era compartida. Es más, había mensajes evidentes en sus palabras de que no era así. Pero el amor deforma la realidad de quien ama sin medida. Y así me sucedió a mí. Más allá de esa realidad, sólo perceptible en la distancia temporal, sí que siento que en otro momento de ambos, habría surgido una gran historia compartida.
Sólo ahora veo nítidamente. no sólo que no podía ser, sino también que ya nunca podrá ser (y era la continuación de la frase de 2046 que no cerré el otro día en el comentario al blog de De Laclos)
Yo también me ahogo un poco, aún después de los años que han pasado, cuando me encuentro con él, Neverland. Y mi vulnerabilidad sale a flote con claridad en mi mirada. Porque él lo fue todo una vez, como tú dices. Y aunque yo lo vea todo ahora de otra forma y la herida esté cerrada sin posibilidad de reabrirse, la amargura del pasado deja esa huella imborrable con la que no queda otra que acostumbrarse a vivir. Claro que él se acuerda de mí y de todo lo que pasó, aunque él lo viviera de otro modo. Evidentemente amigos míos, por algo lo elegí... Pero finge una relación falsa, sutilmente rescatando en cada encuentro aquella palabra que me lanza brutalmente y en un instante a aquella época, pero que no demuestra más que amistad ocasional cuando se analiza con objetividad...
Al final, estos datos no os aportan nada, mes amis, y son más suculentos para un encuentro en persona, si algún día llego a conoceros y llegáis a saber más de mí. Entonces habrá tiempo de compartir los detalles...

Elorri dijo...
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Elorri dijo...

Cher Vulcano, ni te imaginas cómo entiendo lo que cuentas, hasta qué punto sé lo que pasaste. Salvando todas las distancias, yo he vivido también no hace mucho mi particular episodio de amor ciego malogrado (felizmente, creo) por una imposibilidad espacio-tiempo a lo 2046 o, más lograda en mi opinión, In the mood for love.

Siento muy cercana nuestra etimología del amor. Est-ce que tu a lu Carver? What we talk when we talk about love? En ese caso, me conoces bien...

Vulcano Lover dijo...
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Elorri dijo...

Ay Vulcano... La cuestión es que yo entiendo donde siento y vivo, y por eso mi devoción por Deseando amar y mi desidia por 2046, que me parece un entretenimiento del intelecto que no me retuerce ni por un segundo el estómago. Bello, con estilo, pero lejos de la piel y de la emoción a punto de estallar de su predecesora. Para eso, me quedo con la sobrecogedora El año pasado en Marienbad, ¿no te parece?

De todos modos, lejos de mí pretender dogmatizar sobre esto. Siempre hablo de lo que siento, ni más ni menos.

Vulcano Lover dijo...

Te entiendo... Pero algún día comprenderás que 2046 está hecha desde el futuro, con la perspectiva de alguien que pretende entender el porqué del irracional comportamiento sentimental, integrando toda una trayectoria de pasiones... Y surgen (reveladoras) respuestas.

Sin pretender radiografiarte, no sé si quizá muchas de las cosas que te pasan (o han pasado) las ves aún sin perspectiva...

Sin que parezca que a mí no me gusta In the mood for love, todo lo contrario. La ambiguedad de los sentimientos y las preguntas equívocas, los "non-dits"... ¡qué te voy a contar yo! Para mí es mucho más redonda, pues 2046 como ejercicio desmedido que es, consigue cosas, pero se queda huérfano en tantas... En fin, tú hazme caso, que 2046 es una película que tendrás que revisar en un futuro (espermos que no sea en el propio 2046, je je je)
Besos.

Elorri dijo...

Revisaré 2046, Vulcano, por supuesto que lo haré. Y antes de ese año, por cierto ;-)

Ah... sin pretender radiografiarte: ¿tienes tú suficiente perspectiva de lo te está pasando? ¿La tiene alguien? Yo, personalmente, cada vez la adquiero antes, pero siempre es tarde y siempre lo será.

De todos modos, Vulcano, no ceses en tus admoniciones... me divierten :-)

Vulcano Lover dijo...

De Laclos:
1- No lo hago por divertirte.
2- Yo sólo tengo perspetiva sobre mi vida muy pasada (evidemment, cheri)... Esta historia que cuento aquí, pasó hace más de lo que imaginabas. Sobre la de los demás no opino (sólo elucubro).
3- Lo más lejano a mi intención es amonestar, más aún a alguien tan celoso de su forma de sentir.

Y que conste que de verdad que lo digo con cariño.