23 de enero de 2006

Génesis.

(...) E a orla branca foi de ilha em continente,
Clareou, correndo, até ao fim do mundo,
E viu-se a terra inteira, de repente,
Surgir, redonda, do azul profundo. (...)

Fernando Pessoa


Hoy al despertar, sentí un ruido grave, como de algo roto, de algo que se desceñía, algo que, por fin, se liberaba. El Volcán ha despertado, y sus caminos de lava descienden, en ese apartado espacio de nuestros volcanes personales. Sin preguntar por qué, sin palabras previas...
Y el viento no tenía hoy un sonido especial, pero las hojas del plátano alargado se han movido distintas. La pasión que se apaga, la intensidad que precisa búsqueda y que a veces me consume esfuerzo y creación: búsqueda, para inútiles caminos. El deseo se presenta repentino, golpeando los cristales de la marquesina, vulnerando mi negativa a abrir la puerta de un abrasador océano de rincones en los que buscar. Afortunadamente, este año par, quizá anodino en la cifra, pero sinuoso en su discurrir, me ha traído la compañía discontinua pero constante de un Mozart que todo lo ocupa, de la intensidad a la monotonía, de la belleza al dramatismo, del día a la noche, del oscuro deseo y las estrellas, al infinito mar del olvido, pero siempre en ese ejercicio inigualado de humanidad, del que las notas brotan como nacidas de nuestra garganta. Y entonces he tirado del hilo, de ese hilo de la pasión que siempre nos aguarda, que nos precipita en miradas y pensamientos inútiles, en fugaces imágenes no compartidas jamás. Y de ese pozo oscuro que me abre el pecho en dos, de esa incomprensión de las intermitencias de la intensidad, ha surgido la voz de Pessoa, que me dictaba al oído, con su siempre sabia corriente de palabras, que la génesis era así de sencilla, como algo que surge redondo, del azul profundo, de ese azul profundo que soy yo y que sois vosotros. Y entonces, con la sencillez de un silencio encontrado, he sentido por todos. Por la señora que mira por la ventana y que busca fuera el reflejo de lo que no encuentra dentro. Y por él, que sonríe, en una mañana de lunes, y por ellos, que hablan en alto, perturbando la paz del somnoliento comenzar, pero que en su palabra guardan inflexiones desconocidas. O en ella que guarda un secreto mientras pierde la vista en las luces temblorosas del tráfico exterior. O en él que, súbitamente, siente que hoy, precisamente hoy, se tiene que liberar de ese gran secreto. Y, sintiendo los ríos de lava llegar a mí, inundado de azul, he sentido cómo surgía redonda, la tierra entera, de pasiones llena. Gracias a los que ya saben... Y, siempre, a los poetas.

7 comentarios:

Neverland dijo...

Y tras la obertura, las notas del concierto. Cada uno de los movimientos que, desde esa lava de pasión verbal que ya conocemos quienes te leíamos reflejado en nuestras palabras, esperaremos con auténtica emoción. Habría dicho con interés, con atención, incluso con detalle, pero si fuera tan racional traicionaría la belleza de Pessoa y la arrebatada sencillez de la poesía que abre tu blog. Unos versos que riman con Mozart, con lava, con ígnea necesidad de dejar que la vida nazca ante los demás desde la mirada de tus palabras.
El resto vendrá solo... La evolución -Darwin dixit- es siempre así.

Elorri dijo...

Me alegra este Génesis. Te leeré con atención, Vulcano.

Gracias por tus comments en mi blog, en el cuál ya estás enlazado.

¡Buena sinfonía!

Vulcano Lover dijo...

Gracias por ser los primeros. El atardecer de mi casa nos serena a todos, a pesar de festejarlo yo con (de nuevo, lo tengo que decir) la soberbia versión de la Sinfonía Praga de Mozart, con un joven Karajan que aún no había perdido la lava de juventud (que luego vendería a cambio de la germánica precisión y la perfección acústica) para susurrarnos esta marvillosa página sinfónica (jamás nadie volvió a hacer de una sinfonía, el eco de una Ópera, como Mozart en esta partitura pasional, elegante, vital con ansiedad aunque con ese fondo de suave melancolía).

De Laclos: gracias (personalizadas). Sabes de buena voz que te aprecio, a pesar de no conocerte. Y siento por ti esa curiosidad malsana de la secreta pasión. Cuídate, mon cher Valmont.

Neverland: gracias por de nuevo desafiar mi capacidad de hacer nacer la pasión, por ser también capaz de llegarme a esos lugares donde casi no llega nadie, con tan sólo unas líneas, que, sin querer, has hecho caer afiladamente en el oscuro objeto del deseo. Sí, seguiré, porque para mí esto es un pulso a mí mismo por demostrar que el volcán perpetuo sí que puede existir, ¿recuerdas nuestro primer desencuentro?. Con intermitencias, pero con invisible ardor. ¿Para cuando esa sesión de cine?

Elorri dijo...

De nada, Vulcano.

Ya que tú me lanzas mil y una advertencias :-) deja que te haga yo una: no luches por demostrarte nada, es inútil. Vive, a tope, cuantas erupciones tengas...

Vulcano Lover dijo...

Gracias, Valmont. Eso ya lo hago (lo dudabas?), pero me refería a las erupciones de la palabra, que me agitan tanto como las vividas, y que creo que me van a despertar muchas zonas en sombra. Será una disciplina para la pasión, por sin sentido que parezca, si vous voulez...
Por cierto, me alegra mucho escucharte en mi casa, en mi volcán (como en el tuyo no es posible...)

camaleon dijo...

Muy bienvenodo a los blogs..! como siempre pasión e inteligencia!
besos
León

Vulcano Lover dijo...

Hay algo más, León, algo más que eso. Pero algún día, lo descubrirás.