12 de agosto de 2007

Piedras Naranjas


Habla la Consoli en esta canción compuesta por Goran Bregovic de lo difícil de la inclinada cuesta del abandono. De cómo la vida nos entrega riquezas y miserias y ambas son indisolubles, del olvido como remedio a la impotencia... Palabras en las que no termino de creer. Porque en el fondo nunca se olvida lo que te construye, lo que te cambió o quien te hizo tocar la eternidad.
Y aunque ella diga que un viento cálido anuncia siempre el despertar de tiempos mejores, a mí el viento cálido me devuelve también siempre a un recuerdo cada vez más sano y del que soy consciente de que no deseo borrar porque, a su manera, también me hace bien.

El Mediterráneo, de alguna forma, es un poco el abandono. El abandono del vestigio que nos une a lo que somos. Porque en el Mediterráneo están gran parte de nuestras raíces culturales e intelectuales. Por eso me gusta acercarme en verano a esos sitios en los que lo que queda de ese pasado parece querernos hablar. Para imaginar entre piedras caídas una existencia que quizá olvidé, pero que siento que me habla cuando en silencio las toco y las escucho. Ahí está Ovidio en cada esquina, imaginando lo que sigue repitiéndose una y otra vez transformado y metamorfoseado desde entonces: personajes, dramas, dilemas, tentaciones, traiciones... Y sólo tocando las piedras, mirándolas, en ese inevitable y aristotélico acto, consigo alcanzar ese íntimo placer de entender la intensidad de la vida.
Por eso, este verano, más allá de visitar de nuevo mi adorada Italia, de hablar su lengua y mezclarme con sus gentes, más allá de contemplar la maravilla del Barroco Siciliano o de su abrupta costa noroccidental o de subir a sus escarpadas y pintorescas villas, necesitaba llegar a sus piedras. A todas esas piedras de los pueblos antiguos del mediterráneo que la poseyeron, que hicieron de ella su hogar y el reino de sus deseos, y que también a muerte la defendieron, entre tierras de profundo amarillo y verdes desiguales, intensos de las viñas y pálidos de los sabios olivos ancianos. Entre ellos, sin duda, destacan los griegos, que desde que en el año 734 antes de cristo establecieran allí su primera colonia en lo que hoy es Giardino Naxos, convirtieron esta isla paradisíaca del Mediterráneo en su sueño dorado. La Magna Grecia llegaron a nombrarla.
Y la isla, que ha visto pasar pueblos e identidades durante siglos y siglos como en pocos lugares del mundo, no ha dejado de olvidar aquellos bellos helenos que levantaron templos y palabras, sueños y belleza. Aquellos que sin embargo debieron olvidar allí la blancura impoluta de la piedra del Egeo, y entregarse a ese naranja, bellísimo también, de la tierra siciliana. Un naranja que sobrecoge al atardecer, que te llena de su esencia y te acompaña para siempre. Sicilia ha cuidado tanto estas piedras que quizá sea aquí donde podemos encontrar los más completos y cuidados restos arqueológicos del mundo griego... qué curioso.

He recorrido la mayoría de ellas este verano. Casi todas me han gustado, por su poder de evocación, por su belleza, afilada y abundante a pesar del calor que siempre cayó a plomo sobre nosotros. Sin embargo, sólo las ruinas de Segesta consiguieron conmoverme.

Quizá por esa sensación aguda de abandono que que se transforma en eco. Porque está ubicada lejos de la civilización e incluso ni en verano está abarrotada de turistas. Porque en ella hay silencio. Porque su templo está inacabado y nunca se llegó a terminar, como asumiendo la belleza de la imperfección, como susurrando que la belleza absoluta duele bajo la piel. Porque su teatro tiene una de las ubicaciones más melancólicas que jamás he visto, mirando hacia colinas de verde y amarillo, como sobrevolando el mundo.


Me senté a admirar el templo desde su parte trasera, la que da sobre un elevado precipicio desde el que Agathocles, una vez los Cartagineses hubieron conquistado la ciudad tras casi cien años de intentarlo, arrojó a unos 8.000 habitantes de la misma en el curso de tres días. Una colonia de grajos parece querer, aún hoy en día, recordar aquella tragedia. La destrucción y la crueldad, como siempre, han sido indisolubles a la civilización y a la belleza en la antigüedad. Ahora, desde que en el siglo XIII los árabes decidieran abandonar la ciudad, sólo queda eso, abandono.



A pesar de todo, una extraña paz se respiraba allí. No sé... me quedé muchos minutos. Las voces de aquellos ya no se escuchaban. De repente, comencé a escuchar aquella otra, que me hablaba de distancia y deseo, de isla y de intensidad. Y aquel sol de la tarde que descendía, y me llenaba de luz anaranjada, y de palabras que siguen flotando siempre en el aire del atardecer. Y recordé el invierno y el olvido, y el silencio que guarda palabras secretas. Y entonces todo comenzó a precipitar sobre el Mediterráneo.
Desde Madrid, miro cada tarde a la ventana, esperando que lleguen las piedras. Deben haber equivocado ruta. Sin duda vuelan hacia su casa en el oriente.

"Ma un vento caldo annuncerà il risveglio di tempi migliori
Ma un vento caldo plasmerà il rigori di spietati inverni..."

16 comentarios:

Fenjx dijo...

no puedo decirte nada
sólo dejar una piedra
como los judíos en la tumba de sindler
a los pies de este post
que me ha ido hinchando emociones por dentro como levadura
tus palabras me recuerdan siempre
vidas olvidadas a veces por el coma de esta vida que se empeña en lapidarlas
hay otras
y yo tengo una
aunque no pueda usarla tanto como quisiera
caen gota a gota
son un gotero que mantiene con vida
palabras que están esperando su momento
el día que salgan todas
espero que puedan encontrar el camino
para agradecértelo

David dijo...

Qué envidia de viaje, recuerda que tenemos pendiente una sesión de fotos... Mira que te gusta posar jeje

un-angel dijo...

Los amantes de las piedras... en ciertos momentos he sentido que las piedras que nos rodeaban tenían más interes que yo mismo... y joder, aunque pueda ser verdad, tampoco hacía falta que me lo recordasen tan manifiestamente...
Un abrazo.

Senses & Nonsenses dijo...

jo, acabo de empezar a leerte, y antes de empezar ya me has matado.

...Porque en el fondo nunca se olvida lo que te construye, lo que te cambió o quien te hizo tocar la eternidad...

jo, cómo se puede decir tanto tan bonito y qué parezca tan sencillo...
tenía que decirlo, te sigo leyendo...

Senses & Nonsenses dijo...

una crónica preciosa...
y seguro que un viaje maravilloso.
me encanta el teatro en ese marco incomparable, la foto es estupenda con esas nubes que se van a poner sobre el teatro, la has hecho tú?, es muy buena.
subrayaría más frases, son geniales, pero no quiero ser pesado, me las voy a guardar para mí.

un abrazo.

Fran dijo...

Yo también tuve ocasión de conocer esas tierras, y entiendo y comparto contigo todas esas sensaciones tan especiales. El sentimiento va mucho más allá de la "visita turística", ¿verdad? Fíjate, en lugar de arrojar la moneda a la Fontana de Trevi y de sacar fotografías de las arquitecturas monumentales (básico y fundamental para la mayoría), yo me dediqué a disfrutar de aquella experiencia acariciando cada piedra como si se tratara de pura seda.

Habrías sido un compañero de viaje perfecto para mí. Bueno, espero que cuentes conmigo la próxima vez.

Un saludo.

Mart-ini dijo...

Tengo tantos destinos a los que ir y tan poco dinero (y tiempo)...

La verdad que, entre tanta historia, a mi se me pondría la carne de gallina, me volvería loco pensando en el "qué pasaría"...

De todas maneras, el monumento de la camiseta negra no tiene mucho que envidiarle al resto ;)

Un beso, con tu permiso!!

salva dijo...

Ains niño ¡qué descripción tan introspectiva de tu viaje! me ha encantado y la necesidad de tocar las piedras que describes, de descubrir a través del tacto su historia, como si te hablaran me ha recordado a una sensación que me invade cuando un sitio me transmite mucho y es que no puedo evitar coger un pedazo de esa tierra y olerla, para decirle a ese lugar que tanto me ha marcado que aunque no físicamente algo de mí le pertenece.
No sé es una manía que tengo.

Me ha gustado tu descripción del silencio, de como puede engrandecer su sola presencia invisible un lugar, dotándolo de diferentes matizes y transmitiendo diferentes sensaciones.

Joder! me quedo sin palabras como siempre xdd.

angkor dijo...

No todas las piedras, ni las palabras, son visibles en su recorrido. Lo recorren, aunque necesiten no dejarse ver. Sobre todo, las naranjas.

QuijoteExiliado dijo...

Joer, q chulo.
Yo quiero vacaciones ya!!!

Besos afantados!

PD: Menos mal q mañana me voy ya unos días

Javier Herce dijo...

Guau! Has estado en lugares maravillosos!!!!

Vulcano Lover dijo...

Fenjx.
piedras como palabras, vigilándonos, cuidándonos, susurrándonos... No hace falta que me agradezcas nada, con tu presencia es suficiente, con tu cercanía.
Besos, amiguito.

David.
Aunque no te lo creas, en ninguna de esas tres fotos fui consciente de que me estaban disparando con la cámara... Tú me conoces, sabes que no tengo esa pinta de estirao... pero las fotos me venían bien para lo que quería expresar... Sí, la sesión de fotos está pendiente... Cuándo vuelves??? Te voy a echar de menos.
besos.

Un-Ángel
Bueno, bueno, bueno... las piedras tienen interés sólo desde el momento es que están tocadas de nuestra esencia, del eco de nuestras palabras, de nuestro tacto... Entonces sí, se hacen eternas y especiales...
Besos

Senses.
Es que a mí me cuesta mucho olvidar a quienes pasaron por mí dejando huella... No creo en el olvido forzado... en realidad no existe, sinceramente.
No, la foto no es mía, es de internet... Pero el lugar es realmente así... Es que las mías no salen bien, porque el sol pillaba mal en ese momento, y además el teatro estaba un poco transformado para hacer representaciones en vivo...
Guárdate las frases que quieras, claro... seguro que adivinaría cuáles...
Un beso, guapo.

fran
Bienvenido a mi blog. Te conozco de blogs amigos, y te he leído alguna vez. Totalmente de acuerdo... es otra forma de viajar, no como forma de ver o de "haber estado" en un sitio, sino de dejarte llenar por el, de escucharlo y de sentirte como parte del lugar... Sí, seguro que éramos bueno compañeros de viaje... quién sabe, podíamos intentarlo :-P
Un beso, y gracias por la visita

Mart-ini
qué cosas me dices... que me sonrojo, hombre... no salgo mal en las fotos, pero salgo serio... es que estaba un poco en mi mundo... A ver si pronto consigues reponerte y hacer algún viajito...
Un beso grandote, guapo... y ánimo con todo.

Salva...
cuando vengas a madrid en diciembre te llevo al retiro y olemos juntos la tierra... a ver qué nos cuenta. A nosotros, con el cuento que tenemos, seguro que miles de historias.
Besos, hermoso.

Angkor
Lo sé, lo sé... Pasan invisibles de vez en cuando por aquí, silvándome los oídos... pero nadie lo sabe, ni siquiera tú... o sí?

Quijote...
Disfruta, guapísimo... te las mereces, que llevas ahí todo el verano con el calor que hace, currando y entreteniéndonos a todos... Un beso, avisa a la vuelta. El mes que viene bajo a Sevilla, a ver si nos vemos.

Javi
Sí, tú lo has dicho, maravillosos, no hay otra palabra que los defina mejor ni de forma más escueta... Maravillosos... A ver si escribo más cosas del viaje, para que veáis un poco y os animéis a ir.
Besos.

José L. Serrano dijo...

Segesta, Selinunte, Agrigento, Taormina, Siracusa, Noto, Cefalú...

tantos nombres, tantos recuerdos, tanta belleza, tan buena comida (sueño con volverme a comer un canolli)

bonitas fotos y precioso texto

José L. Serrano dijo...

gracias a ti por tu visita y por el amor de Dios, dime donde puedo comerme un canolli en Madrid

José L. Serrano dijo...

propuesta aceptada, no creas que se me va a olvidar

luigi dijo...

Sabia que te iba a gustar. La gente es más de Agrigento, pero esa estación de tren perdida en mitad del campo, esos templos rodeados de sembrados... Con ese cutre bus que sube... Sicilia es... Que te voy a decir a ti...