23 de abril de 2006

Liber, Libri

Hoy es 23 de Abril, y además de ser San Jorge (Jordi para los catalanófilos), es el DIA DEL LIBRO. Recuerdo muchos 23 de abril recorriendo el centro de Madrid con una brisa primaveral y un sol casi apuntando al verano, que se derramaba por la Gran Vía madrileña, llenándolo todo de vida. Y hoy, porque en esta época del año la inestabilidad es lo que la naturaleza tiene, nos han tocado espesuras grises en el cielo, brisas que poco tienen de templadas y algún que otro rayo de sol. Aún pensando qué libro me voy a comprar esta tarde, intento recopilar una listita de 5 libros de adolescencia, tal y como cierto blog-habitante me ha retado por ahí. Y es que la iniciación a la lectura es algo demasiado importante para olvidar. Malas iniciaciones supongo que han hecho abandonar el placer de la lectura y la entrada posterior en la literatura para adultos a muchas y a muchos.
Yo, con esto de tener una madre enseñante, además de liberal y libre pensante la verdad que tuve mucha suerte, ya que siempre fue una excelente guía de referencia que nunca me censuró nada y sí me recomendaba, con una vehemencia que creo haber heredado.
En fin, voy a hacer un pequeño elenco de lecturas juveniles que me ayudaron a amar la lectura y a que se convirtiera en lo que es, una de las miradas a través de las cuales siento la vida, además de compañera inseparable que me acompaña casi a dondequiera que voy. Sí, a veces ha salido por la noche con un libro en el bolsillo, por si me aburría, que todo puede pasar en el noche.

MAFALDA, de Quino.
Sí, como muchos, imagino, empecé a aficionarme a la lectura a través de los comics, de los tebeos, como decíamos entonces. Y de Mortadelo y Zipi y Zape, yo pasé rápido a las lecturas de mis primos mayores, cuando veía con recelo lo mucho que se reían con las ocurrencias de los personajes de Quino. Yo, empecé a leerlos, y llegué a reunir la colección completa, que iba comprando los veranos en aquel mercadillo de libros, en la playa... Al inicio, con 12 años, la verdad, la mitad del humor del argentino, pasaba por mí sin mucha gracia. Pero con los años llegó a ser para mí referente de casi todo tipo de situaciones en las que yo, parafraseaba, incluso interpretaba, las palabras de esta niñita repelente y filósofa, destructora de la racionalidad occidental.

CUANDO HITLER ROBÓ EL CONEJO ROSA, de Judith Kerr.
Un libro quizá algo irrelevante y seguramente tampoco con nada por lo que recomendar. Sólo que a mí, ese libro me tocó especialmente, porque fue el primero en el que me identifiqué de forma intensa con el protagonista, en este caso una niñita judía alemana que huye con su familia de la Alemania nazi, dejando en su casa olvidado su conejito rosa de peluche (de ahí el título) y que terminan en la Suiza francófona. Recuerdo especialmente la experiencia de ella en su adaptación cultural y lingüística, del alemán al francés... ¡Quién me iba a mí a decir que yo debería vivir un par de ellas también en el futuro! Es extraño, pero creo que aquel relato me despertó una fuerte curiosidad por esos procesos, que aún me dura hoy.

EL MUNDO PERDIDO, de Arthur Conan Doyle.
Esta novelita de Dinosaurios, para mí representa todo el género de aventuras que tanto disfruté en la adolescencia. Verne, Dumas, etc.. Pero aquella aventura del genial del profesor Challenger en la tierra de Maple White me mantuvo literalmente pegado a las páginas. Las sensaciones y lo mucho que inspiró mi imaginación aquella novela son realmente inolvidables. Años después, recuerdo que en mi colegio gané un premio de redacción (creo que lo único que he ganado jamás por escribir algo, jeje) y el regalo fue precisamente esa novela... Quizá no contaban con que un niño de esa edad (11 ó 12 años debía tener yo) tuviera un biblioteca tan completa... Además, era la misma edición. La de Anaya que tantos otros títulos acumulé...

EL MISTERIO DEL CUARTO AMARILLO, de Gaston Leroux.
También de esa edición juvenil de Anaya. Un libro que representa otro gran género de la literatura de la que disfruté mucho en la adolescencia, el de las novelas de misterio. Pronto agoté a Agata Christie, más que nada porque me había leído ya todas sus novelas, y porque, francamente, como escritora, se agota rápido. Pero sirve de iniciación para entrar en otros autores y en otras novelas. Ésta es una de las que más me apasionó, porque aquel misterio irresoluble del asesinato en un cuarto cerrado a cal y a canto la verdad que me trajo absorbido e aquel verano lejano en el que lo leí. Y es que recuerdo en mi adolescencia sobre todo esa sensación de estar absorbido con la lectura, que me trae a novelas como ésta. El fantasma de la Ópera, del mismo autor, también ejerció ese influjo sobre mí (algunos estarán pensando que cómo no ha sido éste el que he puesto, pero la verdad que lo leí años después y ya no era lo mismo...)

EL TALENTO DE MR RIPLEY, de Patricia Highsmith.
Éste, lo sé, no es un libro para adolescentes, pero yo es que yo a mis 15 años, ya había superado a la Christie, y la verdad, necesitaba más “carnaza”. Y eso me lo dio Patricia, con esta novela que yo la leí en una traducción que la titulaba A Pleno Sol, como la película (la antigua, con Alain Delon en el papel del obtuso Ripley). En fin, el misterio aquí estaba garantizado también, pero de repente reconocí ese salto literario a la profundización psicológica de los personajes, a esa ambigüedad sexual que recorre muchas páginas y que en algunos pasajes llegaba al límite de la provocación sexual en mi mente. Sí, la verdad que disfruté mucho con esa novela. Descubrí ese placer de estar leyendo algo que muchos reprobarían, y que estimulaba mi mente de maneras que esos mismos considerarían pecaminosa, pero que yo llegaba a dudar en ocasiones que en ellos operara de la misma manera. Y todo así, sentado en un sillón, en la más inocente tranquilidad de una tarde de verano. A mí esa novela me aportó esa sensación física de constatar los mundos tan reales que puede esconder una novela y el desafío que puede suponernos a nuestra capacidad de imaginar... Ni que decir tiene que aquel decorado de glamour de la Riviera Italiana, me seducía tanto como después lo haría en la película o en otras (sí, alguno sabe bien que se trata de ésa de Hitchcock, aunque en la riviera francesa).

2 comentarios:

inquilino dijo...

Vaya, qué curioso. Yo también salía siempre con un libro. ¡¡La de borracheras que he pasado leyendo de vuelta a casa en el búho de las cinco!!
Perdí esa costumbre al emanciparme porque ahora siempre vuelvo acompañada.

Por cierto, estupendo que hayas incluido a Mafalda, porque... (bueno, es un secreto que a lo mejor te cuento un día de estos) ;-)

Vulcano Lover dijo...

Sí, yo también vuelvo acompañado ahora y el libro lo uso menos en mis salidas... Pero la verdad que casi siempre continúo llevándolo, me resisto a abandonar a tan especial compañero de viaje... Ya te comentaré el que acabo de empezar, creo que es de los recomendables...