29 de agosto de 2006

Las dos caras de la moneda

Suena el telefonillo. Descuelgo con la certeza de que es él. Siempre fue puntual, y son ya las diez en punto. "Sí, soy yo, sube" he dicho, intentando sacar de mí un tono de indiferencia que me cuesta fingir.
Vuelvo al lavabo, a mirarme al espejo, toco con los dedos mis cabellos, como queriendo colocarlos aún mejor de lo que lo he hecho ya varias veces en la última hora. Miro mi camiseta, la misma que llevaba puesta la última vez, aquella última vez. He pasado media tarde del armario al espejo, del espejo al salón, del salón a la ventana, de la ventana al armario... Mis pasos van tan deprisa como mis pensamientos. No sé muy bien por que le dije que volviéramos a vernos. Pensé que era para siempre, que a pesar de todo no era aquella la vida que yo quería. "No", me digo, mejor me pongo otra camiseta, y corro de nuevo al armario a buscar una de las que suelo llevar en casa, una más discreta, que no me favorece demasiado. No quiero que piense nada raro. Mientras el algodón se desliza por mi piel reconozco todas las veces que le he echado de menos estos meses. A pesar de todo, a pesar de Luis, a pesar de mi felicidad, esas noches de lluvia, siempre ha vuelto a mi memoria. Tampoco he pasado ningún día sin poder evitar comprobar si está esperando su autobús bajo la marquesina. Lo hago cada vez que paso delente de esa parada de autobús con mi coche. A veces, incluso me desvío de mi itinerario para poder hacerlo.
Escucho sus pasos subir la escalera, despacio, como si en realidad estuviese pensando en volver atrás. No sé por qué me aseguré que Luis no estuviera en casa. La excusa del encuentro no exigía una cita a solas. Pero lo he hecho así. Sé que no debo acercarme demasiado, sé que no debo preguntarle si aún siente algo, sé que no debo, sé que no debo..." No, no quiero que me vea así, quiero que me vea con la camiseta naranja, como la última vez", decido de repente, y dirijo mis pasos a la habitación, donde aún descansa sobre la cama. Mientras la recojo, un escalofrío me recorre. Escucho sus pasos en el tramo final de la escalera. Exactamente igual que la última vez. Silencio. El corazón late, casi se sale del pecho. Por fin suena el timbre, y mis pupilas se ensanchan, como si por ellas saliese la sangre que mi corazón bombea con furia. En el último instante, decido cambiar de nuevo la camiseta. Y abro la puerta, inentando mostrar indiferencia, mientras aprieto con fuerza los puños.

No resisto verle tan guapo, corro a abrazarlo para que no vea la expresión de mi cara... Sé que aún sería capaz de reconocerla. Me detengo en el abrazo, le estrecho y tímidamente respiro de nuevo en su nuca. Las yemas de mis dedos crujen sobre su piel. Mi aliento se desploma, y mis labios se escapan para darle un beso pequeño, en la mejilla. El deseo me golpea y muerdo mis labios para no huir en los suyos. "Pasa, pasa..." Intento sonreír, intento parecer feliz. La melancolía y el deseo se quedan detrás de la piel, como amordazados. "La casa no la vas a conocer ya. Luis y yo hemos hecho muchos cambios" le digo, con tono seguro. Sí, la seguridad se crece, va apaciguando la sangre. La felicidad va instalándose, poco a poco, escueta y perfecta, sobre mi boca. . Sin embargo, detrás de ella, mi corazón se está rompiendo a cada segundo, a cada segundo, a cada segundo...

12 comentarios:

NaT dijo...

No he podido hacer dos caras, sólo una...
Un beso volcánico

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Me había pedido la casa para él durante unas horas. Llevábamos tiempo juntos y habíamos hecho de nuestro tiempo horas felices. Yo siempre había sabido de su pasado, de sus otras vidas, de sus otros amores y de que el miedo a veces le había hecho perder oportunidades.
Me lo dijo calmadamente; que lo había invitado a casa y no pude negarme, al fin y al cabo aquel había sido su hogar antes de que su convivencia se deshiciera en mil pedazos y no pudieran reconstruirlo y yo apareciera en su vida para recomponer a mi modo los trozos de la desdicha. La noche anterior había estado nervioso. Lo sentía dando vueltas en la cama. Se levantaba, miraba por la ventana hacia un lejano horizonte, perdía su mirada en unas estrellas que yo no veía y le oía suspirar a cada momento.
Se levantó pronto a pesar del insomnio que había sufrido y yo con él, para ayudarle a recoger la casa y que todo tuviera un aspecto de lo más acogedor. Ahora era nuestra casa y los detalles que poblaban paredes y estanterías así lo atestiguaban. No quería que lo olvidara, ni que su antiguo amante negara la evidencia de que él ahora tenía otra vida. Nuestra vida. El único testigo que quedaba de su relación y que yo no me había atrevido nunca a quitar era una foto de ellos dos sonrientes y morenos en una playa gaditana, con las toallas enroscadas en la cintura y las gotas saladas aún en sus cuerpos.
Me vestí, lo besé en los labios, con un beso tierno y cómplice y abandoné la casa. Sabía que estaba, quizá, comprometiendo nuestra felicidad al dejarle a él volver. Pero sabía que era una prueba que teníamos que pasar. Qué en algún momento tenía que ocurrir. Durante unos segundos me quedé tentado de no abandonar el rellano, de encontrarme con el otro, que supiera que yo era ahora el que estaba allí y que no dejaría que volviera a ocupar su sitio de antaño. Pero sentí miedo de que esos celos que iban creciendo, aunque no quisiera, se volvieran contra mi. Subí a la terraza y me tumbé en el suelo. Le oía ir de un lado a otro por la casa. Sí, estaba nervioso y yo no podía seguir ahí arriba espiándole. Resolví irme a dar una vuelta larga por la ciudad. Empecé a bajar las escaleras, en silencio, cuando oí pasos tranquilos que subían. Casi corriendo volví mis pasos hacia la terraza, pero me paré, desde allí podía ver mi puerta, nuestras puerta, su puerta. Al llegar arriba pareció indeciso, como si hubiera olvidado, como si hubiera puesto una barrera a los sentimientos del pasado. Luego oí el timbre. Sentí sus pasos en el corredor y apareció en el dintel de la puerta con aquella camiseta verde que compramos los dos en la Costa Brava. El tiempo pareció detenerse y yo mientras los veía mirarse a los ojos, me estaba ahogando. No podía negarlo, aún quedaba una llama entre ellos. Algo muy fuerte que ni siquiera él y yo habíamos tenido en todo el tiempo que llevábamos juntos. Fue un fogonazo ver la realidad. Cuando sus labios se posaron delicadamente en su mejilla, el universo se desplomó desde la terraza arrastrándome hasta un abismo que creía nunca alcanzaría. La puerta se cerró y sali precipitadamente a la calle. No he mirado hacia arriba, porque sé que la ventana de la alcoba se habrá cerrado. Ahora sólo busco mi propio horizonte, mientras mi corazón va dejando poco a poco de bombear la sangre.

Vulcano Lover dijo...

Gracias por hacer de la moneda algo de tres dimensiones con tanta intensidad... Pobre Luis!
Me veo que voy a tenerte que mandar alguna cancioncilla más para que nos animemos todos un poco, jejeje... Vaya personales llenos de deudas y de contradicciones que estamos sacando a la luz, eh!!!!
En fin, muchos besos repletitos de lava y abrazos grumspa grumspa...

*Lady Laura* dijo...

Ufff, vaya dos caras, me ha encantado, de verdad.

EFESOR dijo...

después de pasar por uno y otro lado, de haberme perdido más que recuperado, me pregunto que si en el corazón se encuentran la misma justa medida de amor y justicia, de lealtad y fidelidad a los sentimientos...

Vulcano Lover dijo...

Yo, querido Efesor, he partido de un reto de Mart-ini para escribir la historia. El propuso el tema, y yo, he escrito en la medida de lo posible con espontaneidad e intensidad, como siempre intento. Supongo que nadie se libra de estar lleno de dudas y de incoherencias, de debilidades y caídas al precipicio. También estamos llenos de grandezas... no???
Y no te pierdas, hombre, me dices y yo te lo explico ;-))

Gracias por la visita y besos.

Vulcano Lover dijo...

Lady Laura, gracias también por la visita, aunque haya sido direccionada, je je je je. Y un besote.

inquilino dijo...

La de rodeos que habremos dado en nuestra vida para hacernos los encontradizos!! Qué placer lograr ese encuentro simuladamente casual!! Y cuántas frustraciones cuando se vuelve a casa sin obtener premio!

Vulcano Lover dijo...

Ayssss, inquilino, la vida, cómo es... Dulce y amarga ala vez, como el Martini, como el Campari o el Apperol...

Besos volcánicos.

Enis del mar dijo...

Pues ami lo que mas me ha gustado es la visión de Nat. ¿Porque será?

Lilith dijo...

Y en las dos caras la misma intensidad de emociones y sentimientos...ainssssss...suspiró...me ha encantado,besitosssss

luigi dijo...

Al leer lo de Nat, se me han puesto los ojos brillantes. Son tantas las historias que nos preceden... pero la vida esta llena de riesgos que parece, hay que correr, asi que a seguir jugando...

Caronte dijo...

Ya lo dijo Oscar Wilde: "en la vida hay dos tipos de tragedia: una e sno tener lo que se ama; la otra es tenerlo"