8 de marzo de 2007

El frágil sueño de la Libertad (2)

Muchas gracias a todos. El tema de las misiones pedagógicas es un tema que siempre me ha emocionado, desde que lo conocí... Ya había visto yo alguna información de la misma en otras exposiciones (La preciosa que la residencia de estudiantes dedicó hace 4 o 5 años a Luis Cernuda, o aquella otra que la Biblioteca Nacional dedicó al proyecto republicano de las bibliotecas itinerantes). Pero conocerlo desde este punto de vista tan directo de los que lo llevaron a cabo me ha llegado al corazón.
Una buena amiga ha trabajado de documentalista en ella, y me ha prometido ya un café para contarme anécdotas (tengo también mucho interés en conocer la procedencia de muchos documentos y cómo han resistido el paso de la dictadura... )
Lo que más me queda de esto es la labor desinteresada de estas personas en un proyecto laico y sin vinculación ideológica, que en su día todos criticaron por uno y otro bando, pero que dejó una honda huella en todos a los que benefició. Como me dice mi amiga, era una forma de que el mundo desarrollado de la ciudad devolviese al mundo rural lo que (en realidad) le debía...

Gente como Luis Cernuda, todo un señorito andaluz, que se montaron en un burro y se dedicaron a visitar durante semanas lugares tan atrasados como nos los puedan parecer hoy en día muchos del tercer mundo, y dedicarse a alimentar y hacer crecer las almas de esa gente hundida en la pobreza y el retraso. Hay una foto muy bonita de él con un niño en brazos, que recuerdo vivamente.

Son tantas y tantas las que se me quedaron grabadas en la retina, como esa que iniciaba la entrada anterior, con esos niños descubriendo el placer de la lectura... Había testimonios de diarios de maestros realmente conmovedores, o cartas escritas desde estos pueblos (supongo que al amparo de los maestros locales) que pedían dotación para completar sus bibliotecas (una en especial de un grupo de niños de Asturias que querían completar su colección de novelas de Emilio Salgari...) Ya digo, tantos y tantos testimonios... Luego los del final, las maestras recordando cómo debieron negar que lo eran ante la autoridad, y cómo, por confesarlo, muchos fueron encarcelados... Realmente, la represión del saber es una de las más crueles y mezquinas que puedo imaginar... siempre me ha despertado una profunda tristeza la gente que murió, no ya por defender sus ideas, sino por defender que todos tuviesen derecho y capacidad para defender las suyas...

Como dice Antinoo, ¿qué nos queda ahora, en la sociedad del acceso a la información sin límites, del acceso más o menos democrático a la cultura, a la casi completa mercantilización de la misma...? ¿Qué nos queda, qué valor, qué papel tiene hoy en día la cultura?

Yo creo que la cultura, como decía él, se ha convertido en un bien de consumo, y está pasando por una etapa de banalización, en la que lo que es de acceso universal es sólo la capacidad de , ya sea, llegar a, conocer, o adquirir los "productos" que la cultura genera.

Y yo pienso, sin embargo, que la verdadera cultura, más que un acceso a una serie de cosas, consiste en un aprendizaje, y requiere (más que de su asimilación), de un esfuerzo para que lo que nos llega nos aporte y nos haga crecer a nivel intelectual y humano.
En el fondo, la cultura es un desafío a la capacidad de la persona, y obliga a una búsqueda personal, al ejercicio de la duda y al compromiso de la crítica.
A pesar de que a través de la red tantas cosas sean accesibles desde cualquier lugar y por cualquier persona, no sé si, en el fondo, eso implica que el aprovechamiento de la cultura haya tenido lugar. La cultura necesita de una actitud, y ésa sí debe ser enseñada... Me pregunto si los sistemas educacionales enseñan a tomar la cultura de esa forma. Siempre he sido partidario del sistema de educación francés, porque es profundamente incisivo en la formación en humanidades, que no deja de ser la herramienta para conseguir todo eso que digo... Pero ¿¿¿qué se hace aquí??? ¿¿¿Por qué nos empeñamos en que la educación sea cada vez más una formación casi profesional y profundamente específica??? ¿¿¿Dónde quedó la importancia del espíritu Renacentista del hombre global, de la cosmovisión del mundo?? ¿Cómo vamos a ser capaces de tomar distancia de la vida sí cada vez somos más escecíficos?

Bufff, muchas preguntas, seguramente con poca respuesta... Alguien se anima a opinar???

3 comentarios:

Uno dijo...

Pasaba por aqui y...

¡¡Hola!!

;-P

pe-jota dijo...

Me ha emocionado este post, creo que lo intuías, además considero que en estos momentos es más que oportuno, la educación y la cultura es un elemento que nos hace libres, nos hace mirar a nuestro alrededor con nuevos ojos, buscando respuestas e impulsándonos a cambiar las cosas, es un arma poderosa, motivo por el cual siempre los poderes establecidos que han ostentado el poder de forma omnímoda han intentado limitar su acceso. Adquirir conocimientos era el principio de la subversión y eso era inaceptable, ahora que parece que la humanística está en bajos momentos coincido plenamente contigo en reivindicar al hombre integral, el hombre renacentista como motor del mundo, conocer es buscar la verdad, no admitir planteamientos sin reflexión.

Hermosísimo post

Pedro dijo...

Todo o casi todo parece estar perdido. Lo único que podría salvarnos sería un enorme cataclismo que lo echase todo abajo y nos diese la oportunidad de empezar de nuevo... no? O quizá exagero?
Todo el sistema educativo de Occidente girando en torno a la Diosa Razón está podrido porque se olvida de que los seres humanos no somos sólo razón. En lo que se está convirtiendo la educación en España y sospecho que en toda Europa, no tiene nombre. Ciencia, progreso, ingenierías varias... Lo demás, qué importancia puede tener? Qué puede importar que sepamos de dónde venimos, por qué hablamos como hablamos o por qué consideramos bellas ciertas cosas? De qué sirve mantener viva nuestra memoria como raza y cultura?

Lo que digo, sólo podemos esperar que un cataclismo hunda todo este mundo nuestro en el que cada vez somos menos libres, en el que cada vez se nos enseña a ser menos libres y, lo que es peor, a que esto no nos importe más que tener algo de dinero para comprarnos algun trapillo en el H y M.

Un besote en el cogote.