30 de marzo de 2007

Silencio.

Lleva ya más de cien noches soñando que se despierta, y al despertar no hay nadie. Nadie recogido entre sus sábanas, nadie a sus pies, nadie para compartir su primer café. Y el sueño se repite siempre igual. Pero cada noche es más nítida la sensación de quietud en el aire. Más blanca la luz que penetra por la ventana, y más brillante aún su piel al contemplarse en el espejo. Más ácida la naranja del zumo y más amargo y oscuro el contenido de su taza blanca. Sale de casa y la ciudad parece amortiguada, sin el sonido habitual de coches, autobuses y zapatos sobre las aceras. Nada. Silencio y naturaleza adormecida, como detenida en el tiempo y en la existencia. Ni sus propios pasos escucha, se los traga la soledad que inunda todo. Pasos que buscan en el tiempo y en los espacios conocidos y desconocidos. Sin éxito alguno. Siempre termina cayendo la tarde, lenta y silenciosamente, trayendo consigo un frío intenso, que tampoco se puede escuchar.

Los primeros días sintió ganas de despertar, de salir de ese sueño estúpido, de desprenderse del miedo que lo acompañaba, agazapado en su espalda. Un miedo sin rostro al que tampoco puede oír, pero cuya presencia siente, intensa y arácnida, como la misma nada que invade su sueño recurrente, que lo fragmenta despacio, que lo detiene y lo anula.

Después, de alguna extraña manera, consiguió vencer esa ausencia que lo atrapaba en la inconsciencia áspera de las noches. Y hacerla discreta amiga, distante, aunque existente. Una columna de aire que se transforma en espejo. Espejo al que es difícil mirar, pero al que terminó por desafiar, discretamente, entre las hojas del temor. Se hizo, pues, habitar de espejos, y llegó a recorrer las tardes del sueño guiado por el vacío. Por fin, un día cualquiera, sintió que le gustaría habitar para siempre aquellas estrechas calles, aquel silencio ya conocido.

Pero aquel día, al despertar y alargar su brazo sobre su lecho, por primera vez, no sintió nada. Y al abrir los ojos, le cegó la claridad, pero tampoco pudo descubrirle. Ni su olor, ni el tacto suave de su cuello estaban ya. Su presencia diaria simplemente se había esfumando. Despertar del sueño se convirtió, de repente, en una vuelta a su particular reino de Morfeo.
Desde entonces, ya nunca más ha vuelto a saber qué sueña y qué vive, porque la frontera de la vigilia se ha deshecho para él, innecesaria, y ya nada tiene sentido. En realidad, con aquel primer sueño, había comenzado el inicio del final.

11 comentarios:

salva dijo...

A veces es mejor soñar, olvidar la realidad que te envuelve, la cuotidianiedad que te resulta insatisfactoria,que te ahoga, que te devora, pero no nos podemos perder en el sueño porque corremos el riesgo de no despertar, de huir de la realidad y crearnos la nuestra propia, en la que nos sintamos seguros, en nuestra burbuja.

Bueno de nuevo magistral el relato no sé que más decirte guapo.
gracias por compartirlo con nosotros.

NaT dijo...

Cuando me vas a dar un poco de tu inspiración??
Como me gusta, a ver si pasa ya la maldita primavera y se me ocurre algo, porque por ahora no hay manera. Sólo se me ocurre desportricar y lo malo es que luego viene la la temporada de la muerte... es, creo, cíclico... como el fin del principio.

Besazo!!!!!

Senses & Nonsenses dijo...

es peor que no sea un sueño, que sea la puta realidad...

y tú te vas de vacaciones?
espero haber llegado a tiempo para desearte un feliz descanso.

besos.

Carlitos Sublime dijo...

Es peor que triste: puede ser realista. Casi existencialista. Pero bueno, creo que todos hemos pasado alguna vez por esa situación añorante, ¿no crees?

Un besazo, amigo, y buen fin de semana.

Carlitos

Uno dijo...

;-P

Enis del mar dijo...

Por Diosssss, para un poquito con esos relatos.
Píntame unas flores de esas de Marisa Hyndel.
Deseando estoy que llegue mayo.

Mart-ini dijo...

Si no te vas a despertar... quizás sea mejor vivir en un sueño ¿no?

pe-jota dijo...

Lo malo de los sueños, cuando se convierten en presagios, presagios que devienen realidades, especie de pesadilla tangible. Tan bello como triste y tan real que asusta pensar que algún día pueda Morfeo gastarnos tan macabra broma.

David dijo...

¿Y quién quiere despertar?

un-angel dijo...

Tus palabras me dejan un poco de desasosiego, amigo mio, es hermoso pero tambien algo desolador...
Un abrazo fuerte.

anónima intermintente dijo...

ves? esta ya no está tan solo. Se ha enfrentado a su soledad, aunque sea en sueños, la ha incorporado a su realidad y está listo para seguir camino.