13 de marzo de 2007

Letargos.

¿Por qué a veces el alma se aparca en la acera... y se cubren de polvo sus bordes luminosos... y queda la mirada encarcelada de cadenas invisibles que no sabemos por qué existen, pero están ahí?

Son las siestas del alma, que necesita reinventarse en otro lugar al que no tenemos acceso racional. Sólo a veces, como una estrella fugaz que se cruza, vemos el otro lado, el de lo que no existe, pero que podría existir.
Y es que a veces es tan fácil sentir que todo es de cartón piedra, que es un simple juego de dados azaroso el que ha determinado todas y cada una de las máscaras que nos rodean y con las que nos cubrimos... Aparcados en la incomprensión, agazapados en el márgen, viviendo quizá en la calle del tránsito curvilíneo del conformismo. LLegando a nuestro sillón de orejas mágico cada día para rendirnos al suave letargo de la tarde, al espinoso espejo de la incertidumbre que nos acecha detrás, a la espesa frustración que nos acaricia los pies.
Cuando nos atrape y seamos incipiente presa, pinchará de nuevo nuestros dedos con su cristal frío, y despertará el Deseo, empujando la piel, quebrando la mirada. Y volveremos a vivir en los pliegues de la imperfección, creyéndonos, sin embargo, inmortales.

9 comentarios:

Senses & Nonsenses dijo...

oye, mandarte un beso muy fuerte, seguro que es el letargo invernal, yo ya siento el olor a tierra mojada y azahar. pronto re-nacerá el DESEO...
...Y volveremos a vivir en los pliegues de la imperfección, creyéndonos, sin embargo, inmortales...
eres muy grande, y no sólo de altura.
más besos.

ekiots dijo...

también existen los letargos forzosos... que te llevan a convertirte en un observador de tu mente... de tu vida y de todo lo que te rodea... sin duda tienen también su lado positivo... pero llega un momento de salir del letargo para volver a ser parte activa... sin duda como dice senses la primavera es un buen momento...
besos

Carlitos Sublime dijo...

Ufff... no me hables a mí de letargos. A veces, cuando me atrapan, tengo la sensación de que no hay salida, de que no hay más allá. Sin embargo... bueno, siempre renazco. No sé si es mérito propio o un condicionamiento ambiental, pero salgo adelante. Llámale fuerza, llámale verano, o primavera, o vacaciones. Pero están ahí, y nos dan ese empujoncito que tanta falta nos hace... a veces.

Un besote, y que el calorcito del mes de marzo derritan esos hielos que te aletargan, sean cuales sean. No es bueno vivir en letargo: nos perdemos cosas.

Lo dicho. Un beso.

Carlitos

salva dijo...

Niño, no sé me has recordado una etapa de mi vida, era la etapa de la marmota emocional, a grandes líneas, estaba enamorado de mi mejor amigo al que veía todos los días y cada vez estaba más enganchado, nadie sabía que me gustaba, ni él mismo, yo no quería aceptarlo, no quería reconocerlo ante los demás ni ante mí mismo.

Nadie sabía que era gay, me inventaba excusas para negarme, no lo podía aceptar, y en esos momentos de lucha interna conmigo mismo llegó el amor, avasallador, volcánico, sin avisar, sin llamar a la puerta y me hundió un poco más en la mierda, creando otra negación, otra más, la negación del amor, unida a la negación de uno mismo.

Demasiado para un niño de 20 años, en esa etapa fantaseaba con dormir, con estar en un permanente letargo y no despertarme, porque durmiendo no era consciente del dolor, a esa etapa la llamé la de la marmota emocional, con el tiempo lo superé, pero aún quedan secuelas que se presentan sin avisar, cuando veo sus ojos, cuando recuerdo su sonrisa.

Compenso ese letargo con momentos de locura, de hacer lo que siento sin pensar en las consecuencias, de olvidarle, olvidándome de los recuerdos.

Bueno no me rallo, que sigo tirando para adelante, y siguiendo con la reivindicación de NIÑO DUCHA, también te he puesto un niño para tí NIÑO ETNA xdddd, te enlazo después, siempre un placer leerte y descubrirte, a tí y a niño ducha que no os conocía!!!!.

Para despertar del letargo nada como un beso, en plan bella durmiente, pero con lengua, humedo y profundo (es que es primavera y me vuelvo loco, en celo!!!!!!!!).

Gracias guapo por emocionarme.

un-angel dijo...

Conozco esas siestas del alma, la mía a ratos se tumba bajo una farola en calles desiertas abandonadas bajo un sol despiadado y no se da cuenta de que se está consumiendo y resecando... por suerte, suele despertar...
Un abrazo amigo, y ánimo. Espero que los fantasmas del curro hayan tomado "las de villadiego", que se suele decir y estés bien, ¿vale?
Para lo que quieras, ya sabes donde ando...
Cuídate mucho.

luigi dijo...

Y es que a veces no basta con querer ser feliz para serlo, y no bastan los besos, ni los abrazos. A veces somos tan cripticos ante los demás y ante nosotros mismos como tu texto. Y no nos entiende nadie, y nos enfadamos con el mundo, y andamos como de cabeza, perdidos, sin rumbo, queriendo salir de un pozo frio del que no puede salir uno ni aunque los demás nos tiren cuerdas, ni aunque bajen por nosotros. Pero se sale, y el alma se levanta de la acera, se sacude el polvo de los bordes luminosos y sigue su camino...
Un beso para el alma, un beso para ti.

NaT dijo...

Que bonito lo de las fotos, hasta hoy no lo había visto, no me extraña que tras ese viaje estés ahora en un letargo del alma. Con esos colores, esa luz, esa belleza en cada rincón...

Esperemso que pase pronto esa siesta del corazón y podamos seguir dando pasitos por las callejuelas, esta vez de nuestra ciudad, que nos es más cercana.

Besos volcánicos

Anónimo dijo...

big vic:
Bueno, aunque me tienes olvidado, yo hago este esfuercito porq se que te hace feliz que este pendiente de tu blog.
Besos desde la zona oscura
Big vic

Mario dijo...

Conozco muy bien esa sensación de que el alma necesita una tregua con el mundo, para comprobar que todo es real a partir de la certeza de que uno es vulnerable. En esos momentos, recuerdo mucho lo que decía Atom Egoyan sobre el motivo principal de su película "El ajustador": algo así como que cuando el objeto de tu vida está perdido, una cierta tensión erótica te permite reecontrarte contigo mismo desnudo y sin los clichés que habitualmente usas para aferrarte a un mundo del que no quieres formar parte después de todo. Según Egoyan, reencontrar el centro de gravedad para un alma que se quiere echar a volar tiene que pasar con explorar su dimensión carnal, sobre todo... Cuando mi alma necesita tregua, a mi me pasa al contrario: yo no puedo aletargarme, necesito el frenesí del movimiento constante. Es una forma muy rara de expresar la necesidad de una tregua, pero el movimiento me hace acordarme de que todo aquello que se ha vuelto rutinario, no es un caparazón permanente del que no pueda deshacerme... Saludos